RESUMEN

Lo que no sabíamos

Introducción

Lo que podemos aprender escuchando (accidentalmente, por supuesto) una conversación entre dos personas. 

 

Es mucho lo que aprendemos de alguien cuando escuchamos sus oraciones. No las que hacemos cuando estamos conscientes de que estamos siendo escuchados (por los hombres) sino cuando hablamos solo a Dios.

 

En un sentido eso es lo que hacemos en este pasaje. Esta es la oración de Jesús cuando ha finalizado su tarea. Es como si Juan nos abriera una puerta a terreno santo, permitiéndonos escucharla ocultos, detrás de la puerta.

 

Aprendemos sobre…

 

I. PREEXISTENCIA DE CRISTO  17:5, 24

Ya desde el inicio de este Evangelio aprendimos que Jesús es el Verbo encarnado, Dios hecho hombre y, por lo tanto, existente antes de la Encarnación.  1:1-3, 14, 18

Lo que en está bella oración de Jesús nos permite apreciar ahora es algo relacionado al estado anterior del Hijo previo a la encarnación. La existencia del verbo pre-encarnado es una de gloria.

 

En Filipenses 2:6-8 aprendemos sobre esta realidad.

 

Por supuesto, esta doctrina del Hijo, que es Dios pre existente, es parte fundamental de la doctrina cristiana. Pero el énfasis que notamos en la oración de Jesús es el de la “gloria” que el Hijo disfrutaba previo a la encarnación y a la que, como ya vimos en Filipenses, renunció. A esto es lo que apunta la frase «Siendo en forma de Dios”. Más que hablar directamente sobre la deidad del Hijo (ciertísima como es), habla sobre la gloria relacionada a esta.

 

En la Encarnación el Hijo no deja de ser Dios, pero sí vive sin la gloria de la Deidad, gloria manifestada, aunque fuera por un poco de tiempo, en el Monte Tabor, en la transformación (“transfiguración”) que presenciaron tres de sus discípulos.

 

II. RELACIÓN PADRE-HIJO 10, 23, 25-26

En un estudio anterior vimos cómo, ante la petición de Felipe, “muéstranos al Padre”, Jesús les habló sobre la identidad del Hijo con el Padre. Ahora, en esta oración, escuchamos más sobre la relación entre el Padre y el Hijo.

 

Debemos recordar que, como en el capítulo primero de Juan, se dos acceso a un momento de eternidad, antes que el mundo fuese. Y dentro de todo lo misterioso que nos pueda parecer la naturaleza del Dios Trino, observamos que la identidad de dos de las divinas personas, Padre e Hijo, constituye en realidad una relación paterno-filial real dentro de lo que en Teología se llama pericoresis, es decir, la relación existente entre las tres Divinas Personas.

 

III. DEPENDENCIA DE CRISTO  2, 6-8

Haciendo aun más gloriosa y misteriosa, si cabe, esta relación Padre-Hijo, se nos presenta una enseñanza vital para entender la “doble naturaleza del Hijo” (divina y humana), así como la razón para algunos pasajes mal interpretados por algunos, en los que Jesús (el Hijo Encarnado) demuestra subordinación al Padre, y hasta alguna limitación auto-impuesta en su conocimiento de eventos por venir. Por ejemplo, cuando se dice que… (Marcos 13:32; Juan 5:19; 14:28

 

IV. Motivación DE CRISTO: La gloria del Padre  17:1, 10

¿Cómo Jesús glorificó a Dios? ¿Cómo glorificamos a Dios? 4, 6, 12, 14, 26

Nosotros: “Para gloria de Dios”.

Solemos decir que la evangelización es la razón de ser de la Iglesia. Estamos equivocados.

 

La razón de ser

La razón ser del cristiano y de la iglesia es un tema profundo y abarcador. Comprenderlo, aunque sea superficialmente, nos obliga a remontarnos a “antes que el tiempo fuese”, a la eternidad. Porque, ¿cuál sería el propósito más excelso de la creación? La creación existe para traer gloria al Creador.

 

El cristiano y la Iglesia son creación de Dios. ¿Para qué existimos? Existimos para la gloria de Dios.

 

Gloria, La gloria de Dios y Glorificando a Dios tratados en estudio completo.

 

V. MISIÓN CUMPLIDA 

A.Palabra-verdad a la humanidad 6, 8, 14, 17, 19

B. Vida eterna a la humanidad  3, 6-8

 

VI. PETICIONES DE CRISTO

A. Por nosotros  20, 24

B. Porque el mundo crea… (“El mundo creerá si…”) 11, 20, 22-23

C. Por los discípulos en el mundo  11, 13, 15, 17-18