RESUMEN

 Para algunos, el tema de la existencia de Dios es un callejón sin salida; no hay solución clara para la cuestión, por lo que optan por el agnosticismo. Declararse agnóstico puede ser una sincera admisión o un intento de “parecer inteligente admitiendo ignorancia”.

Para otros, el tema perdió toda relevancia. Piensan que tras los pronunciamientos de Immanuel Kant y de Friedrich Nietzsche, el concepto de Dios y de la posibilidad de demostrar su existencia pasaron a mejor vida. Otros afirman que los adelantos científicos hacen innecesaria la existencia de Dios, como comentamos en un capítulo anterior.

Nada más lejos de la verdad. El tema sigue vivo. En círculos filosóficos, el tema de la existencia de Dios ha cobrado nueva vida en décadas recientes. La revista Time (7 de abril de 1980) decía:

En una silenciosa revolución en pensamiento y argumento que apenas nadie hubiera previsto hace dos décadas, Dios está escenificando un retorno. Más curioso aún, esto está sucediendo no entre los teólogos o en los creyentes de a pie, sino en los círculos intelectuales de los filósofos, donde hace tiempo el consenso había hecho desaparecer al Todopoderoso del discurso cotidiano. (Traducción del autor). 

Por otro lado, en círculos científicos continúa el debate sobre las implicaciones no científicas del Big Bang y sobre las suposiciones metafísicas que algunos han hecho de la teoría evolucionista. (Para una breve exposición sobre esto, vea el siguiente capítulo).

¿Creer o no creer? 

¿Cómo acercarnos al tema de la existencia de Dios? Sabemos que esta no puede demostrarse fuera de toda duda. No podemos someter a Dios a pruebas de laboratorio, al escáner, ni al espectrofotómetro, como tampoco podemos demostrar su presencia invisible bombardeándolo con electrones en un acelerador de partículas. 

Esta tensión nos dejaría en el terreno del agnóstico. ¿Hay algo más? Creo que sí. Es posible argüir en favor de la razonabilidad de la existencia de Dios. Estas son palabras mayores. De modo que, comencemos.

Argumentos de la existencia de Dios

Argumento cosmológico

Este es uno de los razonamientos más antiguos. Lo usaron Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino. En esencia, dice lo siguiente: “Dios existe porque el universo existe”. También se puede expresar así: la existencia de un universo presupone la existencia de una Primera Causa (Dios) que le diera su existencia.

El Big Bang que, contrario a lo pensado por la mayoría, favorece la posición cristiana, ya que plantea de forma contundente un principio para el universo y desmiente la posibilidad de que este haya existido siempre. (Más sobre esto en el siguiente capítulo).

Argumento teleológico y el Principio Antrópico

Este acercamiento, antiguo también, dice que el universo, tanto en sus más pequeñas unidades estructurales (átomos, células) como en la inmensidad del cosmos, parece reflejar la existencia de un diseñador inteligente. La analogía más común es la del relojero. Al inspeccionar un reloj, a nadie se le ocurriría pensar que este es el producto de la mezcla de sus piezas en una caja agitada por unos minutos (o por billones de años). Aducir esta complejidad y “diseño” a un proceso impersonal y mecánico no es la solución.

El tema del diseño ha cobrado un interés especial en años recientes. La Tierra posee características específicas que permiten la vida humana. Existe una cantidad considerable de variables físicas y químicas que, de alterarse ligeramente, harían imposible la vida en el planeta. 

Podemos observar el mismo fenómeno a nivel molecular. La célula no es una masa protoplásmica indefinida, como se creía en los tiempos de Darwin, sino una colección de aparatos complejísimos que actúan entre sí a la perfección de manera coordinada.  

Argumento moral 

Dicho de forma sencilla, este argumento establece que la universalidad de un carácter moral en el ser humano sugiere la existencia de Dios. Aun cuando se reconocen variaciones en los conceptos morales, estas son mínimas al compararlas con sus elementos en común. La existencia misma del hecho moral, de que hay “bueno” y “malo”, es indicio del reflejo de un Ente Moral superior, cuyo carácter (imagen) nosotros reflejamos. Una evolución materialista no puede explicar el hecho moral del ser humano, como tampoco una conciencia humana definida a base de neuronas y de conexiones sinápticas.

Conjunto de los argumentos

A los argumentos anteriores podemos añadir (ya en favor de un teísmo específicamente cristiano) la persona de Jesús y su resurrección de entre los muertos. Estos temas son considerados en otros capítulos. 

Vistos uno por uno, los planteamientos anteriores tienen un peso considerable. Examinados en conjunto, son evidencia contundente para que, al menos, el no creyente “dude de su duda” y abra su mente a la hermosa posibilidad de la existencia de Dios; un Dios personal e interesado en nosotros.