Jesus según su amigo Juan #23

Jesus

Introducción
El contexto

En toda la sorprendente historia de la resucitación de Lázaro vimos tres importantes enseñanzas para nosotros los cristianos.

1. Un Dios que llora.
2. ¿Un Dios que llega tarde? (Un Dios incomprensible y creyentes incrédulos)
3. Un hombre muerto y peligroso.

La siguiente escena en el hogar de los amigos de Jesús en Betania es la de una cena que se celebra en honor de Jesús.

Juan 12:1 Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien Jesús había resucitado. 2 Allí se dio una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él. 3 María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 
4 Judas Iscariote, que era uno de sus discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó: 
5 —¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres? 
6 Dijo esto, no porque se interesara por los pobres sino porque era un ladrón y, como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella. 
7 —Déjala en paz—respondió Jesús—. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura. 8 A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. 

“Las Marías”

Antes de entrar en nuestra historia propiamente es necesario dedicar algún tiempo a la identidad de la mujer que unge a Jesús (María, la hermana de lázaro).

Hay dos historias en los Evangelios en que una “María” unge al Maestro. De hecho son cinco las veces que aparece una escena de ungimiento de Jesús en los Evangelios, dos en Juan y una en cada uno de los Evangelios Sinópticos, todas con una mujer de nombre María como protagonista. ¿Se trata de la misma historia las cinco veces? Y, si es así, ¿se trata de la misma María en todas las narraciones?

La confusión respecto a las Marías mencionadas en estos versos es común. No sólo era el nombre de María el más común usado en  las mujeres de los tiempos de Jesús, sino que también los elementos de las diferentes narraciones de este evento en diferentes Evangelios son semejantes y hacen la confusión mayor. Hablamos por supuesto del uso de perfume y el uso del cabello de esta mujer para secar los pies de Jesús. Pero ahí terminan las similitudes.
Comencemos por Juan. En el capítulo 11:2 ya se hace una breve mención de lo sucedido más tarde en Betania. Específicamente se identifica a María, la hermana de Lázaro, como la que unge al Señor con perfume haciendo referencia a lo que ocurrirá un poco más tarde y que se narra en el  capítulo 12:1ss. De manera que es evidente que las dos menciones en Juan se refieren al mismo evento evento en Betania.

Expliquemos un poco más sobre lo sucedido en Betania en Juan 12 y en las narraciones de historias semejantes en Marcos 14, en Mateo 26 y en Lucas 7.

La forma de aclarar este asunto es comparando el texto en los diferentes evangélicos. Esta pregunta nos da oportunidad para hablar un poco sobre cómo investigar narraciones paralelas en los diferentes evangelios. De manera que mantendremos brevemente el suspenso sobre las Marías mientras tanto…

Sabemos que, especialmente entre los Evangelios Sinópticos, se dan narraciones semejantes y a veces hasta idénticas. Una vez, que, comparándolas en su contexto nos convencemos de que se trata de narraciones del mismo evento, podemos realizar una comparación detallada que nos ayudará a enriquecer la historia gracias a los detalles que no todos los evangelistas mencionan. Por ejemplo, al comparar la historia del “joven rico” en sus diferentes versiones en los Evangelios, podemos saber que el protagonista era joven y rico, que llegó corriendo hasta Jesús y que se arrodilla delante de Él.

Ahora bien, no todos los eventos semejantes en los Evangelios se refieren al mismo acontecimiento. Quizás el ejemplo más fácil de explicar es el de la limpieza del Templo. Jesús actúa contra los mercaderes del templo en dos ocasiones, una al principio de su ministerio, narrada en Juan 2 y otra al final, narrada en los tres Evangelios Sinópticos. A menos que optemos irnos por la línea más radical (alguien diría que “liberal”) de acudir a la Crítica de Redacción, tomamos las de Juan y los sinópticos como hechos diferentes, uno al principio del ministerio de Jesús y otro al final.
Volvamos a las Marias.

En nuestro caso, el de “las Marías”, esto fue lo que  hice. Escribí el texto de la historia en cada evangelio en una columna, una al lado de la otra para un total de cuatro columnas. Entonces marqué con diferentes colores los puntos de coincidencia: dónde se desarrolló esta escena, el nombre de la protagonista, el anfitrión de la casa, etc.
Habiendo hecho esto fue posible darme cuenta sin demasiada dificultad, aunque sí pasando algo del trabajo, que los relatos de Mateo, Marcos y Juan se refieren al mismo incidente. Lo sabemos porque en todos ellos se menciona la aldea de Betania como el escenario de la historia; porque directa o indirectamente nos damos cuenta que este incidente ocurre muy cerca de la muerte de Jesús; por la protesta de los discípulos basada en el supuesto desperdicio del perfume por su alto valor y porque Jesús menciona a los pobres que siempre estarán presentes.

Podemos reseñar ahora las diferencias entre esta narración (la de Mateo, Marcos y Juan) con la de Lucas, que resulta ser una historia diferente y que es la que produce la confusión. Estas son las diferencias que saltan a la vista. Primero, el incidente de la historia narrada en Lucas se desarrolla no en Betania, una aldea en la región de Judá, sino al norte, en Galilea, específicamente en el pueblo llamado Naín. Lo segundo es que solamente se identifica al anfitrión en Lucas como fariseo mientras que en la otra narración se le distingue por haber sido leproso.

Quizás las distinciones mas importantes que hay que hacer, sin embargo, son las que se relacionan con la enseñanza o el propósito de esta historia en su contexto. En la de Betania (Mateo Marcos y Juan), el énfasis es en cómo el costoso perfume es una preparación de Jesús para la sepultura.

En el caso de la segunda historia el punto importante es, por un lado, el de la expresión de un amor extravagante (como le llama Max Lucado) que surge del haber recibo el perdón de los pecados y, por otro lado, la insensibilidad del anfitrión, Simón el fariseo quien, consciente de la fama de pecadora de la mujer (de paso, esta es otra diferencia en la historia), cuestiona el hecho de que Jesús permitiera a esta mujer tocarle.

De manera que lo importante aquí, en esta historia (la de Lucas), es el perdón de los pecados, mientras que en nuestra historia en Juan lo importante es el uso del perfume como preparación del cuerpo de Jesús para la sepultura.

Sí, definitivamente, las historias  son dos diferentes y las Marías mencionadas en ellas no son la misma persona.
Ya que estamos en este pasaje, aprovechemos la mención de esta “mujer pecadora” para aclarar un error bastante común. La mujer mencionada en esta historia NO es María Magdalena.

Comencemos por aclarar que María Magdalena no era prostituta. Este error se perpetuó desde que el Papa Gregorio el Grande, en una misa el 21 de septiembre del año 591 en San Clemente (Roma), “une” en su homilía tres mujeres de la Biblia (María Magdalena y María la hermana de Lázaro que es la anónima mujer que unge los pies de Jesús, la protagonista de nuestra historia) en una sola, identificándola como una “mujer pecadora”, no como prostituta. Estas fueron exactamente sus palabras:

Magdalena, que era una pecadora en la ciudad, por amar la verdad, lavó las manchas de sus pecados con sus lágrimas. (Homilía 25, In Evangelia. Citado en The Da Vinci Hoax –El fraude da Vinci–, p. 73.)

La única información fidedigna sobre María Magdalena está en los Evangelios. La historia bíblica de esta importante mujer es breve y hermosa. Fue una mujer natural de una aldea Galilea del mismo nombre (Magdala), a la que Jesús libró de siete demonios. Posteriormente, María Magdalena se convirtió en fiel seguidora de Jesús junto a otras mujeres y a los doce discípulos. Su nombre aparece trece veces en el Nuevo Testamento. Luego de ser introducida por Lucas, no vuelve a ser mencionada hasta la narración de la muerte de Jesús en la cruz. Ella, junto a Juan y a la madre de Jesús, es parte del reducido grupo de amigos y familiares que está hasta el final presenciando la ejecución de Jesús.

Finalmente, fue María Magdalena también quien tuvo el privilegio de ser el primer testigo de la resurrección de Cristo y portadora de esas gratas nuevas a los apóstoles, de ahí que se le conozca a veces como “apóstol a los apóstoles” (mensajera a los apóstoles).

Pero, no lo olvidemos, esta es aun otra María… No la de nuestra historia. Y de esta manera volvemos a nuestra historia en Juan 12:1-11

Como ya apuntamos, la ocasión es una cena en honor de Jesús. Aunque Lázaro está presente la protagonista es su hermana María, quien hace algo verdaderamente sorprendente: unge los pies de Jesús con medio litro de un carísimo perfume (quizás aproximado al salario de todo un año para un obrero) y los seca con su pelo.

Creo que lo importante de este pasaje se hace evidente en el contraste de la actitud de María y la de Judas, quien considera el gesto como un desperdicio.

Por qué Judas reacciona de este modo tiene dos posibles explicaciones. La primera, la de Juan, el autor del Evangelio, nos da dos datos importantes de Judas Iscariote: que era el “tesorero” del grupo y que robaba del fondo común, datos que armonizan con el carácter que de Judas podemos observar la noche de la traición. Por un lado explica el que, cuando Jesús le dice a Judas que haga lo que tiene pensado, el grupo interpreta que se trataba de alguna función administrativa. Por otro lado, confirma el carácter codicioso de Judas.

Es necesaria otra disgresión. Aclaremos algo en este momento. La frase de Jesus “a los pobres siempre los tendréis con vosotros” ha sido erróneamente interpretada como que no debemos hacer nada en beneficio de los pobres ya que el problema de la pobreza seguirá sin resolverse no importa lo que hagamos. Nada que ver. Jesús simplemente apunta a la triste realidad de la perenne existencia de la pobreza como una lacra de la humanidad lo que daría a los discípulos, y a nosotros, muchas posibilidades de ayudarles.

Por otro lado este pasaje nos presenta la actitud de María. Mientras Judas buscaba su propio beneficio, María se desborda en una muestra de amor extravagante, como le llama Max Lucado en uno de sus libros. De hecho, este gesto es aun más que una expresión de amor, es un acto de adoración.

No se nos puede escapar de la atención el cuadro que sobre María nos da Lucas en otro conocido pasaje en el que Jesús menciona que, contrario a su afanosa hermana Marta, María escoge “la mejor parte”. No me parece desacertado percibir en María de Betania un espíritu dulce que valoraba cada momento en la presencia de Jesús.

El acto de María debiera ser comprendido y aprobado por cualquier creyente que ama intensamente a nuestro Señor. En nuestra adoración ¿cuántas veces nos hemos sentido incapaces de expresar (con palabras o sin ellas) nuestra profunda devoción? En esos momentos profundamente espirituales (no meramente sentimentales ni emocionales) ofrendamos real y no figuradamente, nuestras vidas a nuestro Amado.

En esos momentos comprendemos un poco más el por qué del “Santo, Santo, Santo” angelical y el por qué esos mismos serafines cubren con sus alas sus rostros y sus pies ante la soberana majestad de Dios, o el por qué tiembla el templo en la visión de Isaías y la respuesta de el profeta a la gloria divina.

María, la de Betania, hermana de Marta y Lazaro, modela aquí al adorador por excelencia quien, ante el maestro, le da todo sin importar su costo y se entrega en amor a Aquel que nos ama más que nadie en el Universo. Este gesto de María brilla más aun con el contraste de Judas y su perspectiva materialista del momento. Lo que entonces podría volverse un significativo desafío para nosotros.

¿Cómo adoramos? ¿Con recelo o con entrega? Con reservas o dándolo todo? ¿Velando por lo nuestro o sin importarnos el costo?O, tomando las palabras de Jesus, ¿a quién adoramos, al Maestro o a Mamón? ¿Qué buscamos, el Reino de los cielos o los reinos de este mundo material? ¿A Cristo o las cosas?

Amados. Una de las deficiencia mayores de nosotros como iglesia queda evidenciada aquí en el ejemplo de María de Betania. Nos resulta fácil rechazar abiertamente el cigarrillo, las drogas, el sexo y el baile. Pero, ¿qué de las riquezas? ¿Qué de lo material ¿Por qué vivir más allá de nuestros medios y endeudados? ¿Por qué afanarnos por las cosas de este mundo?

Sería mejor que, como María, demos el todo por el Reino de Dios y por su Rey.

En resumidas cuentas, ¿seremos como Judas, o como María?

 

Anticlímax

I. Lázaro

El desenlace se acerca vertiginosamente. El ungimiento de Jesús parece anticiparlo y la resucitación de Lázaro precipitarlo.

AEl milagro de Lázaro desencadena una serie de eventos que debemos seguir. (11:45-53)- Lleva a creer a unos pero a otros no
– Los que no, avisan a los fariseos
– Reunión del Consejo (Sanedrín – sacerdotes y fariseos)
The Sanhedrin had 70 members who were responsible for religious decisions and also, under the Romans, for civil rule.
– Hace milagros
– Todos creerán
– Destrucción por los romanos
– Profecía de Caifás
– Decisión de matar a Jesús (53)
– Orden de arresto
– Jesús se retira a Efraín (la Pascua está cerca – ¿vendrá?)

B. Jesús la luz del mundo: Varios elementos ya comentados se repiten en esta sección

1. Jesús la luz del mundo (12:35-36; 44-46)

2. Algunos creen, otros no.

Los que creen:(12:42-49)
– Algunos creen… “pero no lo confesaban” 42-43
– Enviado y Luz (12:44-46)
– Juicio (44-47)

44 «El que cree en mí—clamó Jesús con voz fuerte—, cree no sólo en mí sino en el que me envió. 45 Y el que me ve a mí, ve al que me envió. 46 Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas. 
47 »Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a juzgar al mundo sino a salvarlo. 48 El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final.

INCREDULIDAD (12:37-41; Is. 6:10; 53:1)
– Pregunta y respuesta (34)

34 —De la ley hemos sabido—le respondió la gente—que el Cristo permanecerá para siempre; ¿cómo, pues, dices que el Hijo del hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre? 

– Respuesta (35-36a): LA LUZ (Cap. 1)
– Se oculta (36b)

Juan 12.35–36 (NVI): 35 —Ustedes van a tener la luz sólo un poco más de tiempo—les dijo Jesús—. Caminen mientras tienen la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no sabe a dónde va. 36 Mientras tengan la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz. Cuando terminó de hablar, Jesús se fue y se escondió de ellos. 

3. Incredulidad auto-impuesta (12:37-41; Is. 6:10; 53:1)

Juan 12.37–40 (NVI): 37 A pesar de haber hecho Jesús todas estas señales en presencia de ellos, todavía no creían en él. 38 Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: 
«Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje, 
y a quién se le ha revelado el poder del Señor?» 
39 Por eso no podían creer, pues también había dicho Isaías: 
40 «Les ha cegado los ojos 
y endurecido el corazón, 
para que no vean con los ojos, 
ni entiendan con el corazón 
ni se conviertan; y yo los sane.» 

41 Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de Jesús y habló de él. 
42 Sin embargo, muchos de ellos, incluso muchos de los jefes, creyeron en él, pero no lo confesaban porque temían que los fariseos los expulsaran de la sinagoga. 43 Preferían recibir honores de los hombres más que de parte de Dios. 

 

4. Luz y Juicio (12:44-50)

44 «El que cree en mí—clamó Jesús con voz fuerte—, cree no sólo en mí sino en el que me envió. 45 Y el que me ve a mí, ve al que me envió. 46 Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas. 
47 »Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a juzgar al mundo sino a salvarlo. 48 El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final. 49 Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir

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