Grandes Mensajes… #1

Aunque los cristianos creemos que toda la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) es la Palabra de Dios, la realidad es que tratamos al Antiguo Testamento como si fuera el prólogo del Nuevo. Pareciera que el Antiguo Testamento nos sirve solamente para recordar las historias de sus personajes, pero no su teología. Si hacemos así estamos perdiendo mucho.

Saludos desde España. Soy el Pastor José Martínez y éste es tu programa “Biblikka: Estudio y respuestas de la Palabra de Dios”, transmitido semanalmente por aquí, por 104.1 Redentor FM.

Hoy comenzamos la nueva serie Grandes Mensajes de Pequeños Profetas.

I. La importancia del Antiguo Testamento: ¿Prólogo o “Primera Parte”?

A. La negligencia evangélica

– II Tim. 3:16

Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, 17 a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. 

– II Pe. 1:21

Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo. 

– Conocemos, enseñamos y predicamos poco del AT

B. Importancia del Antiguo Testamento

1. Marco de referencia global

– Orígen

2. Naturaleza y carácter de Dios

– revelación

3. Anuncios proféticos sobre Jesús

4. Jesús es su tema principal (Juan 5:39; Lucas 24:44-47)

—Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 

45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. 

46 —Esto es lo que está escrito—les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día

5. Fue la Biblia de Jesús, de Pablo y de los Apóstoles

6. Trasfondo para entender el mundo de Jesús

  7. Es imprescindible para entender el NT

– historia

– cultura

– religión 

– sistema sacrificial

– tentaciones de Jesús (Deuteronomio)

– enseñanzas de Jesús y Pablo

– carta a los Hebreos

– Apocalipsis

Esta serie no es una que pretenda tratar todo el Antiguo Testamento. Nos limitaremos al ministerio del Profeta, especialmente a los que, equivocadamente, llamamos Profetas Menores.

Así que comencemos hablando sobre el Ministerio profético.

Ministerio profético: Profetas y Pathos

El cuerpo humano ha sido equipado con un complejo sistema que le advierte cuando su integridad está amenazada. Una complicada red de sensores, nervios y miles de millones de conexiones unen al cerebro en su vital función de protegernos de estímulos nocivos. El dolor, lenguaje del sufrimiento, puede librarnos de una herida, limitar la extensión de una quemadura e incluso salvarnos la vida.

Sin embargo, rehuimos el dolor. A pesar de todos lo beneficios que podamos describir del dolor, preferimos mantenernos a segura distancia. De niños aprendimos la lección. Se ha grabado en nuestra mente de forma tal que la sola idea del sufrimiento nos hace retroceder.  

Esta reacción, natural como es, se ha visto exagerada en tiempos modernos. Vivimos en la generación que no sabe posponer la gratificación. El hedonismo prevalente vive no sólo tras el placer, sino huyendo del dolor. De lo primero se ha hecho el bien supremo; de lo segundo, el más terrible mal. 

En esto, como en tantas otras cosas, el cristianismo contemporáneo ha abierto sus puertas a la filosofía del presente sistema de cosas. Nos hemos suscrito a la “lucha contra el sufrimiento”, incorporando esta idea a la predicación de la iglesia. 

¿Qué puede haber de malo en ésto? Lo que siempre tienen de malo las herejías. Que contienen una peligrosa dosis de desequilibrada verdad. El peligro de este tipo de mensaje no consiste en que sea uno “positivo”. Nuestro pecado es el de predicar un Mensaje incompleto, trunco, desbalanceado: adulterado. Cuando suprimimos de nuestra doctrina el elemento del sufrimiento en nuestra vida, ministerio  y proclamación, no sólo estamos siendo infieles a Dios. También estamos engañando a nuestros oyentes dirigiéndolos por el camino equivocado. La generación moderna de creyentes en occidente vive creyendo este delirio. En consecuencia, la calidad de los cristianos de hoy resulta inversamente proporcional al grado de fidelidad a esta filosofía.

No es sorpresa, entonces, que el ministerio cristiano esté también afectado por esta corriente. ¡Es por nosotros, los pastores y líderes, que comenzó el problema! Unos por interés personal y otros porque no sabemos hacer otra cosa que seguir la corriente sin pensar por nosotros mismos (a veces somos más ovejas que pastores). 

¿Qué tiene todo esto que ver con los profetas del Antiguo Testamento?

El sufrimiento es parte indisoluble e indispensable del ministerio. Siempre lo ha sido. Por lo tanto, para entender el ministerio profético desde sus inicios en el Antiguo Testamento es imprescindible considerar la intersección de estos dos elementos: ministerio profético y sufrimiento.

Sufriendo POR Dios (por causa de Dios)

El profeta es una persona, en primer lugar, llamada por Dios. El profeta es quien, habiéndole sido revelada la palabra de Dios, la proclama en Su nombre. 

Pero hay más. El profeta representa a Dios frente al pueblo. El dilema del sufrimiento en el profeta del Antiguo Testamento no puede ser entendido a parte de la realidad de que éste último es constituido por Dios no sólo como su vocero sino también como su “modelo”: un representante viviente de la persona y sentimientos de Dios. 

El profeta del Antiguo Testamento se encuentra rodeado de un sistema que se ha manifestado, implícita o explícitamente, en contra de Dios. El pueblo de Dios se ha revelado. En abierto desafío al pacto establecido, e influenciado por las naciones que le rodean, Israel ha optado por el camino de la desobediencia. El orden prevalente es uno de rebelión. Ante él se yergue, como un divino imperativo, el sistema de Dios: un sistema basado en el pacto con su pueblo. Uno que exige obediencia absoluta e incondicional.

La colisión es inevitable. Y Dios está preparado para ella. Como dos trenes viajando a alta velocidad, pero en direcciones opuestas, el choque es inminente. En medio de estas fuerzas encontradas se halla el profeta. El es hombre. En un sentido es parte del sistema en rebelión. Por otro lado, obediente y sumiso al divino mensaje, es el escogido de Dios para llevar Su Palabra

Sufrimiento del profeta. 

Por esto sufre el profeta. Sufre porque Dios sufre. Sufre porque es un representante de Dios ante un pueblo en rebelión. Sufre en nombre de Dios. Padece por la causa de Dios. Sufre como resultado de la misión que Dios le ha encomendado… 

Sufre por Dios y sufre física, emocional y espiritualmente. Estas tres dimensiones de sufrimiento pueden ser ilustradas en el siguiente verso en Jeremías 4, donde se entrelazan de manera evidente:

“¡Mis entrañas, mis entrañas! 

Me duelen las fibras de mi corazón; 

mi corazón se agita dentro de mí…”

                        Jeremías 4:19

Sufrimiento físico. Por sus juicios contra la ciudad de Jerusalén, Jeremías es azotado por Pasur y colocado en el cepo hasta el día siguiente (20:2). En otra ocasión una multitud enfurecida le amenazó de muerte por sus juicios contra el templo (capítulos 7 & 26). Fue arrestado y encarcelado bajo cargos de traición (37). Finalmente se le colocó en una cisterna para morir (38).

Sufrimiento emocional. No existe dolor como el del alma. El sufrimiento emocional del profeta parece ser el más agobiante. Resulta no sólo del castigo físico injustificado, sino de la desilusión, del desengaño, de las esperanzas frustradas, de las expectativas no realizadas, del rechazo, de la burla, del escarnio, de la opresión, de las maquinaciones su contra, del desamparo por parte de sus seres queridos, de la incomprensión, del menosprecio, del rechazo por parte de aquellos a los que quería beneficiar, e incluye una intensa angustia interna que parece por momentos insoportable.

Personalidad. En el caso de los profetas la situación de sufrimiento personal por su ministerios parece ser más crítica dada su particular personalidad. Algunos de los profetas del Antiguo Testamento manifiestan una sensibilidad peculiar que, sin lugar a dudas, jugó un importante papel no sólo en su relación con Dios sino también en la comprensión y ejecución de su ministerio. Esta sensibilidad agudizaba su sufrimiento.

El rechazo y la burla, suficientemente opresivos para la personalidad promedio, se convierten en fuerzas devastadoras en la persona sensible y delicada del profeta.

Formación. Creo que esta sensibilidad es parte de lo requerido para un ministerio profético adecuado. Más aún, creo que Dios mismo intervino en la formación de la vida del profeta creándole como un ser sensible. Vemos esto en el caso de Jeremías. Dios le dice que fue Él quien le formó… (1:5). La sensibilidad del profeta es parte de su “arsenal” con el cual Dios mismo le ha capacitado para el ministerio al que le llama. Constituye una parte indispensable en la personalidad del hombre que Dios escoge para esta misión.

Jeremías

Volvamos al sufrimiento emocional del profeta. En el caso de Jeremías vemos que su sufrimiento emocional surge por los efectos de su ministerio profético en su vida personal. La intensidad del sufrimiento interno parece llegar a un doloroso clímax tanto en 4:19 que ya leímos, como en 20:14-18. 

14 ¡Maldito el día en que nací! 

¡Maldito el día en que mi madre me dio a luz! 

15 ¡Maldito el hombre que alegró a mi padre 

cuando le dijo: «¡Te ha nacido un hijo varón!»! 

16 ¡Que sea tal hombre como las ciudades 

que el Señor destruyó sin compasión. 

Que oiga gritos en la mañana 

y alaridos de guerra al mediodía! 

17 ¿Por qué Dios no me dejó morir 

en el seno de mi madre? 

Así ella habría sido mi tumba, 

y yo jamás habría salido de su vientre. 

18 ¿Por qué tuve que salir del vientre 

sólo para ver problemas y aflicción, 

y para terminar mis días en vergüenza? 

En estos pasajes no sólo se hace su dolor insoportable sino que le conduce por el oscuro túnel de la depresión llegando a pensar en un pronto fin para su vida. 

Agresión – Su existencia era una bajo la tensión de una posible agresión. A lo largo de su ministerio se orquestaba un complot para silenciarle. Jeremías estaba consciente de esto:

11:18-19

18 El Señor me lo hizo saber y lo comprendí. Me mostró las maldades que habían cometido. 19 Pero yo era como un manso cordero que es llevado al matadero; no sabía lo que estaban maquinando contra mí, y que decían: 

«Destruyamos el árbol con su fruto, 

arranquémoslo de la tierra de los vivientes, 

para que nadie recuerde más su nombre.» 

18:18

18 Ellos dijeron: «Vengan, tramemos un plan contra Jeremías. Porque no le faltará la ley al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Ataquémoslo de palabra, y no hagamos caso de nada de lo que diga.» 

20:10

Aun mis mejores amigos 

esperan que tropiece. 

También dicen: «Quizá lo podamos seducir. 

Entonces lo venceremos 

y nos vengaremos de él.» 

26:8-9 

8 Pero en cuanto Jeremías terminó de decirle al pueblo todo lo que el Señor le había ordenado, los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo lo apresaron y le dijeron: «¡Vas a morir! 9 ¿Por qué has profetizado en el nombre del Señor que esta casa se quedará como Silo, y que esta ciudad quedará desolada y deshabitada?» Y todo el pueblo que estaba en la casa del Señor se abalanzó sobre Jeremías. 

El peso que dicha situación representaba sobre su alma se acrecentó por venir estas amenazas de labios de gente a la que amaba y por las que sufría. 

Aún  su pueblo natal Anatot se unió en esta confabulación. 

11:21

“¡No profetices en nombre del Señor, si no quieres morir a manos nuestras!”

En una ocasión, cuando el profeta se queja de su condición, se entera de que aún su propia familia atenta contra su vida. 

12:6

6 Aun tus hermanos, los de tu propia familia, 

te han traicionado y gritan contra ti. 

Por más que te digan cosas agradables, 

no confíes en ellos. 

Vida privada – Su vida privada fue una de sacrificio. Se le prohibió casarse (16:2) así como la socialización con sus compatriotas (16:5-8). Su vida se convirtió en una de terrible y dolorosa soledad (15:17).

Por el pueblo de Israel (Judá en este caso)

Además, su sufrimiento por Israel era intenso. La situación actual de su amada Judá era motivo suficiente para provocarle dolor. A esto se unía la inminente descarga del juicio de Dios sobre Judá. Aunque este aspecto no es particular a Jeremías, probablemente halla en él su más clara expresión entre los profetas del Antiguo Testamento. 

Si muchos podemos evitar el dolor físico (v. s.), ninguno podrá librarse del sufrimiento emocional sin dejar con ello de ser profeta.

Sufrimiento espiritual. El sufrimiento de un profeta va más allá de las circunstancias visibles. Él se mueve en otra dimensión, la dimensión de Dios. Su mundo es uno en el que Dios es el centro y en el que toda actividad de vida es una actividad de carácter espiritual con repercusiones en esa dimensión.

El sufrimiento de un profeta, entonces, no se limita al padecimiento físico infligido por sus enemigos. Tampoco al dolor emocional que conlleva llevar un mensaje que es rechazado (aunque sea proclamado con la mejor de las intenciones).

Es el sufrimiento de una persona que vive amando simultáneamente a Dios y al pueblo. Es el dolor que proviene de la condición espiritual del pueblo y de sus repercusiones inminentes (4:19-26; 8:18-9:1).

4:19 ¡Ay mis entrañas, mis entrañas!

¡Cómo me tiembla el corazón!

Tengo el corazón palpitando,

no puedo seguir en silencio.

He oído el sonido de la trompeta,

el alarido que preludia la guerra;

8:18 Me siento abrumado de dolor,

tengo enfermo el corazón,

al oír los gritos de mi pueblo

desde una tierra lejana:

21 Los destrozos en la capital

me tienen del todo destrozado,

ando entristecido, presa del espanto.

 Es el dolor que resulta del conflicto evidente entre su amor al pueblo y su  fidelidad a Dios (15:15). 

15:15 Tú lo sabes, Señor:

No me olvides y ocúpate de mí,

véngame de quienes me persiguen.

No descargues mucho tiempo tu ira sobre mí,

ya sabes que soporto oprobios por ti.

Pero sobre todo, el dolor espiritual es el que es producido en la lucha del profeta con Dios. En las profundidades de su alma se libran periódicas batallas en que su naturaleza se resiste a la tarea de Dios, a sus métodos y a su itinerario. 

Jeremías alterca con Dios por causa de su llamado. No sólo por el sufrimiento que ha resultado en su ministerio profético, sino también por los métodos que Dios usó para “reclutarlo” (20:7-9). Con fuertes palabras y un lenguaje tan gráfico que raya en lo blasfemo, el profeta cuestiona los métodos de Dios para llamarlo. Jeremías se siente engañado, involucrado en contra de su voluntad en un proyecto en el que parece tener todas las de perder. Yahvé ha usado sus recursos sobrenaturales; ha abusado de su fuerza; ha doblegado la capacidad de resistencia de Jeremías. 

20:7 Me sedujiste, Señor, y quedé seducido;

me agarraste con fuerza y me sometiste.

Yo era objeto de mofa todo el día,

todo el mundo se burlaba de mí.

8 Cuando hablo, tengo que gritar

anunciando violencia y destrucción;

la palabra del Señor me servía

de insulto y burla todo el día.

9 Me decía: No me acordaré más de él,

no hablaré más en su nombre.

Pero algo ardía en mi corazón como fuego,

algo ardiente encerrado en mis huesos,

que trataba inútilmente de apagar.

Jeremías también cuestiona la justicia de Dios (12:1-4). Todavía no comprende cómo los malos parecen prosperar (aún prosperar en contra de él) a pesar de su maldad. Cuestiona la integridad de Dios (15:18). 

15:18 ¿Por qué dura tanto mi dolor

y mi herida se vuelve incurable,

imposible de sanar?

Te me has vuelto cauce engañoso,

cuyas aguas son inconstantes.

Yahvé le parece tan engañoso como la corriente que suple agua sólo en los días de lluvias cuando no hace falta y falla en proveerla cuando es más necesaria, esto es, ¡en los días de sequía!

Podemos juzgar con la severidad que queramos al profeta. Podemos señalarle por su vocabulario grosero o por su actitud rebelde. Pero, por un momento pensemos en cuánto dolor demuestra este gesto irreverente. Consideremos aún más, cuánta angustia espiritual le provocaba esta “lucha” con Dios. La posición de Jeremías es la del hombre que sabe que lo que hace es la voluntad de Dios pero que sufre por ella. 

Pregúntate: ¿Cuánto amo a Dios? ¿Cuán central es para mí mi relación con El? ¿Cuán importante me resulta Su voluntad? Es imposible vivir en el ministerio sin amar profundamente a Dios. Y es imposible amar de este modo a Dios sin sufrir. 

Quien no quiera sufrir… ¡que no ame!  Quien no quiera sufrir… ¡que no hable en nombre de Dios!

———————————————

Sufriendo CON Dios

De una manera verdaderamente misteriosa el llamado profético es a comunicar el mensaje de Dios no sólo en palabra sino en verdadera encarnación.

Los profetas se identifican de tal manera con Dios en su tarea que sienten como Él. Todo su ser se compunge y se duele ante lo que mueve y aqueja el “corazón de Dios.” La identificación es tan plena en ocasiones que, como veremos más adelante, a veces el discurso profético que comienza en tercera persona termina en primera y viceversa. Por momentos es difícil identificar si habla Dios o el profeta.

Podemos reaccionar diciendo: ¡”Qué bien!”; ¡Qué privilegio!” 

Pero primero imaginémonos el dolor y la tensión que esto puede representar en una vida humana, frágil y efímera. El profeta, para cumplir su tarea, tiene no sólo que sufrir por Dios. También sufre con El.

Identificación profeta-Dios. En esta sección nos referimos al sufrimiento que resulta ya no del ministerio del profeta sino de la condición misma de profeta. La consecuencia inevitable de una identificación estrecha de Yahvé con su vocero.

Dios la busca. Lo interesante de este aspecto del sufrimiento en el ministerio profético lo es el hecho de que Dios mismo ha buscado esa identificación para integrarla a la transmisión de su mensaje. Dicho de otra manera, por la identificación del vocero con Dios, el primero representa al segundo. El profeta pasa a ser una metáfora viviente. Encarna entre los hombres la voluntad de Dios, los pensamientos de Dios, la pasión de Dios y, más dramático aún, el sufrimiento de Dios. 

¿Quién habla? – Esta estrecha identificación profeta-Dios es evidenciada en los pronunciamientos proféticos. En varias ocasiones en el libro de Jeremías tenemos dificultad en discernir quién es el que habla. ¿Es Yahvé? ¿Es Jeremías? Esto lo observamos, por ejemplo en 4:19-26; 8:22-9:2. Quizás el mismo fenómeno se da en 11:18-12:6 vs. 12:7-11. El profeta está manifestando el gemir de Dios, hablando ambos con una sola voz.

¿Quién ama? – Esta identificación entre Yahvé y Jeremías afecta también la forma en que el profeta ama a Israel. Cuando lo hace, no es sólo porque es su pueblo sino también porque es pueblo de Dios. El profeta siente lo que Dios mismo está sintiendo.

El caso de Oseas. Una situación similar a la de Jeremías, quizás aun más emotiva, es la del profeta Oseas. Lo dramático aquí consiste en que su identificación con los sentimientos de Dios incluye el profundo sufrimiento por la infidelidad de su esposa. Sin importar la interpretación que demos a la orden de Dios en 1:2 (sea que se casara con una prostituta o que su mujer eventualmente le sería infiel) el resultado final es el mismo. Oseas, con el conocimiento de Dios, se uniría a una mujer que le sería infiel. En toda esta situación el profeta encarna, de la manera más dramática posible, el sufrimiento de Dios mismo, que ha sido abandonado por su consorte. Israel le ha dejado por otros dioses. El pueblo (“esposa”) de Dios ha abandonado el tálamo nupcial para mancharse en la lujuria y el desenfreno. La vida familiar de Oseas representa gráficamente la situación de Dios. Igual que Dios, el profeta es abandonado por su amada (1:2 y 3:1-5; comparar con 2:2, 4, 5, 7, 15, 16-23). Dios fue traicionado por su pueblo (4:10,12 vs. 9:7-8).

El verdadero profeta sufre CON Dios.

Ministerio Profético: Definiciones y Categorizaciones

El concepto general que tenemos de los profetas es equivocado o al menos tan sólo parcial. Al pensar en profetas pensamos en gente que predice el futuro. La verdad es que, aún en el mejor de los casos, esa definición abarca sólo una de las facetas del ministerio profético.

Comencemos por la palabra profeta. Ésta  viene del griego, que a su vez está compuesta por dos palabras. La primera, pro que puede significar “por,”, “adelante” o “de antemano”. La segunda palabra, pheteo viene de “hablar.” De modo que aquí tenemos lo que sería una definición literal del vocablo “profeta”: Una persona que habla por otro, o que dice lo que recibe o que dice lo que va a pasar.

La definición más correcta es la que sigue, de acuerdo al mejor diccionario griego (Liddell y Scott): Uno que habla por un dios y que interpreta su voluntad a los hombres.

Interesantemente, la etimología de la palabra profeta en el hebreo es muy diferente. La palabra hebrea más usada es nabi . Y lo más probable es que signifique: “Uno llamado”. Otra palabra usada en el Antiguo Testamento es “vidente” por ser las visiones uno de los métodos usados por Dios para revelar su palabra a los profetas.

Con estos datos creo que ya estamos en posición de dar una definición “final.”

Definición: Un profeta es una persona llamada por Dios para comunicar su voluntad, sea ésta presente o futura.

Ideas generales del mensaje profético

Por lo que ya hemos mencionado, comprenderemos mejor el mensaje profético si identificamos sus tres vertientes.

Mirada hacia el presente. Con el deseo de conseguir que Israel volviese a “la senda antigua” en su trato con Dios y su dependencia de Él, el mensaje de los profetas es a la vez de juicio por los pecados cometidos y de llamada al arrepentimiento. Ambos aspectos se enmarcaban en el presente tanto del pueblo como del profeta.

Mirada hacia el pasado. Un llamado a volver a Dios y a su Pacto. En este llamado existe un elemento de Reforma basado en “las tradiciones de la elección” (Heschel, p. 11). En una buena medida esta fase de su ministerio ocupaba la mayor parte de su tiempo.

Mirada al futuro. Una combinación de Juicio de Dios y de Nueva Esperanza en Él. Este es el llamado elemento escatológico del mensaje profético en el Antiguo Testamento. Pero tenemos que matizar esto. 

Usualmente pensamos en escatología (eventos futuros) como lo que está en el futuro distante. Pero en el caso de los profetas del Antiguo Testamento esto no es así. Muchas de sus profecías con respecto al futuro tendrían cumplimiento durante sus propias vidas. 

Aclarado esto, sin embargo, no se puede negar que existe un poderoso elemento escatológico para un futuro más o menos distante. Éste toma variadas formas o temas en los diferentes profetas. Puede ser la restauración de Israel a su tierra y culto (Ezequiel), la continuación de la relación de Dios con su pueblo (Isaías), etc. Lo importante es que, por encima de una realidad histórica y de un juicio merecido por la desobediencia de Israel, se presenta un futuro mejor, espléndido y lleno de vida, producido por el Dios que se empeña en seguir adelante con su plan, cuyo propósito es el bien del hombre.

Antes de continuar hablando sobre los profetas del Antiguo Testamento es importante aclarar lo que fueron los falsos profetas.

Falsos profetas

————————-

D. Falsos profetas

Algunos mencionados por nombre

28:1 …[Jananías, hijo de Azur, que era de Gabaón]:… 

29:21 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colayas, y sobre Sedecías, hijo de Maasías, que les profetizan falsamente en mi Nombre:

29 Semaías el najlamita, por haberles p

14:13 FALSOS P

Dije yo: «¡Ah, Señor Yahvé! Resulta que los profetas están diciéndoles: Ustedes no verán espada, ni tendrán hambre, sino que voy a darles paz segura en este lugar.» 

14 Y me dijo Yahvé: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no los he enviado ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio fútil y delirio de sus corazones les dan a ustedes por profecía.

[20:6 Y tú, Pasur [sacerdote], irás al cautiverio de Babilonia junto con toda tu familia. Allí morirás, y allí serás enterrado, con todos tus amigos, a quienes les profetizabas mentiras.” »] 

27:14 14 ¡No oigan, pues, las palabras de los profetas que les dicen: ‘No servirán al rey de Babilonia’, porque cosa falsa les profetizan, 15 pues yo no los he enviado —oráculo de Yahvé— y ellos andan profetizando en mi Nombre falsamente; …» 

27:16 Y a los sacerdotes y a todo este pueblo les hablé diciendo: «Así dice Yahvé: No oigan las palabras de sus profetas que les profetizan diciendo: ‘He aquí que el ajuar del templo de Yahvé va a ser devuelto de Babilonia en seguida’, porque cosa falsa les profetizan. 17 (No les hagan caso…)

[28:1 …[Jananías, hijo de Azur, que era de Gabaón]:… 2 «Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia. 3 Dentro de dos años devolveré a este lugar todos los utensilios…

[Jeremías] 6 —¡Amén! Que así lo haga el Señor. Que cumpla el Señor las palabras que has profetizado…]

7 Pero, oye ahora esta palabra que pronuncio a oídos tuyos y de todo el pueblo: 8 Profetas hubo antes de mí y de ti desde siempre, que profetizaron a muchos países y a grandes reinos la guerra, el mal y la peste. 9 Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que lo había enviado Yahvé de verdad*.»

[29:31 «Envía este mensaje a todos los deportados: Así dice Yahvé respecto a Semaías el najlamita, por haberles profetizado sin haberlo yo enviado, inspirándoles una falsa seguridad.]

[42:4 Les dijo el profeta Jeremías: «De acuerdo: ahora mismo me pongo a rogar a su Dios Yahvé como dicen, y sea cual fuere la respuesta de Yahvé para ustedes, yo se la declararé sin ocultarles palabra.» 5…«Que Yahvé sea testigo veraz y leal contra nosotros si no obramos conforme a cualquier mensaje que tu Dios Yahvé te envía para nosotros. 6 Sea grata o sea ingrata, nosotros oiremos la voz de nuestro Dios Yahvé a quien te enviamos, por cuanto que bien nos va cuando oímos la voz de nuestro Dios Yahvé.»

21  Yo se lo he declarado hoy a ustedes, pero no hacen caso de su Dios Yahvé en nada de cuanto me ha enviado a decirles.]

CAPÍTULO 23

13 En los profetas de Samaría 

he observado una locura: 

profetizaban por Baal 

y hacían errar a mi pueblo Israel. 

14 Mas en los profetas de Jerusalén 

he observado una monstruosidad: 

fornicar y proceder con falsía, 

dándose la mano con los malhechores, 

sin volverse cada cual de su malicia. 

Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, 

y los habitantes de la ciudad, cual Gomorra. 

15 Por tanto, así dice Yahvé Sebaot 

tocante a los profetas: 

Voy a darles de comer ajenjo, 

y de beber, agua emponzoñada. 

Porque a partir de los profetas de Jerusalén 

se ha propagado la impiedad por 

toda la tierra. 

16 Así dice Yahvé Sebaot: 

No escuchen las palabras de los 

profetas que profetizan para ustedes. 

Los están embaucando. 

Les cuentan sus propias fantasías, 

no cosa de boca de Yahvé. 

21 Yo no envié a esos profetas, 

y ellos corrieron. 

No les hablé, 

y ellos profetizaron. 

25 »He escuchado lo que dicen los profetas que profieren mentiras en mi nombre, los cuales dicen: “¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!” 26 ¿Hasta cuándo seguirán dándole valor de profecía a las mentiras y delirios de su mente? 27 Con los sueños que se cuentan unos a otros pretenden hacer que mi pueblo se olvide de mi nombre, como sus antepasados se olvidaron de mi nombre por el de Baal. 28 El profeta que tenga un sueño, que lo cuente; pero el que reciba mi palabra, que la proclame con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?—afirma el Señor—. 29 ¿No es acaso mi palabra como fuego, y como martillo que pulveriza la roca?—afirma el Señor—. 

30 »Por eso yo estoy contra los profetas que se roban mis palabras entre sí—afirma el Señor—. 31 Yo estoy contra los profetas que sueltan la lengua y hablan por hablar—afirma el Señor—. 32 Yo estoy contra los profetas que cuentan sueños mentirosos, y que al contarlos hacen que mi pueblo se extravíe con sus mentiras y sus presunciones—afirma el Señor—. Yo no los he enviado ni les he dado ninguna orden. Son del todo inútiles para este pueblo—afirma el Señor—. 

35 Así deberán hablarse entre amigos y hermanos: “¿Qué ha respondido el Señor?”, o “¿Qué ha dicho el Señor?” 36 Pero no deberán mencionar más la frase “Mensaje del Señor”, porque el mensaje de cada uno será su propia palabra, ya que ustedes han distorsionado las palabras del Dios viviente, del Señor Todopoderoso, nuestro Dios.

F. ¿Nos dirigimos hacia esto?

Is. 30:9 Porque éste es un pueblo rebelde; son hijos engañosos,
hijos que no quieren escuchar
la enseñanza del Señor. 

10 A los videntes les dicen:
«¡No tengan más visiones!»,
y a los profetas:
«¡No nos sigan profetizando la verdad! Dígannos cosas agradables, 

profeticen ilusiones.
11 ¡Apártense del camino, retírense de esta senda,
y dejen de enfrentarnos con el Santo de Israel!» 

Ez. 33:30-33 

30 Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová. 31 Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. 32 Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. 

——————-

Clasificación de los Profetas

Clasificación por época histórica 

Los profetas en el Antiguo Testamento no siempre ministraron de la misma manera. Su función y mensaje varió según la etapa en que les tocó vivir. 

En base a esta consideración es importante distinguir entre grupos de profetas según los siglos de la historia hebrea en la que vivieron. Cuando repasemos el contexto histórico de cada etapa y lo contrastemos con el mensaje de cada profeta del período correspondiente, comprenderemos mejor por qué esta división no sólo es real sino también pedagógicamente provechosa.

Antes de la Monarquía (Antes del S. XI). Aquí caen desde Enoc hasta profetas anónimos (I Sam. 13:6), pasando por Moisés y Débora (sí, también había profetisas).

Monarquía hasta el período Asirio (S. XI al IX AC). Aquí tenemos gente como Samuel y Natán y, por supuesto, Elías y Eliseo. Su mensaje era primordialmente hablado y es poco o nada lo que tenemos registrado por escrito de sus mensajes. En este período los profetas parecen haberse convertido en una especie de asesores al Monarca y, con el paso del tiempo, algunos algunos llegaron a ser verdaderos “profesionales” de la profecía.

Monarquía (S. VIII y VII). Desde el punto de vista de nuestro estudio, ésta época es probablemente la más importante. En ella se dan importantes cambios. 

Primero, los mensajes eran dirigidos al pueblo israelita y a las naciones vecinas. 

Segundo, con ellos aparecen las profecías escritas. (Como veremos más adelante esto no  indica que fueron los mismos profetas quienes registraron sus mensajes). Tercero, los “hijos de los profetas” se hacen menos prominentes, quizás por haberse “profesionalizado.” Se denuncian las profecías de los “falsos profetas”.

Durante este período de tiempo ocurren hechos de grandísima importancia:

1. Pecado creciente en Israel y en Judá.

2. Poderío creciente de naciones vecinas (Asiria, Babilonia, Persia)

3. Destrucción de Samaria (722 AC).

4. Destrucción de Jerusalén (586 AC).

La mayoría de los Profetas Menores que estudiaremos pertenecen a este período, así como Isaías y Jeremías.

Exilio (597-538AC). Ezequiel, Daniel y la Segunda Parte de Isaías (40-66).

Post – Exílio (538-450 AC). El resto de los Profetas Menores (Hageo, Zacarías y Malaquías)

Clasificación por tamaño

Curiosamente no es por su clasificación histórica sino por su tamaño que conocemos a los “Profetas Menores.” El nombre se lo adjudicó Agustín en el S. IV y, por supuesto, no hace referencia a la importancia de esos hombres (como parece recibirlo la Iglesia de hoy), sino por la extensión de los documentos.

Cuando la encuadernación de libros como los conocemos hoy no existía, los documentos escritos se conservaban en rollos de papiro o de piel. Los libros de los que llamamos profetas mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel) tenían la suficiente extensión como para ocupar un rollo completo. No así los “Menores.” De hecho, estos 12 libros estaban todos ubicados en un solo rollo, de ahí el nombre que le daban los judíos. Ellos se referían a los Profetas Menores como “El Libro de los Doce Profetas.”PROFETAS MENORES

Los Doce y su idea central

Amós – La justicia de Dios.

– Profeta Político

Oseas – El amor de Dios (“Hesed”) por Israel

– Profeta de la Gracia

Jonás – El amor de Dios por los gentiles

– Profeta de la Desobediencia

Joel – El día de Dios 

– Profeta Escatológico

Abdías – El Reino de Dios 

– Profeta Político

Miqueas – El culto a Dios

– Profeta Político

Nahum – El castigo de Dios

– Profeta de la Reconstrucción

Habacuc – La experiencia con Dios

– Profeta Místico

Sofonías – La ira de Dios

– Profeta Político

Hageo – El Templo de Dios

– Profeta  de la Reconstrucción

Zacarías – El plan de Dios

– Profeta Político

Malaquías – El mensajero de Dios

– Profeta PolíticoANUNCIOS

pregunta@biblikka.com

Redentor 104.1 FM

1 de julio, 2019

San Juan, Puerto Rico

Jose R. Martinez-Villamil MD. MDiv.

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial