Breves respuestas… #4

Hoy en día la verdad es una proscrita y ha pasado de moda. El relativismo moral ha sido absorbido por las sociedades sin prestar atención a su pobre fundamento intelectual. Hoy es cuando únicamente en la historia (desde el famoso “yo solo sé que no sé nada” atribuido a Sócrates) declararse agnóstico se interpreta como parecer inteligente aunque se esté admitiendo ignorancia. La verdad es una especie en peligro de extinción y las consecuencias de su desaparición están siendo fatales para la humanidad. Tenemos que hacer algo al respecto.

I. Introducción
A. ¿Es necesaria la Apologética?
B. ¿Qué es “Breves respuestas a grandes preguntas”?
C. Los “testigos de Dios”
D. Los “testigos de Dios” ofuscados (Dios y las evidencias sustituidos)
E. ¿Qué es Apologética?

II. Apologética: ¿Por qué?
A. La necesidad de respuestas
B. Es parte del evangelismo
C. Apologética: ¿Para quién?

III. ¿Cómo llegamos aquí?
A. Introducción
B. Los “ismos” que nos han llevado al abismo
Humanismo, Racionalismo, Naturalismo, Agnosticismo, Relativismo, Posmodernismo

IV. La duda
A. Introducción
La duda bien bien intencionada puede ser positiva.
La duda bien mal intencionada puede ser mortal.
B. ¡El cristiano también duda!
C. Anatomía de la incredulidad
En el capítulo 7 del Evangelio según San Juan,

  1. Incrédulos por desidia o ignorancia.
  2. Ignorancia auto-impuesta
  3. Incrédulos por delegación.
  4. Incrédulos por decisión.

V. El problema de la Verdad
De la realidad a la relatividad
¿Cómo llegamos a esto? Como ya explicamos en el programa anterior, el concepto de una “verdad relativa” no es nuevo. Ya Protágoras, filósofo griego del siglo V a. C., había afirmado que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Pero fue con el Renacimiento y la Ilustración que comenzaron los pasos definitivos en dirección contraria al concepto de una verdad absoluta. Para esa época, Dios había dejado de ser el centro y la base de la sociedad. El re-descubrimiento de los clásicos griegos y el humanismo que resultó, llevaron al razonamiento humano a tomar el lugar de Dios como “medida de todas las cosas”.

Más tarde, con la Modernidad, llegó la exaltación de la razón, la ciencia y el progreso.

Posmodernidad
Pero este proceso no se detuvo ahí. Las últimas décadas escenificaron el desarrollo de un nuevo acercamiento que ya hemos mencionado, la Posmodernidad. Con este y con el relativismo con el que se le asocia, se niega la existencia de algo que funcione como norma y criterio absoluto para la verdad. Sobre este proceso intrigante, el afamado escritor estadounidense Allan Bloom comentó: “Apertura solía ser la virtud que nos permitía buscar el bien usando la razón. Ahora significa aceptar todo y negar el poder de la razón”.

Lo que debió ser apertura al estudio de las ideas se cambió a una aceptación no crítica de todas las ideas. Curiosamente, a la misma vez, la Universidad pasó de ser el lugar donde el universo de ideas es apreciado, a un recinto donde la aceptación indiscriminada de algunas ideas llevó al rechazo injustificado de otras. Cuando los linderos de la verdad se difuminan, perdemos el juicio crítico para distinguir la verdad de la falsedad y terminamos aceptando la segunda y negando la primera.

Bajo esta forma de pensar en el relativismo moral, toda “verdad” es en realidad una construcción de nuestra razón. La objetividad de una realidad fuera de nosotros (como en la Modernidad) da paso a una interpretación particular e individualista de la realidad. Para lograr esto se hace necesario el deconstruccionismo: la re-interpretación de la historia, la ciencia, la cultura y la moral a la luz de estas ideas.
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Como el concepto de la Posmodernidad puede resultarnos complejo, una tabla comparativa puede ayudarnos a visualizar sus características más relevantes en comparación con las de la Modernidad. (Adaptada del libro Deliver Us From Evil, del doctor Ravi Zacharias, p. 215).

Modernidad              Posmodernidad

Énfasis en propósito y diseño Énfasis en el azar y la casualidad
Estabilidad en los valores Valores transitorios y relativos
Razón como el medio La no razón (emoción)
Significado como el fin El sin sentido
Síntesis de disciplinas Deconstruccionismo
Unidad de la verdad La contradicción
Moralidad clara Relativismo

ANUNCIOS

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Consecuencias
El conocido apologeta de origen indio Ravi Zacharias, explica las consecuencias de este importante cambio en el acercamiento intelectual a la verdad. Tomaré solo tres a modo de ejemplo.

Confusión moral. La ausencia de un criterio absoluto para la evaluación de los dilemas morales dio lugar a la absoluta confusión sobre lo que es o no correcto. La relatividad moral nos dejó sin un norte adecuado con el cual orientar nuestra conducta. Es quizás en las nuevas generaciones en las que se observa esto con más claridad. Los llamados males de la juventud actual, no son otra cosa que el resultado inevitable de una moral que es incapaz de señalar la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.

Un ejemplo lo hallamos en las declaraciones de Alison Hornstein a la revista Newsweek (17 de diciembre de 2001), luego de los trágicos eventos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Dice al artículo:
Pero para el 12 de septiembre, cuando el asombro comenzó a apagarse, también se apagó nuestro sentido de que se había cometido algo malo contra nosotros. Las reacciones de los estudiantes expresadas en los periódicos y en clase se centraron en las diferencias en nuestras circunstancias de vida y aquellas de los perpetradores, sugiriendo que dichas diferencias habían causado los eventos del día anterior. Brillaba por su ausencia un grito general de indignación contra lo que había sido el acto terrorista más exitoso de nuestros tiempos. Estas reacciones y otras similares en otras universidades han hecho evidente que mi generación se siente incómoda evaluando, o aun preguntando, si un mal moral había ocurrido. (Traducción del autor).

Confusión filosófica. En mayor o menor grado, todos filosofamos. Todos poseemos la capacidad humana única de reflexionar sobre lo que pensamos.

Un ejemplo lo observamos en el uso cotidiano de la frase “toda verdad es relativa”. La expresión se ha afianzado en el coloquio informal como un dictum probado e irrefutable, con aplicaciones universales. ¿Por qué tal aceptación? Puedo ver tres razones. Primero, la frase transmite cierto aire de sofisticación intelectual generalmente aceptado. Segundo, y esto lo he observado personalmente más de una vez, la confusión de la relatividad de la verdad con la teoría de la relatividad de Albert Einstein (“si el genio Einstein lo probó por medio de la ciencia, tiene que ser cierto”).

La más obvia y, a mi parecer, más importante de las tres razones es no darse cuenta de la clara contradicción de la frase misma. Si “todo es relativo”, la frase es relativa también, lo que le quita de un plumazo el aire de aplicación universal que parece tener.

Confusión religiosa. A pesar de las contradicciones evidentes entre los distintivos de las religiones, el público suele hallarlas igualmente aceptables. “Todos los caminos conducen a Roma” hace tiempo que pasó a ser “todos los caminos conducen al Ser Supremo (si es que existe)”. La tolerancia religiosa, instrumento de convivencia, se ha transformado en un raro pluralismo interconfesional en el cual, si la religión no reclama ser el único camino a Dios, todo cabe, todo es bueno y todo vale.

Una descripción humorística del proceso hacia esta religiosidad genérica posmoderna es recogida por Arthur Guiterman, citado por el doctor Ravi Zacharias en su libro Deliver Us From Evil (Líbranos del mal).

Primero fue la odontología sin dolor.
Luego las bicicletas sin cadena
y sin caballos las carretas.

Más tarde cocinas sin fuego,
telegrafía sin cable,
cigarrillos sin nicotina
y café sin cafeína.

Pronto las naranjas sin semillas,
el niño de colegio sin sombrero,
y sin grasa la comida.

Las nuevas carreteras, sin polvo,
inoxidable el acero,
las pistas de tenis sin barro,
y la nueva religión...  sin Dios.
(Traducción y adaptación del autor).

VI. LA existencia de Dios
Para algunos, el tema de la existencia de Dios es un callejón sin salida; no hay solución clara para la cuestión, por lo que optan por el agnosticismo. Declararse agnóstico puede ser una sincera admisión o un intento de “parecer inteligente admitiendo ignorancia”.

Para otros, el tema perdió toda relevancia. Piensan que tras los pronunciamientos de Immanuel Kant y de Friedrich Nietzsche, el concepto de Dios y de la posibilidad de demostrar su existencia pasaron a mejor vida. Otros afirman que los adelantos científicos hacen innecesaria la existencia de Dios, como comentamos en un capítulo anterior.

Nada más lejos de la verdad. El tema sigue vivo. En círculos filosóficos, el tema de la existencia de Dios ha cobrado nueva vida en décadas recientes. La revista Time (7 de abril de 1980) decía:
En una silenciosa revolución en pensamiento y argumento que apenas nadie hubiera previsto hace dos décadas, Dios está escenificando un retorno. Más curioso aún, esto está sucediendo no entre los teólogos o en los creyentes de a pie, sino en los círculos intelectuales de los filósofos, donde hace tiempo el consenso había hecho desaparecer al Todopoderoso del discurso cotidiano. (Traducción del autor).

Por otro lado, en círculos científicos continúa el debate sobre las implicaciones no científicas del Big Bang y sobre las suposiciones metafísicas que algunos han hecho de la teoría evolucionista. (Para una breve exposición sobre esto, vea el siguiente capítulo).

¿Creer o no creer?
¿Cómo acercarnos al tema de la existencia de Dios? Sabemos que esta no puede demostrarse fuera de toda duda. No podemos someter a Dios a pruebas de laboratorio, al escáner, ni al espectrofotómetro, como tampoco podemos demostrar su presencia invisible bombardeándolo con electrones en un acelerador de partículas.
Esta tensión nos dejaría en el terreno del agnóstico. ¿Hay algo más? Creo que sí. Es posible argüir en favor de la razonabilidad de la existencia de Dios. Estas son palabras mayores. De modo que, comencemos.

Argumentos de la existencia de Dios

Argumento cosmológico
Este es uno de los razonamientos más antiguos. Lo usaron Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino. En esencia, dice lo siguiente: “Dios existe porque el universo existe”. También se puede expresar así: la existencia de un universo presupone la existencia de una Primera Causa (Dios) que le diera su existencia.

¿Y qué si el universo (y no Dios) es eterno? Esto no elimina la dificultad intelectual de un Dios eterno, pues un universo que ha existido siempre presenta las mismas dificultades conceptuales que la existencia eterna de Dios. Tanto creyentes como ateos creemos que hubo algo “en el principio”; le llamemos Dios, materia o (últimamente) una singularidad.

Otra posible explicación para la existencia del universo sin que mediara un acto creador, es que este surgiera de la nada. Pero la realidad es que afirmar que el universo viene “de la nada” es otra imposibilidad filosófica. Para un objeto surgir “de la nada” tiene que, en efecto, crearse a sí mismo, o “ser” y “no ser” a la vez, lo que es imposible de acuerdo con la ley de la no contradicción de la lógica.

En tercer lugar tenemos el Big Bang que, contrario a lo pensado por la mayoría, favorece la posición cristiana, ya que plantea de forma contundente un principio para el universo y desmiente la posibilidad de que este haya existido siempre. (Más sobre esto en el siguiente capítulo).

Argumento teleológico
Este acercamiento, antiguo también, dice que el universo, tanto en sus más pequeñas unidades estructurales (átomos, células) como en la inmensidad del cosmos, parece reflejar la existencia de un diseñador inteligente. La analogía más común es la del relojero. Al inspeccionar un reloj, a nadie se le ocurriría pensar que este es el producto de la mezcla de sus piezas en una caja agitada por unos minutos (o por billones de años). Aducir esta complejidad y “diseño” a un proceso impersonal y mecánico no es la solución.

El tema del diseño ha cobrado un interés especial en años recientes. La Tierra posee características específicas que permiten la vida humana. Existe una cantidad considerable de variables físicas y químicas que, de alterarse ligeramente, harían imposible la vida en el planeta. Por ejemplo, la distancia del Sol. Esta es la adecuada para la vida. La variación de esta distancia es de un tres por ciento a lo largo del curso de la travesía de la Tierra alrededor del Sol. Si fuera de diez por ciento, no podría haber vida por los cambios de temperatura y por los efectos de la luz ultravioleta.
Del mismo modo podemos mencionar la atmósfera terrestre que deja pasar la luz, pero protege de la radiación. También el centro semilíquido de la Tierra que ayuda en la creación del campo magnético, lo que a su vez protege de las radiaciones cósmicas. Otros ejemplos son: la fuerza de gravedad, la velocidad de expansión del universo, la velocidad de rotación de la Tierra, la inclinación del eje del planeta, y un larguísimo etcétera. Pequeñas variaciones a esas constantes significarían la desaparición de la vida. Nuestro mundo está perfectamente diseñado para la vida.

Podemos observar el mismo fenómeno a nivel molecular. La célula no es una masa protoplásmica indefinida, como se creía en los tiempos de Darwin, sino una colección de aparatos complejísimos que actúan entre sí a la perfección de manera coordinada.

En la actualidad, el movimiento del Diseño Inteligente aboga por el reconocimiento de que la cantidad de información existente y su arreglo que permite la vida (en particular el caso del ADN), son evidencia de un “diseñador” e imposibles de explicar por una evolución impersonal y materialista.

Fue este testimonio el que ayudó a convencer al conocido ateo británico Antony Flew. Durante décadas, el doctor Flew fue un activo defensor del ateísmo en debates. Comprometido a “seguir la verdad a donde me dirija”, anunció su cambio a una posición teísta (específicamente deísta) en el año 2004.

Argumento moral
Dicho de forma sencilla, este argumento establece que la universalidad de un carácter moral en el ser humano sugiere la existencia de Dios. Aun cuando se reconocen variaciones en los conceptos morales, estas son mínimas al compararlas con sus elementos en común. La existencia misma del hecho moral, de que hay “bueno” y “malo”, es indicio del reflejo de un Ente Moral superior, cuyo carácter (imagen) nosotros reflejamos. Una evolución materialista no puede explicar el hecho moral del ser humano, como tampoco una conciencia humana definida a base de neuronas y de conexiones sinápticas.

Aunque algunos ateos lo niegan, un mundo sin Dios nos deja sin una base sólida para los planteamientos éticos. No que el ateísmo en sí mismo sea inmoral. Es a-moral. Simplemente, sus postulados excluyen una base absoluta para la moralidad, por lo que los ateos que viven de forma moral lo hacen a pesar de las consecuencias filosóficas de sus creencias y no basados en ellas.

Conjunto de los argumentos
A los argumentos anteriores podemos añadir (ya en favor de un teísmo específicamente cristiano) la persona de Jesús y su resurrección de entre los muertos. Estos temas son considerados en otros capítulos.

Vistos uno por uno, los planteamientos anteriores tienen un peso considerable. Examinados en conjunto, son evidencia contundente para que, al menos, el no creyente “dude de su duda” y abra su mente a la hermosa posibilidad de la existencia de Dios; un Dios personal e interesado en nosotros. VII. Ciencia y fe
Premeditadamente o no, la ciencia de los pasados 200 años ha pretendido sacar a Dios de la ecuación humana al hacerlo “innecesario”.

La idea detrás de este fallido intento es aquella de que la figura de Dios, solo se hace necesaria para explicar lo inexplicable. A esto se le conoce como “el Dios de las brechas”. Una vez que la ciencia explica lo que antes era considerado sin explicación, Dios deja de ser necesario.

Este tipo de pensamiento es el que sin duda movió a Richard Dawkins, famoso científico ateo inglés, a decir que “la teoría de la evolución me ha permitido ser un ateo intelectualmente satisfecho”. Con esto daba a entender que una vez se hace posible la explicación del origen de las especies sin la intervención sobrenatural divina, Dios deja de ser necesario. Algo semejante ha sido presumido erróneamente por muchos con la teoría del Big Bang y el comienzo del universo.

Por eso tomaremos en este capítulo ambas teorías (evolución y Big Bang) como ejemplo de la manera en que las teorías y los hallazgos científicos son extrapolados a conclusiones que ellas mismas no justifican. En este capítulo no se entrará en el detalle de las teorías en cuestión ni en una refutación de ellas, sino solo en ver cómo, aun si fuesen ciertas, no descartan la existencia de Dios.

“Y dijo Dios: —Big Bang”.
Para aquellos no muy familiarizados con el concepto del Big Bang, les recuerdo lo siguiente: esta teoría dice que el universo tal y como lo conocemos hoy comenzó hace unos 13,700 millones de años, en una gigantesca (Big) explosión (Bang). De este evento, y como resultado de las leyes de la física, surgieron a lo largo de miles de millones de años los elementos químicos, las galaxias, los planetas y, más adelante, la vida. En décadas recientes han abundado las comprobaciones científicas de un universo en expansión, de acuerdo con lo previsto por el modelo que esta idea presenta.

Pero, claro está, este modelo no explica lo que sucedió antes. ¿Qué fue “eso” que explotó? ¿No presupone esta idea la existencia de “algo” antes del Big Bang? ¿No es esa idea, entonces, una simple posposición de la pregunta final sobre el comienzo de todo? La contestación de los físicos a este dilema es que antes del Big Bang se dio una “singularidad”; esto es, unas condiciones únicas, donde ni la materia ni el espacio ni el tiempo existían. Por supuesto, esta idea es una teoría. Y la definición de singularidad no es tan diferente de cómo algunos describirían a Dios.

De modo que el Big Bang no excluye la existencia de un Creador. Al contrario, pues demuestra el origen del universo en un momento en el tiempo; concepto no aceptado por científicos en siglos pasados por sus connotaciones metafísicas. Como un caricaturista presentó hace años en un periódico español: “A fin de cuentas pudiera ser que esta gran explosión fuera tan solo el chasquido de los dedos de Dios…”.

La teoría del Big Bang no excluye la existencia de un Dios-Creador, sino que demuestra que el universo tuvo un comienzo, cosa que las Escrituras hebreas han afirmado por miles de años:
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. (Génesis 1:1-3).

Esto, por supuesto, no explica la existencia eterna de Dios. Pero sí hace claro que, a la hora de hablar del principio de todas las cosas, el teísmo y el materialismo están en igualdad de condiciones.

La evolución de la evolución
La llamada teoría de la evolución, presentada oficialmente por Charles Darwin en 1859 con la publicación de su libro El origen de las especies, sin lugar a dudas marcó un hito importantísimo en la ciencia moderna. Tal y como presentada por Darwin, es un excelente ejemplo del poder de observación y deducción aplicados a las ciencias naturales.

La teoría de Darwin puede simplificarse de la siguiente manera. Los cambios en los organismos vivos ocurren espontánea y constantemente (mutaciones). Cuando estos cambios representan una ventaja para la supervivencia de dicho organismo, se conservan de manera natural (la sobrevivencia del más fuerte). Cambios graduales de este tipo a lo largo de millones de años dieron lugar al surgimiento de nuevas especies.

Tomemos como ilustración de lo presentado en el párrafo anterior, los cambios en el pico de las aves que Darwin estudió en las Islas Galápagos. Alteraciones que surgían de manera espontánea en la forma del pico de dichas aves, daban una cierta ventaja en la alimentación a uno de los tipos de ave (A) en algunas de las islas (X), mientras que otro tipo de alteración (B) favorecía la alimentación en unas islas diferentes (Z). Con el paso del tiempo solo se encontrarían aves A en las islas X y aves B en las islas Z.

El genio detrás de estas observaciones es fascinante. Aunque no es nuestra intención dar contestación a todo lo que hoy en día se asocia con la evolución (eso ameritaría un libro en sí mismo), sí deseamos presentar ideas que nos permitan entender que, aun si la teoría fuese cierta, esto no necesariamente excluiría la necesidad de un Dios-Creador.

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