¿Dios te bendiga o “te bendigo”?

¿Dios te bendiga o “te bendigo”?. Esta es una sencilla pregunta que plantea quién realmente está en el trono.

¿Puede algo tan inocente como el saludo tradicional cristiano hacerse complicado hasta convertirse en algo confuso?

¡Definitivamente! Parece que los creyentes somos expertos en esto. La contestación a esta pregunta abarca mucho más de lo que uno sospecha inicialmente y, como sucede muchas veces también, contestarla requiere ir a la base bíblica.

 

NOTA: Esta es una versión condensada de lo presentado en el programa radial Biblikka. El programa puede ser escuchado en su totalidad aquí.

 

 

Hasta hace quizás dos o tres décadas el “Dios te bendiga” era el “saludo oficial” en el contexto de la iglesia evangélica. Por supuesto en nuestra sociedad se había utilizado por mucho tiempo en el contexto del hogar (“Dios te bendiga, mijo”).

Pero, en la iglesia, esta salutación comenzó una metamorfosis paulatina y preocupante. Comenzó a ser sustituida por “te bendigo” o “bendecido”. El nuevo saludo cobró arraigo rápidamente gracias a su uso por el movimiento de la Palabra de Fe y por imbuírsele de un tono de autoridad supuestamente espiritual.

¿Es importante este cambio? Yo creo que sí. Afecta doctrinas tan importantes como la oración, la soberanía de Dios y, por supuesto, la fe. Muchos lo usan inocentemente, pero nuestra inocencia no lo hace correcto.

 

Bendición en el Antiguo Testamento 

En los tiempos del Antiguo Testamento era común que los padres pronunciaran una bendición sobre sus hijos antes del momento de su muerte. Tal es el caso de Isaac, Jacob y otros de los patriarcas.

En ocasiones la bendición tenía una connotación especial para el primogénito, como el famoso caso de Isaac bendiciendo a Jacob en lugar de Esaú (Gen. 27:28-29 y 28:3). Igual el caso de Jacob bendiciendo a los hijos de José (Gen. 48:15). En ocasiones, la bendición paterna incluía un elemento de profecía, como el caso de las palabras del mismo Jacob a sus otros hijos  (Gen. 49:1-4).

Sin embargo, cuando hablamos estrictamente de bendiciones, debemos darnos cuenta de que la bendición en el Antiguo Testamento es en realidad una petición por la bendición de Dios. Dios es el que bendice. Porque en eso consiste la bendición en estos tiempos, es una petición a Dios, pidiendo “éxito, prosperidad, fertilidad”.

De la misma manera, más tarde ese es el tono de la llamada “bendición sacerdotal” en Números 6:22-27. (Otros ejemplos en Deut 1.11; Sal 67.1).

 

Bendición en el Nuevo Testamento 

Esencialmente este es el mismo uso en el Nuevo Testamento. La palabra griega más usada significa, literalmente “hablar bien” o “decir buenas palabras”, “excluye completamente cualquier entendimiento mágico o místico” y es dada por Dios (Efe. 1:3).

 

¿Saludo o magia?

La expresión hermosa y tradicional del saludo (o despedida) “Dios te bendiga”, expresa una petición, una sencilla oración. Su significado es simple: “Deseo (oro) que Dios te dé su bendición.” El cambio en saludo de tiempos recientes refleja un importante cambio en teología. Nuestro tradicional saludo pasó de ser una expresión de deseo a ser una supuesta declaración poderosa de fe, cuyo poder principal está en las palabras en sí mismas.

Esta tendencia, la de asignar poder a las palabras, tiene su origen en fuentes no cristianas en el ámbito de la metafísica: la magia, el movimiento del “Nuevo Pensamiento” (s. XIX), la llamada Ciencia Cristiana (Mary Baker Eddy) y Unity (s. XX). A la iglesia llega de la mano de Norman Vincent Peale, Robert Schuller, Kenyon, Copland, Hagin y otras figuras de la llamada “Palabra de fe”, representados hoy por personas como Benny Hinn, Joyce Meyer, Tilton, y muchos otros.

En nuestro país hoy es muy difícil encontrar ministros o iglesias no afectados por esta enseñanza no bíblica. Estas son sus ideas principales:

1. La fe es una fuerza disponible para Dios y los hombres. Dios usó esta fuerza a través de “leyes de la fe” de la misma manera que nosotros podemos usarlas; tenemos las mismas capacidades de Dios. (Capps, Copeland).

2. El poder de la Palabra. La fuerza de la fe es liberada por las palabras. Dios utilizó esa fuerza hablando palabras de fe . “El poder creativo estaba en la boca de Dios… También en la tuya” (Hagin, Capps).

3. Es para cualquiera. Cualquier persona, creyente o no, puede usar esta fuerza de fe pronunciando palabras, si es que las cree de la misma manera en que Dios cree en las suyas (las de Dios). Todo lo que digamos, positivo o negativo, sucederá. Las cosas espirituales son creadas por palabras (Caps, Hagin).

4. Cuidado con lo que dices. Tendrás lo que confiesas. Por lo tanto nunca hagas una confesión negativa: la  lengua puede matarte o darte vida. Si confiesas enfermedad, tendrás enfermedad. El poder que liberan las palabras puede ser para el bien o para la maldad. (Capps, Hagin).

Por todo esto, palabras como “confieso”, “declaro”, “lo recibo” son clave para que la bendición se haga realidad.

Cuando personas hoy dicen “te bendigo” o “bendecido”, sabiéndolo o no, se están suscribiendo a esta doctrina errada. Sus palabras no están deseando o pidiendo la bendición de Dios para el otro, sino utilizando un supuesto poder espiritual de las palabras y una fuerza espiritual de la fe, que obliga a Dios a hacer lo que pronunciamos.

 

Breves respuestas a los puntos de arriba. 

1. “La fe es una fuerza disponible para Dios y los hombres.” La fe nos una fuerza. Dios crea por su palabra, no por su fe. Dios es capaz de crear con su palabra porque es Dios.  Nosotros no somos dioses.

2. “El poder de la Palabra.” Las palabras tienen el poder de expresar lo que hay en nuestro corazón, no alterar la realidad física.

3. “Es para cualquiera.” La diferencia entre cristianos y no cristianos es exactamente la fe; creer a lo que Dios ha dicho y en lo que Dios ha hecho en Cristo.

4. “Cuidado con lo que dices.” Las palabras son creadas; no crean nada excepto el efecto emocional o sicológico que tengan en mí o en otros. El efecto de las palabras sobre nosotros mismos se limita a la autosugestión.

 

Conclusiones

1. La creencia de que la realidad física o espiritual puede alterarse con las palabras es tan antigua como la humanidad, y se llama magia.

2. En esta errada doctrina, confundimos la fe con la magia, la autoridad con la irreverencia, los gritos con la autoridad, la oración con la lista de la compra y a Dios con el muchacho de los mandados

3. Esta equivocada doctrina obvia la soberanía de Dios y sujeta al Creador a nuestra voluntad. (Deberíamos cambiar el Padre Nuestro para que diga: “sea hecha mi voluntad en los cielos como se hace en la tierra.”)

4. Nosotros debemos orar en sumisión, pronunciando nuestra “bendición” como una expresión de alabanza a Dios por las bendiciones de Él recibidas (Efesios 1:1-14) o como súplica en favor de otros. Igual que Jesús en el Padre Nuestro y en su oración en Juan 17,  la oración es un acto de asociación con los propósitos divinos y su meta siempre debe ser la gloria de Dios.

© Dr. José R. Martínez-Villamil

 

NOTA: Esta es una versión condensada de lo presentado en el programa radial Biblikka. El programa puede ser escuchado en su totalidad aquí.

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