RESUMEN

Hoy, miles de niños mueren todos los días a causa de la pobreza y del hambre. El cáncer continúa matando y el sida se le unió en décadas recientes acabando con millones de vidas jóvenes. Aún más recientemente, el espectro de enfermedades como el ébola que amenazan la salud pública a nivel mundial.

Frente a tan grande y continua ola de sufrimiento y dolor, las preguntas se acumulan en la conciencia colectiva de una sociedad sensibilizada por los medios de comunicación.

Pero es quizás cuando el dolor nos toca a nivel personal, cuando la muerte, la enfermedad o la desgracia llaman a la puerta de nuestra propia vida, que reaccionamos con fuerza. Lo filosófico, abstracto o metafísico del sufrimiento universal se encarna en nuestras lágrimas y, con nuestro puño cerrado levantado, desafiamos a Dios preguntando: ¿por qué?

El efecto del sufrimiento

El problema mas difícil del creyente.

El mayor obstáculo al no creyente.

Dios y sufrimiento: Un examen a las premisas

1. Dios puede hacer “cualquier cosa”. 

2. Todo sufrimiento es malo.

3. No puede existir el sufrimiento en un mundo creado por un Dios bueno. 

Un mundo sin sufrimiento es imposible si es que los seres humanos dispondremos de libertad para tomar decisiones. Un mundo habitado por criaturas con capacidad de decidir, es un mundo donde el mal es posible y, en un mundo así, necesariamente, existirá el dolor y el sufrimiento.

Premisas correctas

1.  Dios crea, lo creado NO es Dios. 

Como la creación no es Dios, y solo Dios es absoluta y completamente perfecto, entonces la creación puede llegar a ser imperfecta. De modo que un mundo imperfecto como el nuestro no lleva a la conclusión de que Dios no existe o de que no sea perfecto.

2. Al crear, una buena creación es aquella donde existe la capacidad de decidir.

Y entonces, pregunta alguno, ¿por qué mejor no crear sin esa capacidad de libertad? Porque dicha creación no sería buena (perfecta), y esto va contra la esencia de Dios y, de haber sucedido, constituiría el primer error en el universo.

La única manera de garantizar un mundo sin maldad es crearnos sin libertad. (Peter Kreeft).

3. El mundo está sujeto a leyes; las leyes de Dios. 

4. El orden del mundo creado ha sido trastocado por el pecado de la humanidad. 

Contrario a leyes cuyo quebrantamiento tiene consecuencias directas exclusivamente para el transgresor de dicha ley, los resultados de la maldad humana han afectado no solo a la humanidad, sino también al resto de la Creación. 

Al menos en parte, esto se debe al hecho de que el mal no solo es una acción, sino también una persona.

5. El mal existe y tiene nombre: Satanás. 

Dicho ser es personal, no una fuerza. Su influencia en la humanidad, que con su desobediencia se ha aliado (sabiéndolo o no) con el “Príncipe del mal”, es causante de muchos de los males del mundo. Dicha influencia no nos excusa de nuestra responsabilidad, pero muchas veces nos ayuda a comprender el grado de maldad que hemos llegado a alcanzar.

6. Sufrimiento como misterio.

Existe mucho de “misterioso” en el tema del sufrimiento humano. De manera brillante y compasiva, el filósofo cristiano Peter Kreeft comenta sobre este importante aspecto de nuestro tema en su libro Making Sense Out of Suffering, al que refiero al lector interesado.

El documento bíblico conocido como el Libro de Job, trata sobre dicho elemento de misterio relacionado al dolor humano. 

Cuando sentimos la tentación de juzgar a Dios, debemos recordar con Job que lo que intentamos hacer es sacar al Juez de su estrado para sentarlo en el banquillo de los acusados. San Agustín afirmó: “Si lo comprendes, no es Dios”. 

7. Dios conoce el sufrimiento. 

La realidad es que Dios conoce el sufrimiento como una experiencia de primera mano. El Dios que se revela a través de las Escrituras bíblicas es personal: tiene voluntad y sentimientos. A través de los profetas del pueblo de Israel Dios no solo comunicó su mensaje, sino también su sentir. Su dolor se refleja en sus profetas y dicho sufrimiento se convierte en parte de su mensaje a través de ellos. 

Pero, sin duda, es en la Encarnación donde mejor y con más claridad vemos hasta qué punto Dios decidió experimentar nuestro dolor “en carne propia”. En su Hijo Jesús de Nazaret, Dios asume forma humana, camina por nuestro “valle de lágrimas” y experimenta nuestros sufrimientos. Hambre, sed y cansancio se hacen parte de su experiencia directa y personal. Con la muerte de su amigo Lázaro, Jesús conoce el dolor de la separación, y con Judas, el de la traición. Finalmente, en la cruz, quien con su voz ordenó el surgimiento del universo, recibió las burlas de aquellos a los que vino a salvar.

Es en la crucifixión de Jesús donde Dios Encarnado experimentó el dolor indecible del desprecio, la humillación, el abandono y el pecado de la humanidad. 

Dios llora con nosotros para que podamos un día reír con Él. (Jünger Moltmann).

Conclusión

Las tempestades de la duda llegan sin aviso. Amenazan la certidumbre de la fe con sus vientos huracanados y con sus olas devastadoras. En la mente del que duda parece no haber salvación. No hay puerto seguro a la vista. El naufragio se percibe inminente.

La tempestad es tan solo un viento sin fuerza y el puerto seguro está a la vista y la nave no tiene por qué zozobrar. 

Los ataques a la fe cristiana no siempre poseen la contundencia que pretenden. Una buena parte de ellos no son sino argumentos impensados y refritos, criaturas nacidas no de la reflexión, sino de la presuposición; no del buen juicio, sino del prejuicio. 

La solidez intelectual de la fe cristiana ha resistido los embates de sus detractores durante veinte siglos y aun hoy, cuando se pretende que la razón y la ciencia reinen supremas, muchas de las mejores mentes de nuestro tiempo (dentro y fuera de la ciencia) son creyentes y defensores de la fe.

La fe cristiana, aunque (como toda creencia en lo sobrenatural) no es racional, sí es eminentemente razonable. No solo eso, sino que es posible presentar argumentos sólidos en favor de la cosmovisión cristiana como la mejor y más sensata.

La mayoría desconoce lo presentado en los párrafos anteriores y terminan náufragos en las playas de una vida sin sentido.

Oramos que para ellos esta serie sea, más que un salvavidas, un acorazado poderoso que se les acerca navegando para recatarles, sacarles de aguas tempestuosas y llevarles de vuelta al puerto seguro de la fe.