Grandes Mensajes… #5

Al Profeta de quien hablaremos hoy, probablemente no lo hubiéramos invita a predicar en nuestras iglesias. Su mensaje nos hubiera parecido demasiado… político… demasiado radical. También podría ponernos ansiosos que su descarga principal caería sobre los más pudientes en nuestra congregación. 

De la misma forma nos hubiera padecido mal la manera tan fuerte en que trataría a los líderes políticos y religiosos.

Bueno, en resumidas cuentas, el profeta del que hablamos hoy no era muy tolerante, ni políticamente correcto.

Hoy continuamos la serie GMPP.

I. La importancia del Antiguo Testamento: ¿Prólogo o “Primera Parte”

II. Ministerio profético: Sufriendo POR Dios (por causa de Dios),

III. JONÁS

IV. Amós

Su persona

Su nombre significa “carga” o “el que lleva una carga.”

No era un profeta de profesión, como bien aclara él mismo en la conocida frase: “Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que cuido ovejas y cultivo higueras. 15 Pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel.”  (7:14-15), lo que probablemente significa que no pertenecía al “gremio” de profetas “profesionales” o a la escuela de profetas, como tampoco su padre.

Amos trabajaba como pastor en Tecoa (1:1)  una villa a unos 10 Km. (6 millas) al sur de Jerusalén. Tecoa, nombre que se refiere al pueblo y también a la región, no era un lugar insignificante como lo demuestra el hecho de poseer una fortaleza hecha bajo Roboam (II Cro. 11:6).

Amós trabajaba tanto en la ganadería como en la agricultura. Era un hombre “de campo”, de la vida rural. Las palabras usadas para describir su trabajo indican no tanto la labor directa del cuidado específico del ganado, sino que sugieren una responsabilidad mayor. Se dedicaba a la crianza de una especie de oveja, de poco tamaño pero cuya lana era de alta calidad. También trabajaba como “pinchador” de sicómoros (una varied de higos), procedimiento que ayudaba a que el fruto se madurara.

De modo que Amós era, en términos de hoy, un “laico,” un hombre de negocios a quien Dios llama al ministerio. Dicho ministerio dura poco tiempo, dos años como máximo. Parece ser que la proclamación del profeta Amós culminó con el mencionado terremoto en el capítulo 8 (caps. 7-9), de consecuencias terribles y aún recordado por Zacarías tiempo después (Amós 8:8; Zac. 14:5).

Amós 8.8 (NVI): ¿Y con todo esto no temblará la tierra? 

¿No se enlutarán sus habitantes? 

Subirá la tierra entera como el Nilo; 

se agitará y bajará, 

como el río de Egipto

Zacarías 14.5 (NVI): Ustedes huirán por el valle de mi monte, porque se extenderá hasta Asal. Huirán como huyeron del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. 

Escritor

Amós es uno de los primeros profetas, si no el primero, en dejar su legado por escrito. Fue también el primero en profetizar la futura destrucción del Reino del Norte unos 30 años después. 

Recordemos, Amós era natural del Reino de Judá pero Dios lo llama a profetizar en y en contra del Reino del Norte (Israel). Una posición delicada. ¿Por qué profetizar arriesgando su vida? Porque Dios le había hablado a Amós y, por lo tanto, él tenía que hablar (7:14,15; 3:7,8).

7 En verdad, nada hace el Señor omnipotente 

sin antes revelar sus designios 

a sus siervos los profetas. 

8 Ruge el león; 

¿quién no temblará de miedo? 

Habla el Señor omnipotente; 

¿quién no profetizará? 

Como características personales de Amós podríamos señalar, según intuimos por su breve libro, un corazón ardiente y valeroso. Cuando la situación lo ameritaba, sus palabras podían ser muy fuertes como demuestra, por ejemplo, el pasaje de las “vacas gordas de Bazán”.

4:1 Oigan esta palabra ustedes, vacas de Basán, 

que viven en el monte de Samaria, 

que oprimen a los desvalidos 

y maltratan a los necesitados, 

que dicen a sus esposos: 

«¡Tráigannos de beber!» 

APLICACIÓN 1

La actitud de Amós ante su llamado es probablemente la de los verdaderos siervos de Dios. Mientras la persona arrogante y llena de sí mismo pudiera ver su llamado como una puerta al protagonismo o como premio a sus virtudes, los de espíritu humilde reaccionan igual que Amós. Igual que otros siervos de Dios en la Biblia.

1. Moisés – “no sé hablar”

2. Jeremías – “soy niño”

3. Pablo – “me tuvo por fiel”, “el más insignificante de los apóstoles.

4. Amós – “Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino que cuido ovejas y cultivo higueras.” (7:14) 

Los verdaderos siervos de Dios son los primeros sorprendidos ante su llamado. Y no por una falsa humildad, tan evidente en muchos, sino por la genuina conciencia de su ineptitud e incapacidad para la tarea a la que Dios los llama. 

APLICACIÓN 2

Por lo dicho arriba es que es tan importante comprender que, si de verdad es Dios quien llama, no lo hace por nuestra capacidad sino por su gracia soberana, comprometiéndose a suplir lo mucho que nos falta para servirle bien. 

Estas son las personas que viven conscientes de la verdad en las Palabras de Jesús a Pablo: “mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor. 12:9).

La persona así llamada no se jactará de lo que Dios ha hecho a través de ella ni se encargará de que todos se enteren de los resultados de su ministerio. Y esto será así porque, en primer lugar desea sincera y profundamente que sea Dios el glorificado y, segundo, porque sabe, como Pablo…

Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. (1 Cor. 15:10).

Su tiempo

Amós vivió aproximadamente 200 años después de la división del reino. Fue una época interesante el que le tocó vivir a Amós. Durante este tiempo aumentó el orgullo nacional en el Reino del Norte (Israel) gracias a importantes cambios en los ámbitos geopolíticos y económicos.

El ministerio de Amós se desarrolla cuando Uzías reinaba en Judá y Jeroboam II en Israel (1:1). Por la historia sabemos que sus reinos coincidieron entre los años 767 y 753 a.C. Por lo tanto el ministerio de Amós transcurrió durante la década del 760 al 750 a.C., casi 200 años después de la división del Reino y apenas 30 años antes de la invasión Asiria. Su ministerio coincide en el tiempo con el de Isaías (que profetizó en el Reino del Sur (Judá).

Internacionalmente, los cambios que recién se habían dado en el panorama político eran muy importantes. Filisteos, edomitas y moabitas habían recuperado su independencia. En el 805 a.C. el rey de Asiria (Adad-Nirari III) derrotó a Siria. Gracias a esto la amenaza de los vecinos del norte, Siria, fue acallada. Posteriormente, también el poderío asirio se debilitó por un tiempo. 

Esto dejó a Israel libre de presiones internacionales importantes lo que propició un ambiente de tranquilidad y prosperidad. Como ya dije, Jeroboam II era el rey de Israel en este tiempo y, conforme a la profecía de Jonás (II Rey. 14:25) logró restablecer las fronteras de Israel hasta el Mar de Arabá . Durante este tiempo de bonanza política el rey logró extender los dominios del reino hasta alcanzar los que tenía Israel bajo Salomón (II Re. 14:23-29). 

Económicamente esto tuvo sus efectos. La paz le dio a Israel dominio sobre importantes rutas comerciales y la riqueza llegó a la nación del Norte, aunque esta riqueza cayó en manos de unos pocos comerciantes.  La prosperidad que llegó fue interpretada como evidencia del favor de Dios. Pero junto a la prosperidad aumentaron también la impiedad hacia Dios y la injusticias hacia los pobres.

Es por eso que buena parte del contenido del libro de Amós es de juicio. La preocupación por la Ley de Dios y por el buen trato hacia los pobres llevó a Amós, por instrucción divina, a dirigir mensajes de gran fuerza contra Israel, contra naciones vecinas y contra algunas personas de importancia.  

Su libro

El libro de Amós tiene 9 capítulos que podríamos resumir de esta manera:

1. Rugido de León (1:1- 2:16) – Sermones

2. Juicio a Israel (3:1-6:14) – contra faltas a la ley de Dios y contra la complacencia religiosa.

3. Juicio de Dios (7:1-9:15) – Visiones.

Ahora pasamos a considerarlo de forma expositiva.

I. Rugido de León (1:1- 2:16)

Amos oye el “rugido de león” (1:2; 3.4, 8). Se anuncia un juicio inminente.

Juicio a 6 naciones vecinas. Crímenes contra la humanidad.

Juicio a Judá e Israel – dejaron la Ley de Jehová.

1: 1-2 Introducción; ruge el león

Ruge el Señor desde Sión; 

truena su voz desde Jerusalén.

1:3-2:16 Comienza una larga sección donde varias naciones son llamadas a juicio. Los pecados de ellas son mencionados utilizando una fórmula  poética de la literatura antigua del cercano oriente que en la RV60 se traduce literalmente:“Por 3 y por 4…” , patrón común aunque sólo se mencione uno de los pecados (y no tres ni cuatro). A ésta mención le sigue la promulgación de juicio. Por ejemplo:

1:3 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque trillaron a Galaad con trillos de hierro. 4 Prenderé fuego en la casa de Hazael, y consumirá los palacios de Ben-adad. 5 Y quebraré los cerrojos de Damasco… (etc.)

En la NVI esta “fórmula”   se traduce de una manera en la que podemos entender su significado.

3 Así dice el Señor: 

«Los delitos de Damasco han llegado a su colmo;

por tanto, no revocaré su castigo…

En sus profecías de juicio, Amós dirigió sus palabras primero a las naciones paganas que rodeaban a Judá y a  Israel. Luego a Judá, su propio pueblo, y por último a Israel. Lo hace siguiendo un orden geográfico y en círculo, contrario a las manecillas del Reloj.

Con el ministerio profético de Amós se da un cambio significativo en el alcance de los profetas judíos. Hasta aquí los profetas de los que leemos en el Antiguo Testamento dirigen su mensaje al pueblo de Dios, como por ejemplo Elías, Eliseo y Samuel. Pero esto cambia con Amós. Con el juicio de Dios sobre las naciones paganas Amós está siendo el primero de los profetas en extender la “jurisdicción” de Jehová sobre las naciones paganas. Esta costumbre continuará en los profetas posteriores.

1:3-5 Juicio contra Damasco. Primero en la lista está Siria, que recientemente ha atacado Galaad, al norte de Israel.

6-8 Juicio contra Gaza. Esta ciudad aquí representa a los filisteos, históricos enemigos de Israel y pueblo eminentemente guerrero. La acusación contra Gaza (igual que contra Tiro) es la de vender esclavos.

9-10 Juicio contra Tiro, ciudad-estado fenicia. 

11-12 Juicio contra Edom. Sus pecados: Crueldad, fratricidio (ignorar los lazos de sangre con Israel) e ira.

13-15 Juicio contra Amón. La crueldad en la guerra alcanza su más terrible expresión con el asesinato de mujeres embarazadas junto con sus bebés. La próxima generación queda, de esa manera, eliminada junto a la nueva con un sólo golpe de la espada.

2: 1-3 Juicio contra Moab. Moab peca de sacrílega al profanar las tumbas que los Edomitas consideraban sagradas.

4-5 Juicio contra Judá. Rechazo a la Ley de Dios, distintivo de Israel y al llamado de Jehová a ser un pueblo diferente: luz a las otras naciones.

6-16  Juicio contra Israel. La irreligiosidad de Israel llega a su máximo cuando hasta los nazareos y profetas, representativos públicos del culto a Dios son molestados. 

Sobre este juicio se habla en detalle a partir del capítulo tres.

II. Juicio a Israel (3:1-6:14)

Motivos para el juicio a Israel

A lo largo de estos cuatro capítulos escucharemos los oráculos de juicio y castigo que Amós, como vocero de Dios, proclamará. Creo que entenderemos y apreciaremos más estos mensajes si pausamos brevemente para explica las causas por las que este juicio vendrá.

1. Abusan de la ley al sobornar a los jueces. El equivalente moderno de la frase “precio de un par de zapatos” sería algo como “por un par de centavos”. ¡Entonces las sandalias (calzado) eran baratas!

2. Injusticia social – Abusan de los pobres.

3. Abandono total de la religión al participar de prácticas no sólo inmorales en sí mismas (padre e hijo allegándose sexualmente a la misma mujer), sino también por la relación de estas prácticas con el culto a Baal. Este culto se caracterizaba, entre otras cosas, por orgías bañadas de alcohol ante el altar de la fertilidad.

Amós dirige su mensaje contra faltas a la ley de Dios, contra la complacencia religiosa y contra la injusticia. Por primera vez es la nación (Israel) el objetivo de la acusación. Las faltas mencionadas, relacionadas con el    , no representan violaciones específicas a la Ley, pero sí a su espíritu solidario. 

Viendo esto podemos entender mejor porqué el momento del juicio no puede tardarse más.

Volvamos al texto…

3: 1-2 El Pacto es iniciado unilateralmente, pero es una

relación bilateral. Israel no ha cumplido su parte.

3-6 ¿Dos juntos y en desacuerdo?  

Juicio de Dios a su pueblo: Una serie de pares de eventos (causa y efecto o, mejor aún, evento y consecuencia) son mencionados y van preparando el camino para presentar el juicio de Jehová como algo inevitable. 

4 ¿Ruge el león en la espesura 

sin tener presa alguna? 

¿Gruñe el leoncillo en su guarida 

sin haber atrapado nada? 

5 ¿Cae el pájaro en la trampa 

sin que haya carnada? 

¿Salta del suelo la trampa 

sin haber atrapado nada? 

6 ¿Se toca la trompeta en la ciudad 

sin que el pueblo se alarme? 

¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia 

que el Señor no haya provocado? 

7-8 El león ruge (v. 4,8) – 

Igualmente es imposible para el profeta que, una vez recibido el mensaje, se lo quede  callado. El “fuego en mis huesos” de Jeremías es un rugido de león con Amós. Jehová ha hablado. ¿Podrá callar Amós?

9-15 Contra Samaria. La historia de Samaria es una que refleja la desgracia del pueblo de Dios. Luego de la división del pueblo en el año 931 AC. Jeroboam (el primer rey con ese nombre), arquitecto de la separación y primer rey, establece con su mal ejemplo un patrón de desobediencia que sus sucesores imitaron fielmente. La capital de este reino pasó de Siquem a Tirsa y finalmente a Samaria, que fue construida y fortificada por Omri (885-874 AC) en una colina de unos 100 metros de altura. 

Jeroboam es también el responsable de una nueva etapa de maldad en Israel al casar a su hijo Acab con la perversa Jezabel (de Fenicia). La tónica de esta pareja marcó a Israel por mucho tiempo. Acab continuó en Samaria las obras comenzadas por su padre. 

Como  ya se ha explicado, para los tiempos de Amós (más de 100 años después de la fundación de la ciudad) Samaria ha llegado a su clímax de prosperidad. La riqueza y el lujo abundan. Las múltiples viviendas son el privilegio de unos pocos.

Pero a la bella ciudad le ha llegado su hora. Samaria será totalmente destruida y las naciones vecinas (v. 9) son invitadas a ver la destrucción. La ciudad está muy bien fortificada para protegerle de sus enemigos externos, pero los enemigos de adentro (pecado, desobediencia y corrupción) le han acabado. La destrucción alcanzará los altares (Bet-el, Gilgal) y los hogares del pueblo.

4: 1-3 Vacas de Basán. Amós parece girarse ante su audiencia y dirigirse ahora de manera específica a las mujeres de la ciudad. Ellas son consideradas por Dios no sólo como cómplices sino como autoras  de la opresión e injusticia. Sus ansias de lujos y de excesos en la bebida eran satisfechos a través de aumentar la opresión sobre los pobres. La expresión “vacas de Basán” es una forma de referirse a una raza de vacas de abundante carne.

4-5 Invitación… ¿A adorar? Con no poca ironía Amós usa el lenguaje de la usual convocatoria a la  adoración para llamar al pueblo … ¡A pecar! Betel y Gilgal eran los lugares de adoración. Es muy probable que el escenario sea el de una importante fiesta al que todo el pueblo ha sido convocado. Amós está allí (nos preguntamos si en sus negocios) y tiene que hablar.

4 »Vayan a Betel y pequen; 

vayan a Guilgal y sigan pecando. 

Ofrezcan sus sacrificios por la mañana, 

y al tercer día sus diezmos. 

5 Quemen pan leudado como ofrenda de gratitud 

y proclamen ofrendas voluntarias. 

Háganlo saber a todos, israelitas; 

¡eso es lo que a ustedes les encanta! 

—afirma el Señor omnipotente—.

6-11 Oportunidades perdidas. A veces nos sorprendemos cuando el juicio de Dios cae sobre una nación o persona. La mayoría de las veces ignoramos la larga trayectoria de pecados y de desoídos llamados al arrepentimiento que precedieron al juicio. Cada castigo en esa trayectoria era una invitación al arrepentimiento, una llamada a reconsiderar cuando aún había esperanza. De eso se trata esta sección del libro de Amós. Muchas veces Dios les había castigado, avisándoles que se arrepintieran. Pero NO se arrepintieron a pesar del castigo (6,8,9,10,11).

6 »Yo les hice pasar hambre en todas sus ciudades, 

y los privé de pan en todos sus poblados. 

Con todo, ustedes no se volvieron a mí 

—afirma el Señor—. 

7 »Yo les retuve la lluvia 

cuando aún faltaban tres meses para la cosecha. 

En una ciudad hacía llover, 

pero en otra no; 

una parcela recibía lluvia, 

mientras que otra no, y se secó. 

8 Vagando de ciudad en ciudad, iba la gente en busca de agua, 

pero no calmaba su sed. 

Con todo, ustedes no se volvieron a mí 

—afirma el Señor—. 

9 »Castigué sus campos con plagas y sequía; 

la langosta devoró sus huertos y viñedos, 

sus higueras y olivares. 

Con todo, ustedes no se volvieron a mí 

—afirma el Señor—. 

10 »Les mandé plagas 

como las de Egipto. 

Pasé por la espada a sus mejores jóvenes, 

junto con los caballos capturados. 

Hice que llegara hasta sus propias narices 

el hedor de los cadáveres. 

Con todo, ustedes no se volvieron a mí 

—afirma el Señor—. 

11 »Yo les envié destrucción 

como la de Sodoma y Gomorra; 

¡quedaron como tizones arrebatados del fuego! 

Con todo, ustedes no se volvieron a mí 

—afirma el Señor—. 

12 »Por eso, Israel, voy a actuar 

“… No os volvisteis a mí.”  Recuerden cuando hablábamos del dolor de Dios. Espero que puedan percibir el dolor en estas palabras. Estas palabras reflejan el pesar del amado abandonado, del padre desobedecido. Y Amós transmite las palabras y el sentimiento. ¿Sentiría Amós también ese dolor?

APLICACIÓN

¿Cuántas veces. Ha querido Dios llamar nuestra atención y no le hemos hecho caso?

En el caso del cristiano, no vivimos aterrorizados esperando un castigo inminente. el trato de Dios con nosotros es diferente. Para los que vivimos bajo la gracia De Dios, las llamadas de atención de parte del Señor no son una advertencia de juicio, como el caso de Israel, son invitaciones amorosas al arrepentimiento y a la restauración. Pero eso no quiere decir que Dios no use medidas correctivas. Como luego leemos en Hebreos, el Padre que ama, castiga

Hebreos 12.5–8 (RVR60): Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, 

Ni desmayes cuando eres reprendido por él; 

 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, 

Y azota a todo el que recibe por hijo. 

7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 

Cuando Dios nos disciplina, recordemos, no es un castigo. Es instrucción. Son medidas correctivas para nuestro beneficio espiritual.

Hebreos 12.10 (NVI): En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad.

Es de eso de lo que también habla el conocido pasaje en Romanos 8

Romanos 8.28–29 (NVI): 28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. 29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 

A veces confundimos el trato De Dios con el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento con el trato hacia nosotros, los que nos hemos convertido a Cristo. No es que Dios sea diferente en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Pero sí su trato. Estamos bajo un Nuevo Pacto.

En el Antiguo Testamento el trato De Dios con el pueblo de Israel es en base a un pacto, el Pacto de la Ley. En el Nuevo Testamento el trato de Dios con nosotros es a través de Cristo, de su gracia. La obra salvadora de Cristo (perdón, redención, adopción, justificación) nos identifica no como “pueblo De Dios” en el Antiguo Testamento, sino como hijos de Dios. Y así nos trata.

Así que, repito, cuando somos sometidos a disciplina por parte de Dios es con un fin correctivo, no punitivo.

A pesar de eso, no debemos ser como el pueblo de Israel de los tiempos del profeta Amós, resistentes a la disciplina divina, sino dóciles y humildes, como buenos hijos ante un buen Padre.

Pero volvamos al texto de Amós.

En el capítulo cuatro Amós vuelve con un serio llamado:

4:12 “Prepárate para venir al encuentro con tu Dios…” 

El festival religioso que se celebraba en Israel tenía como propósito renovar la relación con Dios. Amós invita a un encuentro… ¡Pero ahora se trata de un encuentro de juicio, pues Dios es capaz de cumplir su juicio! (v. 13)

13 He aquí el que forma las montañas, 

el que crea el viento, 

el que revela al hombre sus designios, 

el que convierte la aurora en tinieblas, 

el que marcha sobre las alturas de la tierra: 

su nombre es el Señor Dios Todopoderoso.

De paso,  ¿no es 4:13 una hermosa descripción de Dios?

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