La Gran Omisión #3

Hoy voy a perturbarlos un poco.

Cuando hablamos de nuestra participación en la Gran Tarea (GC), usualmente hablamos de tres formas en las que podemos participar en ella: ir, dar, orar.

Pero quiero sugerirles que hay un cuarto elemento que es, quizás, parte de la explicación de por qué aun no cumplimos la Gran Comisión. Jesús habló de ello; en Hechos se observa claramente y en las cartas se confirma. Sin embargo casi nunca lo mencionamos en nuestras predicaciones y parece no estar en la agenda de vida de nosotros los creyentes.

Este es el tercer estudio de la nueva serie: “La Gran Omisión”. En los anteriores hemos visto cómo nuestro Dios, “El Dios que busca”, se ha empeñado en salvar a la humanidad que le ha dado la espalda.

Desde el primer pecado con su, ¿dónde estás?, seguido del protoevangelio (Gén. 3:15), y continuando con el Pacto con Abraham, el llamado de Israel, el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento, y hasta llegar a Jesús, el “Gran Misionero”, nuestro Dios Creador insiste en salvarnos. El Dios que busca quiere ser conocido.

Jesús, quien “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10), continúa con esta misión de Dios y la delega a sus discípulos: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn. 20:21). En Hechos leemos del esfuerzo de la Primera Iglesia de cumplir con la encomienda y, con Pablo, se lleva el mensaje del Evangelio a buena parte del mundo conocido de entonces.

Y ahora, nosotros la iglesia de Cristo, somos los herederos. Su misión es nuestra misión.

Por lo menos tenemos cinco ocasiones en que la encomienda de la Gran Tarea se escucha de los labios de Jesús antes de partir pero, igual que Israel falló, su Gran Comisión parece haberse convertido en nuestra Gran Omisión. Hoy, dos mil años después, una tercera parte de la población mundial no ha escuchado el mensaje de Jesús.

¿Por qué? Veamos una primera poderosa explicación, de varias que consideraremos.

Como ya dije, cuando hablamos de nuestra participación en la Gran Tarea (GC), usualmente hablamos de tres formas en las que podemos participar en ellas: ir, dar, orar. Cuando hablamos de estas tres, las solemos presentar como opciones que se nos presentan para que escojamos una de ellas. El mensaje entre líneas es más o menos este: si no puedes ir, ofrenda y si no puedes, por lo menos ora. O, como algunos se empeñan repetir, “si no vas con tus pasos, ve con tus pesos”.

Triste como me parece esta versión aguada de la Gran Tarea, el mayor problema no está en las tres “opciones” sino en una cuarta que no se menciona, a pesar de estar clara en la enseñanza de Jesús y en la vida de la iglesia temprana. Me refiero al martirio.

Sí, definitivamente, además de presentar el trillado “ir, dar, orar” nos hace falta recordar el cuarto elemento: “morir”.

Se buscan mártires
Ya temprano en la historia de la Iglesia Tertuliano dijo que “la sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”. Jesús enseñó que quien le siguiera debería estar dispuesto a morir (Mt. 16:24). En el capítulo 7 de Hechos vemos el primer martirio, el de Esteban, uno de los líderes de la joven iglesia, y, poco más adelante, el del primer Apóstol mártir, Jacobo, el hermano de Juan. Y por las cartas apostólicas sabemos que ellos no fueron los últimos pues desde el primer siglo y hasta hoy han sido cientos de miles los seguidores de Jesús que han dado su vida. Lo mismo en la actualidad en algunas partes del mundo.

Con esto en mente y comentando sobre lo que él llamó “gracia barata”, Dietrich Bonhoeffer escribió:

“La cruz no es el terrible final para una vida por lo demás feliz y temerosa de Dios, sino un encuentro al principio de nuestra comunión con Cristo. Cuando Cristo llama a un hombre, le invita a venir y morir”.

Este espíritu de la disposición al mayor sacrificio por el Evangelio se refleja con claridad en las palabras de Pablo en Hechos 21:13:

“¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy listo no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.”

Pero nosotros, la Iglesia de occidente, hemos desechado toda idea del martirio, de dar nuestra vida por Jesús. En nuestra vida cristiana alérgica al sufrimiento nos contentamos con el “ir, dar, y orar” y lo más cercano que estamos del martirio es cuando, una vez al año, oramos por la iglesia perseguida.

Sabiendo que buena parte de aquellos que aun no han escuchado el mensaje cristiano están en países “cerrados” al Evangelio y que buena parte de estos corresponden al mundo musulmán, George Otis dijo en 1989 en el Congreso Mundial de Evangelismo en Manila lo siguiente:

“¿Es la ausencia de mártires lo que ocasiona nuestro fracaso por alcanzar los países Musulmanes? ¿Puede una iglesia encubierta crecer en fuerza? ¿Acaso una iglesia joven necesita modelos de mártires?”

Muchos conocemos, aunque sea por referencia, al Hermano Andrés, el autor del libro El contrabandista de Dios y fundador de Puertas Abiertas, ministerio que vela por la Iglesia Perseguida.

El Hermano Andrés comentó hace pocos años sobre este tema en entrevista con Christianity Today…

“They [Muslims] have a faith for which they’re ready to die. In comparison, we Christians have lost that kind of faith.

Look at Lebanon. Two, three terrorist-suicide bombers chased away the strongest army of the world. We have no answer to that dedication. Let’s face it: we are not willing to die. Not for Jesus and not for anything.

And this is the quality of Christianity that I seek desperately. Not the fanaticism, but a dedication that demonstrates a willingness to lay down our lives. Doesn’t the Bible say a lot about that?”

Cuando se le preguntó sobre los lugares cerrados al Evangelio, contestó:

“No, the doors are not closed. I keep telling people that there’s not one door in the world closed where you want to witness for Jesus. It may be closed for an organization or for a Bible society, but that doesn’t mean the Bibles can’t get in. Show me a closed door and I will tell you how you can get in. I won’t, however, promise you a way to get out.

We don’t ever guarantee that we can get people out. We have lost a number of our people, usually national workers, who were blown up, tortured, or killed in a number of countries. It’s a dangerous game, but nonetheless, the doors are not closed. Jesus said in Acts 1:8 to go. He didn’t say, “Go if the doors are open,” because they weren’t. He didn’t say, “Go if you have an invitation or a red carpet treatment.” He said, “Go,” because people needed his Word. And that’s how we look at the world.”

En la historia de las misiones cristianas tenemos ejemplos de esta clase de compromiso.

Moravos (S. XVIII) – 22 de los primeros 29 murieron; se venden como esclavos.

Jim Elliot – década del 1950, asesinado por los aucas, llevaba el evangelio: Él dijo: “No es un tonto quien pierde lo que no puede ganar para ganar lo que no puede perder.”

CT Studd – “If Jesus Christ be God and died for me, then no sacrifice can be too great for me to make for Him.”

CT Studd y el tratado

En un momento de indecisión sobre su llama a la vida misionera, este joven adinerado y deportista de élite (cricket) inglés, encontró un papel, un tratado escrito por un ateo. Decía:


“Did I firmly believe, as millions say they do, that the knowledge and practice of religion in this life influences destiny in another, religion would mean to me everything. I would cast away all earthly enjoyments as dross, earthly cares as Follies, and earthly thoughts and feelings as vanity. Religion would be my first waking thought, and my last image before sleep sank me into unconsciousness. I should labor in its cause alone. I would take thought for the tomorrow of eternity alone. I would esteem one soul gained for heaven worth a life of suffering. Earthly consequences should never stay my hand, nor seal my lips. Earth, its joys and its griefs, would occupy no moment of my thoughts. I would strive to look upon eternity alone, and on the immortal souls around me, so on to be everlastingly happy or everlastingly miserable. I would go forth to the world and preach it in season anD out of season and my text would be, “what shall it profit a man if he gain the whole world and lose his own soul?”

Después de esto, y con gran sacrificio personal, dedicó su vida al servicio misionero.

¿Cuánto de esto existe en la iglesia en nuestra parte del mundo? Sin lugar a dudas, la renuencia al martirio es una causa muy importante de por qué no hemos cumplido la Gran Tarea.

Recuerda, no es “ir, ofrendar u orar” es IR y DAR y ORAR y MORIR.

Creyentes incrédulos
Pero esta no es la única razón por la que la Gran Tarea no ha sido cumplida. Además de cristianos cobardes, también tenemos “creyentes incrédulos”. Veamos a qué me refiero.

La base por la que la Gran Tarea es necesaria podría resumirse de este modo: “La humanidad está perdida, rumbo a una eternidad sin Dios y sólo JC puede salvarles.” Tres elementos:

  1. “La humanidad está perdida.”
  2. “La humanidad va rumbo a una eternidad sin Dios”
  3. “Sólo JC puede salvarles.”

Pero esto no es lo que creemos en verdad. Lo que parece que creemos:

LO QUE LA BIBLIA DICELO QUE CREEMOS
“La humanidad está perdida.” No somos tan malos.
“Eternidad sin Dios”No existe el InfiernO
“Sólo JC puede salvarles.”Universalismo, Pluralismo

1 “La humanidad está perdida”: “En realidad no somos tan malos”

  • Significado del pecado
  1. La gravedad del pecado.
  2. Lo grande de la Salvación.
  3. Un Salvador único.
    Por eso… Nadie se salva si no es a través de la persona de Cristo.
  • Lo que parece que creemos
  1. La gravedad del pecado. El pecado no es tan malo.
  2. Lo grande de la Salvación. Salvación para todos
  3. Un Salvador único. Todos los caminos…

Biblicamente hablando…

  1. Todos estamos perdidos – Rom. 3:10, 23; 6:23

Esa es la conclusión de Romanos 1-3

Pareciera que el juicio de condenación a todos es claro. Pretendemos luego interpretar los versos que siguen de tal manera que parecen contradecir estos!

Pero, ¿y qué de los que no han escuchado?¿Qué de Ro. 2:12-14?


12 Todos los que han pecado sin conocer la ley, también perecerán sin la ley; y todos los que han pecado conociendo la ley, por la ley serán juzgados. 13 Porque Dios no considera justos a los que oyen la ley sino a los que la cumplen. 14 De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. 15 Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan. 16 Así sucederá el día en que, por medio de Jesucristo, Dios juzgará los secretos de toda persona, como lo declara mi evangelio.

En base a estos versos se dice que…

  1. Los que no han escuchado pueden salvarse.
  2. Estos serán juzgados “según su conciencia”

Pero, la verdad es que aquí no dice que se puedan salvar (fuera de Cristo), sino que reconocen la existencia de Dios y tienen una idea de lo que es correcto, de manera que, aun sin tener la Ley, “son ley para sí mismos”. El ser humano es incapaz de “vivir de acuerdo a su conciencia (hacer lo correcto) por sus propias fuerzas.

Este párrafo va desde 1:18-3:20, explicando que el pecado es universal por lo que hace necesaria la salvación por la fe en Cristo. Los judíos no tienen una ventaja sobre los gentiles.

Aquí se explican los criterios para juicio. No para salvación.
– Los judíos porque teniendo la ley no la hacen.
– Los gentiles porque no obedecen a sus corazones ni a la revelación general

Ya antes, en Romanos 1:18-22, esto se ha establecido claramente.

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias; más bien, se hicieron vanos en sus razonamientos, y su insensato corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios se hicieron fatuos,

Romanos 2:1 – Por lo tanto, no tienes excusa, oh hombre,

3:9-10
¿Qué, pues? ¿Les llevamos alguna ventaja? Claro que no; porque ya hemos acusado tanto a judíos como a gentiles, diciendo que todos están bajo pecado, 10 como está escrito: No hay justo ni aun uno;

En el momento del juicio su conciencia, en un sentido, será su juez, no su salvador.

14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

¿No es esto “injusto”?

  1. ¿En qué radica la injusticia?
  2. La humanidad completa debería ser condenada.
  3. Si hubo alguna injusticia… ¿no sería la cometida contra el mismo Dios/Jesús (cruz)?

La pregunta queda de si la revelación específica (el conocimiento de ella) es necesario para salvación.

Hechos 17 – se argumenta que se reconoce la posibilidad de salvación en las religiones paganas.

Por eso, aunque antes Dios pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan… (17:30)

Daño a los atenienses – Si lo que tenian era suficiente, entonces Pablo les perjudicó, pues, habiendo oído de Jesús, la condenación está asegurada si se rechaza. (Bock)

Contestación:
a. Es cierto que Pablo reconoce el esfuerzo religioso.
Pero concluye que no han tenido éxito!!!
b. Es cierto que viven en ignorancia. Pero esto no les libra de la culpa. Como en Hch. 3:17

Ahora bien, hermanos, sé que por ignorancia lo hicisteis, como también vuestros gobernantes.

Repasemos nuevamente el pasaje y las conclusiones.
2:12-16
12 Así que todos los que pecaron sin la ley, sin la ley también perecerán; y todos los que pecaron teniendo la ley, por la ley serán juzgados. 13 Porque no son los oidores de la ley los que son justos delante de Dios, sino que los hacedores de la ley serán justificados. 14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley practican por naturaleza el contenido de la ley, aunque no tienen ley, son ley para sí mismos. 15 Ellos muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros, 16 en el día en que, conforme a mi evangelio, Dios juzgue los secretos de los hombres, por medio de Cristo Jesús.
Conclusiones:

  1. El testimonio de Dios es universal.
  2. Nadie tiene excusa.
  3. La conciencia acusa a todos de pecado.
  4. Nadie vive de acuerdo a su conciencia.
  5. La conciencia condena, no salva.
Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial