La Biblia es de otro mundo

Aun cuando un niño puede entender su mensaje básico, la Biblia puede ser un libro difícil de entender.

La Biblia es un libro difícil de entender

Aun cuando un niño puede entender su mensaje básico, la Biblia puede ser un libro difícil de entender.

El mensaje central de la Biblia es verdaderamente sencillo: el amor de Dios manifestado en la salvación provista a través de la encarnación, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. Pero no todo es tan fácil de entender.

El Apóstol Pedro expresó que en la obra de Pablo había cosas difíciles de entender.

Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. (II Pedro 3:15-16)

Hay partes de la Biblia que leemos sin mucha dificultad como los Salmos, los libros históricos y los evangelios. Hay otros más difíciles como Ezequiel o Zacarías.

Pero aún en los casos que creemos entender sin dificultad abundarán los momentos en que, para obtener el máximo provecho de nuestro estudio, será necesario utilizar herramientas que nos ayuden a comprender más profundamente su significado.

La Biblia es un libro de otro mundo
La Biblia puede ser un libro difícil de entender porque es un libro de “otro mundo”. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento fueron escritos en un idioma que no es el nuestro para gente que no somos nosotros, en un lugar muy lejano al nuestro y con culturas extremadamente diferentes a la que conocemos.

El Antiguo Testamento fue escrito por muchos autores en hebreo y en arameo a lo largo de 1400 años. El Nuevo Testamento fue escrito en griego hace más de 1900 años.

La Biblia a veces puede ser un libro difícil porque, en esencia, aunque se escribió para nosotros no se nos escribió a nosotros. La Biblia, aunque escrita para nosotros, para nuestra instrucción y provecho, no se escribió dirigida a nosotros. Para entender lo que Dios quiso decir en esas palabras tenemos que ponernos en los zapatos de sus primeros oyentes.

La Biblia, palabra divina en un contexto humano
No hace falta ser un erudito para comprender lo más importante de la Biblia. Pero si deseamos estudiarla y entenderla bien, nos hará falta mucho más que la capacidad de leer palabras en un texto.

La inspiración de las Escrituras conllevó un acto de Dios semejante al de la Encarnación. En la revelación bíblica Dios, que desea darse a conocer, utilizó el lenguaje y la cultura de los seres humanos para comunicarnos su verdad. Hay pues en la Biblia un componente divino y un factor humano.

La revelación de Dios no se dio en un vacío. Que esa revelación se dio en circunstancias muy diferentes a las nuestras y que dichas circunstancias tienen que tomarse en cuenta al estudiar e interpretar las escrituras, son hechos irrefutables.

Un ejemplo sencillo quizás nos ayuda a entenderlo mejor.

Supongamos por un momento que a un hombre ya mayor, de 75 años, su nieta le pregunta si tiene una tableta. Esa pregunta tan sencilla va a tener un significado para él diferente al que le daría un hombre de 25 años. Para el hombre mayor la mención de una tableta le sugerirá algún remedio para el dolor, pero un joven de 25 años entenderá inmediatamente que se trata de un aparato electrónico.

Si la pregunta “¿Tienes una tableta?” va a entenderse correctamente tendrá que considerarse en el contexto correcto.

Igual con las Sagradas Escrituras.

Jose R. Martinez MD., MDiv., DD. (hc)
18 de marzo de 2019.
Granollers, Barcelona

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