Jesus según su amigo Juan #17

Jesus

No solo de Pan… (2)

Introducción:

Los de ustedes que escucharon el programa de la semana pasada se habrán dado cuenta de que un pasaje bíblico en principio sencillo es en realidad no difícil, pero sí más profundo de lo que parece.

Nos referimos a lo sucedido después de la multiplicación del pan y los peces en la ciudad de Capernaum según este Evangelio de Juan.

Hoy trataremos de explicar mejor y de aclarar un poco lo presentado la semana pasada. Pero, primero, repasemos.

 

I. Ubicación

v. 1 orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades)
v. 3 subió Jesús a una colina
vv. 4 – 15 multiplicación

vv. 16-21 camina sobre el agua
vv. 22 – 24 la gente subió a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a Jesús.
v. 25 – 59 Todo esto lo dijo Jesús mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm

 

II. ¿Cómo solemos ver este pasaje?

1. La matemática de Dios.2 + 5 = 10,000 + 12
2. La fe en Dios (o la falta de ella). – ¿qué es eso para tantos?
3. La provisión de Dios.

Todas estas apreciaciones al texto son correctas. Pero hay algo quizás más (importante, profundo, espiritual). Pero no debemos sentirnos mal ni confundidos. Los discípulos y otros seguidores de Jesús tampoco entendieron. Nuestra ventaja: Tenemos la narración completa y el contexto de todo el Nuevo Testamento. Expliquemos.

 

III. ¿Hay algún malentendido?

6:14 Al ver la señal que Jesús había realizado, la gente comenzó a decir: «En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo.» 15 Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo.

24 En cuanto la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a Jesús.
25 Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron:
—Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
V. 26-27 26 —Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. 27 Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre éste ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.

Luego, más adelante en el capítulo, vemos a Jesús hablando de sangre y de su carne como elementos a ingerir por aquellos que deseaban seguirle y el revuelo que estas palabras causaron (y que examinaremos en breve).

Pero antes hay que contestar una importante pregunta.

¿Por qué no interpretamos este pasaje literalmente? Esto es lo que hacen nuestros amigos católicos. Ya que no hay en Juan una narración sobre el establecimiento de la Santa Comunión al final del Evangelio de Juan, como es el caso de otros otros tres Evangelios, se presume que es aquí donde Jesús lo hace. Y es aquí, siguen diciendo, donde la doctrina de la transubstanciación queda claramente establecida.

Esta doctrina católica es la que afirma que, cuando el pan y el vino son presentados —consagrados— en la Misa (que se supone que es una renovación del sacrificio de Cristo.

“En ella el sacerdote celebrante, que representa a Cristo (alter Christus) consagra el pan y el vino pronunciando una fórmula sacramental (epíclesis) que causa la transubstanciación, transformándolos en el cuerpo y la sangre de Cristo.” WP

 

IV. Las razones para no interpretar así este pasaje son las siguientes.

1. La ubicación del pasaje en la narración. Como ya observamos el milagro de la multiplicación y la enseñanza que le siguió ocurrieron temprano en el ministerio de Jesús. En los Evangelios Sinópticos la enseñanza de la celebración de la Santa Cena ocurrió, como cabría esperar, al final del ministerio de Jesús y justo antes de su muerte. De esta manera la conexión del rito con su significado se hace obvia.

 

2. La interpretación que hacen los oyentes de Jesús (literal) no es confirmada por Jesús, pues el significado era otro. “ «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»” (6:52)

 

3. El significado espiritual estaba ligado, aunque fuera parcialmente, a la persona de Moisés y al maná que el pueblo israelita recibió en el desierto.

49 Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. 50 Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere.

58 Éste es el pan que bajó del cielo. Los antepasados de ustedes comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.

 

4. Las palabras aclaratorias de Jesús dejan claro que sus palabras tenían un significado espiritual

47 Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida.

50 Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. 51 Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva.

53 —Ciertamente les aseguro—afirmó Jesús—que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. 57 Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí, vivirá por mí.

63 El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.

 

5. La reacción de los discípulos.

60 Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?»
61 Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que había dicho, les reprochó:
—¿Esto les causa tropiezo? 62 ¿Qué tal si vieran al Hijo del hombre subir adonde antes estaba? 63 El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.

 

6. Es un asunto de creer o no creer

64 Sin embargo, hay algunos de ustedes que no creen.

66 Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él.

 

7. La reacción de Pedro.

68 —Señor—contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

 

8. La similitud de las palabras de Jesús aquí con las dichas a la samaritana.

35 —Yo soy el pan de vida—declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.

[como con la Samaritana 4:13…Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.]

 

V. ¿Hay algo más?: El significado es espiritual

A. Clave: EL PAN ES EL PROTAGONISTA
21 de las 26 veces de pan en Jn, 21 en el cap. 6
Comer / comida-+- 15
Comer / carne

B. Clave: EL PAN ES UNA PODEROSA IMAGEN
Pero… Elemento profético-didáctico
Como Moisés 6:31
Tentación del diablo
Poder-Identidad Mesías
Provisión – levadura
Apocalipsis – 2:17

Relación profunda 6:49, 68

48 Yo soy el pan de vida. 49 Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. 50 Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. 51 Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva.

68 —Señor—contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

 

VI. Hay algo más: ¡Jesús es el PROTAGONISTA!

V.4 Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.

V. 27 Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre éste ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.

30 —¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer?—insistieron ellos—. 31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer.”

v. 32 —Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo—afirmó Jesús—. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. 33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34 —Señor—le pidieron—, danos siempre ese pan.

v. 35 —Yo soy el pan de vida

35 —Yo soy el pan de vida—declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.

[como con la Samaritana 4:13…Cualquiera que bebiere de esta agua, volve)rá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.]

36 Pero como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen. (ver. v. 41-42) 37 Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo. 38 Porque he bajado del cielo [como el maná; Jesús es el “pan del cielo” v. 32-33] no para hacer mi voluntad sino la del que me envió.

48 Yo soy el pan de vida. 49 Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. 50 Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. 51 Yo soy el pan vivo que bajó del cielo.

 

VII. Pan y carne: confusión

41 Entonces los judíos comenzaron a murmurar contra él, porque dijo: «Yo soy el pan que bajó del cielo.» 42 Y se decían: «¿Acaso no es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que sale diciendo: “Yo bajé del cielo”?»

51 Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva.

52 Los judíos comenzaron a disputar acaloradamente entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53 —Ciertamente les aseguro—afirmó Jesús—que si no comen la carne del Hijo del hombre ni beben su sangre, no tienen realmente vida. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. 57 Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, también el que come de mí, vivirá por mí. 58 Éste es el pan que bajó del cielo. Los antepasados de ustedes comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.

 

VIII. Reacción

59 Todo esto lo dijo Jesús mientras enseñaba en la sinagoga de Capernaúm.
60 Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?»
61 Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que había dicho, les reprochó:
—¿Esto les causa tropiezo? 62 ¿Qué tal si vieran al Hijo del hombre subir adonde antes estaba? 63 El Espíritu da vida; la carne no vale para nada. Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida.

Pedro entiende… Al menos un poco

66 Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. Así que Jesús les preguntó a los doce:
67 —¿También ustedes quieren marcharse?
68 —Señor—contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios. (Var. el Cristo, el hijo del Dios viviente)

 

1. Palabra dura

60 ¶ Entonces, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: –Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?

Lo “duro” de esta palabra consistía en la relación íntima (“comer”, “permanecer”) con Jesús.

 

2. Palabra buena

63 El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

 

3. Palabra viva

68 Le respondió Simón Pedro: –Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

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