La iglesia virtual

#1

Arrollados por un camión.

Estoy seguro que muchos de nosotros, pastores y líderes, hemos quedado estupefactos, preguntándonos: ¿dónde está el camión que me arrolló?

 La fuerza avasalladora con que hemos sido golpeados por la presente pandemia, nos han tomado por sorpresa y ahora, de buenas a primeras, nos encontramos comunicándonos virtualmente y utilizando las redes sociales como nunca antes. Palabras como virtual, facetime y zoom se han añadido a otras como pandemia, CoVid y confinamiento, expandiendo nuestro vocabulario de todos los días.

 Junto a esto nos llegó la prohibición de salir, la limitación en las reuniones, las mascarillas obligatorias y, ¡por amor de Dios!, el “saludo pandémico”: chocar codos en lugar de darnos la mano

 La mayoría de nosotros no estaba preparada para esto.

 La mayoría de nosotros continuaba mirando con algo de extrañeza y de recelo las nuevas oportunidades para el ministerio que nos brindan Internet y las redes sociales. Ahora, de golpe y porrazo, hemos tenido que convertirnos en expertos en comunicación digital aunque aun no estamos seguros de qué hacer ni de cómo hacerlo.

 La verdad sea dicha, buenas intenciones no nos han faltado. El resultado de nuestro esfuerzo ha logrado cumplir su cometido principal: mantenernos en contacto con nuestra familia en Cristo. Pero, al hacerlo, hemos cometido un error básico pero importante: hemos transplantado nuestros formatos de culto presencial al espacio virtual.

 Se nos ha olvidado lo dicho por McLujan:  “el medio es el mensaje”.

#2

No es lo mismo. No se hace igual.

Sabemos que hay que aprovechar la oportunidad que nos brinda la pandemia y el recurso disponible en la tecnología. Sabemos también que tenemos que continuar predicando, enseñando y cuidando. Pero desconocemos el como hacerlo.

He intentado mantenerme informado sobre lo que hace falta para que, como iglesia, continuemos llevando adelante nuestra tarea con efectividad. Como resultado de mis lecturas y de mi práctica, así como de una gran cantidad de errores, he aprendido algunas cosas que quisiera compartir con todos aquellos que todavía se encuentran «perdidos en el espacio” cibernético pandémico.

No es lo mismo. No se hace igual.

Nuestro primer error no ha sido de tecnología sino de filosofía. Hemos transplantado nuestros formatos de culto presencial al espacio virtual.

 He visto cultos online donde hasta (casi) ¡se pasa el plato de la ofrenda! Bienvenida, oración, saludo (o bienvenida #2), alabanzas, lectura bíblica, predicación, llamado y despedida con bendición pastoral incluida (¡faltaría la doxología!).

 En el 1964 Marshall McLuhan, Profesor de literatura y de teoría de la comunicación, publicó el libro Understanding Media: The Extensions of Man (Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano) en donde acuñó la famosa frase: “el medio es el mensaje”. 

 La tesis de McLuhan no es complicada de entender, pero quizás sí de visualizar: en la comunicación el contenido no es lo único importante. El medio también lo es. El medio por el que se transmite el mensaje lo afecta significativamente.

 Ya que “el medio es el mensaje” tenemos que ver las adaptaciones necesarias para nuestra misión en esta “nueva normalidad”.

#3

¿Qué está sucediendo?

 Según se fue aclarando la realidad de lo que significa una pandemia y los gobiernos reaccionaron con sus medidas protectoras, la sociedad se vio frente a una nueva realidad: Nuestra movilidad se restringió, las reuniones de grupos grandes se prohibieron, las escuelas cerraron así como tiendas y teatros.

Luego de un escepticismo inicial comenzaron a difundirse informes de países, España entre ellos, de un número creciente de contagiados y de muertos. Por algunos días fallecieron casi mil personas diarias en España.

Los efectos en el ciberespacio no se hicieron esperar. 

Por ejemplo, en la plataforma de Zoom se experimentó un crecimiento exponencial (aunque la noticia de los 300 millones de usuarios en abril probó ser falsa).

Además…

– Las comunicaciones vía internet se multiplicaron.

– El ancho de banda disponible a nivel nacional se redujo.

– Las formas de comunicación visual comenzaron a utilizarse como nunca antes.

– Zoom se convirtió en una palabra de uso diario.

– La enseñanza online aumentó en un cincuenta por ciento.

– Aumentó rápidamente el consumo de series y películas en plataformas como Netflix.

– El comercio electrónico explotó (pregúntenle a Jeff Besos, el de Amazon).

– Y un larguísimo etcétera.

Después de algunas semanas, las iglesias comenzaron a reaccionar, transmitiendo sus cultos (vía facebook, Zoom, Youtube, etc.). A pesar de lo extraño que resultaba tener el culto en la casa (¡hasta la Santa Cena), miles de creyentes se unieron desde sus casas con otros creyentes a través de la red. La iglesia se sustituyó por la pantalla.

 También, ante un escenario muchas veces calificado de apocalíptico en los medios, simpatizantes y no creyentes con más preguntas que respuestas, se unieron a este fenómeno para formar una “multitud que nadie podía contar”.

El número de asistentes virtuales se disparó. Algunas iglesias con una asistencia regular más bien reducida comenzaron a reportar que alcanzaba a cientos y aun a miles de personas. Comenzaron los rumores de un mover de Dios especial, de un avivamiento. No faltaron los que echaron sus campanas al vuelo y veían el “propósito de Dios” en lo que estaba sucediendo: “Dios permitió la pandemia para que…”

La realidad en muchos de estos casos era muy diferente.

#4

¿Cómo lo estamos haciendo?

 El regocijo por los efectos logrados con “la iglesia virtual” están justificados, al menos en parte.

 Sin lugar a dudas la difusión del mensaje cristiano se extendió. Personas que quizás nunca nos visitaría en nuestro lugar de adoración están asistiendo a las reuniones virtuales. Así como sucedió en la empresa privada, las iglesias se han visto forzadas a acelerar su transición al siglo XXI. “Todos a Facebook” (o a Zoom, o a Google…) se convirtió en el grito de batalla.

 Aunque hay razones para la alegría, debemos atemperarlas un poco. Quizás lo que sigue nos ayuda.

 1. “Personas alcanzadas” en Facebook no habla de los que participaron sino de aquellos que fueron expuestos (a la oportunidad de participar) a los cultos.

2. En los videos presentados (de actividades pre-grabadas) una cifra más confiable es el “número de reproducciones”, aunque aun esto no garantiza que el video se vio en su totalidad.

3. Ya sabemos que entre los que están viendo el video es común la multitarea, se aprovecha para ver el correo, las noticias, actualizar Facebook, leer y enviar mensajes, etc.

 Ahora que en algunos lugares estamos regresando a una “nueva anormalidad” so comienzan a ver los resultados de esta etapa.

1. Nos hemos acostumbrado al sofá. Solo el 30 por ciento de las iglesias ha decidido abrir sus puertas.

2. La asistencia en las que sí abrieron está siendo del cuarenta por ciento de la que debería (a pesar de los requerimientos de límite de aforo).

3. Muchos miembros están viendo la asistencia online como sustituto de la presencial.

4. Aunque un 77% de las iglesias  están teniendo un ministerio online, solo el 58% provee cuidado pastoral, 54% oportunidades para el servicio, 52% grupos online, 28% invitan al bautismo, 25% ofrecen clases a nuevos miembros, 25% células, 10% acceso a ayudas, 4% consejería a largo plazo (“The State of Online Church”; https://churchleaders.com/ministry-tech-leaders/352830-the-gap-with-online-church-streaming.html).

 #5

Herramientas: ¿Qué?

 Ante de compartir sugerencias sobre como adaptar nuestros cultos a la realidad actual, tenemos que ver otro asunto importante: Las herramientas que necesitamos para la grabación y transmisión de nuestros videos y cómo utilizarlas

 Los expertos me van a perdonar. Mi lista se refiere a lo indispensable y sencillo que cualquier iglesia podría utilizar. Son solo ideas con las que podríamos mejorar, sin entras en especificidades.

 1. Cámara. Hoy en día los teléfonos disponen de cámaras capaces de grabar en alta definición. No siempre así  nuestros ordenadores.

 2. Sonido. Los expertos sugieren que esta es el área donde más podemos mejorar. El sonido que podemos obtener de nuestros teléfonos y ordenadores rara vez es el más adecuado. Se sugiere la compra de un micrófono. Este no tiene que ser costoso (se pueden conseguir por menos de 50€). Algunos hablan de los micrófonos USB y otros de los pequeños de solapa. En el caso de estos últimos tenemos que asegurarnos que pueden conectarse directamente sin la necesidad de pre-amplificación.

 3. Iluminación. La luz natural puede ser adecuada si nos da en el rostro y no es demasiado intensa. Si está detrás de nosotros hará que nuestra figura se vea oscura. Los que desean ir un poco más allá pueden conseguir iluminación LED para el rostro y, como muchos sugieren, algo de iluminación del área detrás de nosotros.

 4. Teleprompter. Esta herramienta es la que se usa en los telediarios. Consiste en una presentación del texto que se mueve según vamos leyendo. Hay aplicaciones baratas para esto. Una alternativa es hacerlo con un sencillo documento de texto que adelantamos nosotros mismos según leemos (sin que se vea la mano con la que lo hacemos). Debemos ubicar el texto lo más cerca de la cámara para que podamos mantenernos “mirando a la cámara” cuando leemos.

 

#6

Herramientas: ¿Cómo?

 1. Se aconseja que la cámara esté al nivel de los ojos y que el torso de quien habla ocupe una buena parte del espacio visual. 

2. Es imposible evitar totalmente lo impersonal de una grabación. Por eso es importante mirar directamente a la cámara. Si tenemos que cambiar nuestra mirada para mirar un texto se pierde este contacto visual. De ahí lo importante del teleprompter o de un sustituto. 

3. Al hablar, seamos auténticos, sin usar nuestra “voz de predicador” y mantener un estilo más informal que formal. 

4. Debemos reducir nuestra predicación a un máximo de 20 minutos. La “fatiga de Zoom” ha hecho aun más difícil mantener la atención a un monólogo en pantalla.

5. Sin que la predicación se convierta en una conferencia podemos utilizar alguna imagen (foto, texto) muy relacionado a nuestro tema para proveer un descanso visual.

6. Ya que el tiempo es corto, aprovechémoslo. Evitemos improvisar. Quizás sea necesario escribir la predicación para asegurar un buen contenido en el corto tiempo de que disponemos. Eso sí, practiquemos para que leamos con naturalidad. 

7. En cuanto al culto propiamente, su duración no debe sobrepasar una hora. Las secciones deben “fluir” con naturalidad, con transiciones suaves y bien pensadas.  

8. Debemos proveer variedad y calidad en la presentación. Por ejemplo, una iglesia de Barcelona presentó una breve reflexión grabada en el exterior con unas hermosas montañas de fondo. Incluir algún tipo de diálogo, sketch dramatizado o pieza musical de calidad o hasta algo de humor, enriquece la experiencia de adoración y añade a la variedad.

9. Se debe procurar alguna forma de interacción con los espectadores virtuales, por ejemplo, preguntas via chat, participación via telefónica o que se ore en vivo por las peticiones enviadas por los espectadores via chat.

10. Seguimiento y discipulado. Una de las faltas que más se nos señala es la casi total ausencia de un esfuerzo de seguimiento. Es como si asumiéramos que nos ven solamente los miembros de nuestra iglesia. Se debe al menos ofrecer la oportunidad de mantener el contacto a través del correo electrónico. Se deben ofrecer (online) estudios bíblicos de discipulado y clases para nuevos miembros.

#7

Grupos pequeños o células

1. Los grupos pequeños o células están siendo utilizados eficazmente en medio de la pandemia.

2. Bien desarrollados, los grupos pequeños o células pueden ser un medio poderoso de comunicación y de formación.  

3. Igual que las células con presencia física, pueden existir células virtuales para estudio, confraternización, adiestramiento, ministerio, oración, etc.

4. Los grupos pequeños o células pueden también servir para mantener la relación entre los hermanos mientras se guarda la distancia de seguridad durante la pandemia.

5. Una buena interacción puede darse en la célula virtual. Para esto es muy importante que quien haya convocado la reunión mantenga el orden sobre quien habla. El chat puede utilizarse para presentar preguntas o ideas incluso antes de que la reunión haya comenzado. 

6. Debe establecerse una forma regular y consistente para comunicar el día y hora de reunión. 

7. En los grupos pequeños de oración, las plataformas (como Zoom, por ejemplo) proveen para que el grupo se divida en grupos más pequeños (3-4 personas) para orar unos otros.

 8. Las células, especialmente las dedicadas al estudio bíblico, pueden ser sincrónicas o asincrónicas. En las células con enseñanza sincrónica los participantes reciben la enseñanza simultáneamente (en vivo o grabada). En las asincrónicas la enseñanza se provee a través de un video pre-grabado que los participantes pueden ver cuando deseen y comentar e interactuar en un foro, chat o reunión virtual.

 9. La comunicación entre los asistentes a un grupo pequeño no debe limitarse a la reunión sino que debe continuar a lo largo de la semana vía mensajes de textos, correos, etc.

 10. Los grupos virtuales pueden comenzar con tecnologías más sencillas, como los mensajes de texto y luego evolucionar hacia otras como Zoom.

#8

¿Qué del futuro?

En el último de esta serie nos aventuramos un poco a hablar sobre el futuro.

 ¿Hay alguna idea clara de lo que la sociedad va a experimentar en los próximos meses o años? ¿Cómo afectará todo esto a la iglesia? ¿Habrá que hacer algunos ajustes mayores en el futuro del ministerio cristiano?

 Hay varias cosas que podemos decir con algún grado de certidumbre.

 1. No hay nada en el horizonte que se pudiera calificar como «normalidad». La llamada nueva normalidad, un eufemismo para tranquilizarnos, en realidad representa una forma completamente diferente de vivir al menos por los próximos años.

 2. Aunque la perspectiva de una vacuna efectiva para el virus CoVid19 se anuncia con frecuencia, los expertos de fiar insisten en que una vacuna efectiva no existirá hasta bien entrado el año siguiente. Luego está el inmenso desafío de la vacunación a millones y millones de personas. De modo que, si de volver a la vida normal se trata, tendremos que esperar como pronto hasta el año 2023.

 3. Aunque por razones obvias el énfasis suele estar en la condición de salud de la comunidad, el resultado en la situación económica mundial todavía es incierto. Es muy probable que, aún terminada la crisis, el resultado de estos años será difícil de compensar. Nos tomará tiempo.

 4. En el área de la educación de nuestros niños y jóvenes los expertos nos dicen que es casi inevitable, al menos para la mayoría de la población, el librarse de rezagos académicos. El vacío que dejan meses sin asistir al aula no va a ser fácil de llenar.

 5. Dependiendo de cómo resulte la vuelta al salón de clases, es probable que se tenga que retomar la enseñanza a distancia con las consecuencias en la dinámica familiar que ya hemos experimentado.

 6. Está meridianamente claro que lo que llamamos «competencias digitales» tienen que desarrollarse mejor y más rápidamente en la población estudiantil. Igualmente se tendrán que hacer esfuerzos para que la población adulta y mayor también participen de este aprendizaje.

 7. Las universidades y seminarios teológicos seguirán examinando su filosofía de enseñanza así como su metodología. Según algunos expertos las decisiones a las que nos ha precipitado la pandemia se estarán evaluando. Sin embargo, muchos auguran que, a pesar de las ventajas que tiene la educación presencial, la enseñanza virtual y a distancia está aquí para quedarse no como una alternativa de emergencia, sino como una filosofía regular en el sistema educativo.

 8. El mundo eclesiástico también experimentará cambios. Quizás el punto principal a resaltar es que se aconseja que todas las congregaciones mantengan su presencia virtual en las redes sociales.

 9. Los cambios que se prevén van desde asuntos de menor importancia como la desaparición del boletín semanal impreso y la instalación de puertas automáticas en los templos, hasta otros de mayor envergadura que necesitarán una alteración significativa en nuestra fe filosofía de ministerio.

 10. Algunos expertos están sugiriendo con fuerza que la presencia digital de las iglesias debe mantenerse no simplemente continuando con la transmisión de sus cultos (en vivo o grabados), sino con una programación específicamente diseñada para las nuevas tecnologías. La recomendación consiste en que, independientemente del desarrollo de las limitaciones para congregarse físicamente, las iglesias deben mantener y desarrollar su presencia digital.

 11. Las iglesias deben plantearse la necesidad de establecer un programa digital paralelo al presencial de manera que todos, los que asisten física y virtualmente, puedan beneficiarse del ministerio de sus iglesias. Eso significará la continuación de reuniones de enseñanza bíblica, discipulado, oración y desarrollo de líderes virtualmente. Es probable que lleguemos al punto en que tengamos una congregación presencial y otra virtual.

 12. Se prevé que muchas personas decidan, al menos en el futuro inmediato y aun a mediano plazo, no regresar a congregarse físicamente en sus iglesias. Por eso será importante mantener activos los esfuerzos del desarrollo de un ministerio tecnológico.

 13. Si estas previsiones se hacen realidad, una de dos cosas va a ocurrir en el futuro de las iglesias. La primera es que la asistencia a las iglesias tanto física como virtualmente disminuirá con un impacto ministerial y financiero significativo en las congregaciones. En este escenario no se hacen ciertas las predicciones de un «gran avivamiento» como algunos pensaron. Antes bien la crisis presente habrá servido como un medio de cribaje en el que los verdaderos cristianos-discípulos serán los que permanecerán.

 14. En el otro escenario se visualiza a una iglesia que, en algunos casos por primera vez, aprenderá a ser iglesia: el cuerpo vivo de Cristo en medio de una comunidad necesitada a la que ahora podemos alcanzar y servir de maneras muy diferentes a las anteriores. Descubriremos, entre otras cosas, que un lugar de reunión o templo no es lo que define a la iglesia (lo sentimos por los “templarios” como les llama un amigo Pastor. 

 15. Descubriremos lo beneficioso que resulta en la vida cristiana la reunión en grupos pequeños para orar, estudiar y ministrarse unos a otros. Aprenderemos también diferentes formas de servir en esta nueva “anormalidad».

 16. También aprenderemos la necesidad del desarrollo de un ministerio «tecnológico». Algunas iglesias han entendido esto sin necesidad de la pandemia, pero otras se darán cuenta de la importancia de este nuevo acercamiento al ministerio cristiano a causa de la pandemia. Por esta razón los hermanos y hermanas con destrezas y conocimientos tecnológicos deberán integrarse, sea formal o informalmente, al ministerio regular de la iglesia. Ellos son clave en este momento y para el futuro.

 Por supuesto que la iglesia de Cristo estará en pie y seguirá adelante independientemente de lo que el futuro nos depare. Sea físicamente, virtualmente o hasta holográficamente (en el futuro), seguiremos adorando a nuestro Señor y proclamando por los medios que sea el mensaje glorioso y renovador del Evangelio. Hasta que Cristo venga…

#9 P.D. (postdata)

¡Los niños son diferentes!

Una (casi) omisión imperdonable. ¡En esta serie no había incluido nada sobre el ministerio online a los niños!

 Aunque algunos aspectos de lo mencionado hasta aquí se aplica a los niños, no todos. Y es que los niños son diferentes. Los niños no son “adultos pequeños” como una vez me dijo un Profesor de Medicina Interna.

 No solo son diferentes sino que el impacto de toda esta nueva anormalidad es mayor para ellos.

 Al pensar en cómo aprovechar la instrucción virtual para mantener a nuestros niños en contacto con la iglesia y continuando en su crecimiento espiritual debemos recordar lo siguiente.

 1. La capacidad de atención de los niños es menor que los adultos. Aunque sabemos que nuestros niños pueden pasar (si se lo permitimos) horas frente a la pantalla jugando o viendo dibujos animados, estos contenidos están preparados con los niños en mente y su contenido es el resultado de un proyecto profesional y con un presupuesto más generoso que el nuestro.

 2. Algunos sugieren una duración máxima de 10 minutos para los videos y de 20 minutos para la totalidad de una clase.

3. La capacidad de atención de los niños es diferente según la edad. Los niños más pequeños tienen una tolerancia menor al tiempo que pasan frente a la pantalla aprendiendo.

 4. La forma de presentar el contenido bíblico tiene que ser por supuesto diferente a los medios utilizados con los adultos. Una presentación en Power Point no es un buen método (¡tampoco para los adultos!).

 5. Los videos para niños deben estar bien planificados y estar llenos de actividad y energía.

 Así que, al desafío de adaptarnos al ministerio online, tenemos que añadir las peculiaridades de niños y jóvenes que hay que tomar en consideración a la hora de diseñar nuestro plan de enseñanza.

 OTROS CONSEJOS

1. Recordemos que aunque la mayoría de niños y jóvenes pueden disponer de mejores competencias digitales, no tienen la capacidad de discernir el valor del contenido que se les presente. Al usar Internet no podemos perder de vista que es un terreno peligroso como para que nuestros niños lo exploren solos.

 2. Debemos recordar que algunos padres no están capacitados para dirigir a sus hijos en el uso de la nuevas tecnologías. Una buena práctica podría ser preparar algunos videos explicativos para padres.

 3. Presentemos nuestro contenido en diferentes plataformas. Los usuarios en los hogares no necesariamente estarán dispuestos a cambiar sus hábitos digitales.

 4. Tenemos que invertir en algo de equipo para lograr al menos un mínimo de calidad en nuestros videos. Quizás varias iglesias podrían unirse para preparar un “estudio de grabación”.

 5. Si es posible incluya niños en sus videos, con la autorización de sus padres, por supuesto.

 6. En el caso de Plataformas como Zoom, podemos cambiar el fondo de nuestro video (es mucho más fácil de hacer de lo que parece). Usemos diseños atractivos y coloridos, si posible relacionados a la lección que presentaremos.

 8. Utilice elementos que provean interacción. Por ejemplo, preguntas que los niños puedan contestar al adulto que le acompaña, hacer sonidos de animales, ejercicios físicos, canciones con movimientos coreográficos.

 9. Pregunte a los niños y a los padres sobre el contenido que desearían para clases futuras.