La Gran Omisión #6

Si la Gran Comisión no se ha completado en los dos mil años que hace que Jesús nos dio la encomienda, no se debe solamente a la dureza del corazón de los no creyentes. En buena medida es nuestra culpa. Hemos sido creyentes cobardes (huyendo del martirio) y creyentes incrédulos viviendo como ai no creyéramos lo que decimos que creemos. Hemos convertido la Gran Tarea o Gran Comisión en la Gran Omisión.

Este es el sexto estudio de la serie: “La Gran Omisión”. En los anteriores hemos visto lo siguiente:

  1. Cómo nuestro Dios, “El Dios que busca”, se ha empeñado en salvar a la humanidad que le ha dado la espalda.
  2. Nosotros la iglesia de Cristo, somos los herederos de Su misión que ahora es nuestra misión.
  3. Dos mil años después de dada aun está incompleta.
  4. ¿Por qué?
  5. Cristianos cobardes.
  6. Creyentes incrédulos
    • La humanidad está perdida
    • La humanidad va rumbo a una eternidad sin Dios (Infierno)
    • Solo Cristo puede salvar

Aunque lo neguemos, dentro de nosotros muchos cristianos somos universalistas y pluralistas pues vivimos como si no creyéramos en la perdición humana y en Cristo como el único Salvador. Decimos que creemos en esto, pero vivimos como si no.

Si estos tres puntos fundamentales de la Gran Comisión fueran importantes para nosotros, aunque fuese por pura obediencia a nuestro Señor, ¿acaso no viviríamos de otra manera?

Como un ejercicio de auto examen miremos tres aspectos de nuestra vida cotidiana y preguntémonos si muestran una creencia real.

  1. Nuestra Agenda.
  2. Nuestra lista de oración.
  3. Nuestra chequera.

Duele, ¿no?

DISCIPULAR
Se trata de conducir a los creyentes en un proceso de constante maduración. Es reproducir nuestra vida en otro creyente, resultando en un cristiano maduro y capaz de reproducirse y de hacer lo mismo con otro. Como Jesús mismo dijo, esto se logra enseñando lo que Jesús enseñó (con la palabra y con el ejemplo) y bautizando, el acto público de consagración a Cristo.

El concepto esencial de la reproducción en el discipulado es enseñado también por el Apóstol Pablo:

2 Timoteo 2:2  Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros.

Pablo esperaba que Timoteo hiciera con otros lo mismo que Pablo había hecho con el joven Timoteo quien a su vez escogerían a otros que continuarían el proceso.

Gráfico: Pablo >>> Timoteo >>> “hombres fieles” >>> otros

La necesidad del discipulado
Una de las más impactantes historias del libro de Génesis es el asesinato de Abel a manos de hermano Caín. Poco antes de este triste evento, Dios le pregunta a Caín por su hermano Abel. Caín le contesta: “¿a caso soy yo guarda de mi hermano?”. Para Dios es claro que, en el contexto de la iglesia, sí lo somos.

Discipulado es, como ya ya dije, el proceso a través del cual el creyente alcanza un nivel aceptable de madurez, caracterizado, entre otras cosas, por la obediencia y la capacidad de reproducirse en otros.

No debería parecernos extraño este proceso. Es como en el nacimiento de un bebé. La criatura recién nacida necesita de cuidados continuos para que, con el paso del tiempo se convierta en un adulto maduro y fructífero.

La imagen del creyente como uno “nacido otra vez” aparece en muchos lugares de la Biblia.

De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3

 …deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos… I Pedro 2:2

Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes… Gálatas 4:19

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Mateo 18:14

¿De quién es la responsabilidad de cuidar hasta la madurez a estos “pequeños” de los que habla Jesús en Mateo? Por supuesto es la responsabilidad de la Iglesia y de sus componentes (nosotros). Nuevamente, el Apóstol Pablo nos da su ejemplo.

Saben también que a cada uno de ustedes lo hemos tratado como trata un padre a sus propios hijos. 12 Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria. I Tes. 2:11-12

La necesidad del discípulo
En el proceso de crecimiento espiritual, igual que el caso de los bebés, diferentes factores adversos amenazan contra el bienestar del creyente. Como por ejemplo:

El diablo.


Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. I Pedro 5:8

Las falsas doctrinas
Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Efesios 4:14

Su propia dejadez.
Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. 2 Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, 3 pues aún son inmaduros.
I Corintios 3:1

Contrario a la actitud de Caín hacia su hermano Abel, nosotros sí somos “guarda de nuestro hermano”.


¿Pero qué es un discípulo?
No existe una definición de “discípulo” en el Nuevo Testamento. Sin embargo hay muchos lugares en que el concepto aparece y que nos permiten tener una idea bastante clara de lo que el término representa en las Escrituras. Por ejemplo, en Mateo. El Evangelio de Mateo tiene al discipulado como uno de sus temas centrales. En base a versos en este Evangelio podemos decir de manera sencilla que ser un discípulo de Jesús es responder a la invitación de Jesús “venid a mí”, que aparece tres veces en Mateo.

Y les dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” Mt 4:19

“Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar. Mt 11:28

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: –Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
Mt 16:24

Según estos interesantes versículos un discípulo de Jesús es una persona que:

  1. Ha encontrado el descanso de Jesús.
  2. Está dispuesta a lo que sea por Jesús.
  3. “Pesca” a otros para Jesús.

Convertirnos en discípulos y ayudar a otros a que también lo sean es la consecuencia natural de nuestra salvación en Cristo. Entrar a participar del Reino de Dios es compartir con nuestro Señor la tarea de darle a conocer al mundo. Recordemos. Su misión es nuestra misión. Siendo ya discípulos de Jesús, es nuestro privilegio continuar su tarea en el mundo.

¿Soy yo un “discípulo”?
Es imposible que consideremos “hacer discípulos” si primero no estamos seguros de ser uno.

  1. El arrepentimiento es un cambio de mente.
  2. La conversión es un cambio de dirección.
  3. El Nuevo Nacimiento es un cambio de Agenda.

La realidad es que muchos creyentes no viven como “discípulos de Jesús”. Igual a los corintios (a los que hicimos referencia en un estudio anterior) hay muchos cristianos estancados en su crecimiento espiritual e iglesias que parecen una guardería o kindergarten.

Algunos de los recipientes de la carta a los Hebreos tenían este problema.

5:12 En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. 13 El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. 14 En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual.
6:1 Por eso, dejando a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez. (Hebreos 5:12 – 6:1)

En estos versos podemos ver algunos de los síntomas de inmadurez.

  1. Aun está en las ”enseñanzas elementales acerca de Cristo”.
  2. Aun con alimento propio para bebés.
  3. Aun sin discernimiento.

Entre los ya mencionados cristianos corintios podemos encontrar otras características de los creyentes inmaduros.


1 Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. 2 Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, 3 pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos? (I Corintios 3:1-3)

A las características que vimos en Hebreos podemos añadir:

  1. Celos.
  2. Contiendas.

De esta manera, pero ahora de una manera positiva, puedo saber que soy un discípulo si:

  1. Conozco bien las doctrinas básicas de la fe cristiana.
  2. Me alimento de doctrina “sólida”,
  3. Puedo enseñar a otros.
  4. Relaciones interpersonales saludables.

Y, aunque podríamos añadir otras características a la lista, hay una que no podemos obviar: el amor.


Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. 2 Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. 3 Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso. (I Corintios 13:1-3)

Y, ¿cuándo termina este proceso de discipulado? La verdad es que nunca. Mientras estemos en este mundo torcido, afectados por nuestra naturaleza pecaminosa (carne) y atacados por el diablo, siempre tendremos oportunidad para crecer. Aun el propio Apóstol Pablo escribió ya tarde en su vida:

No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. 13 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, 14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (Filipenses 3:12-14)

¿Cómo sé que he crecido lo suficiente como para ayudar a otros en su crecimiento cristiano? Sin duda que al estudiar lo que he enseñado de la Biblia ya tenemos una idea. Sin embargo casi nadie (por humildad o ignorancia) se reconoce como capaz de ayudar a otros en su crecimiento cristiano.

Ya leímos de cómo Pablo, creyente maduro sin duda, aun se describe como “corriendo la carrera”. Un creyente capaz de ayudar a otros en el discipulado no es uno que terminó la carrera, que ya llegó a la meta; sencillamente es un cristiano más adelantado en el camino y dispuesto a ayudar a otros a transitar el tramo por él recorrido.El gozo del discipulado
Si recuerdan, en algunas cartas el apóstol Pablo se identifica asimismo Como “padre” de algunos de sus discípulos. Esto se refiere no solamente a que fue él quien les presentará el mensaje de las buenas noticias, sino también que él mismo se ocupó de velar por su desarrollo espiritual. En una de esas cartas habla de sus discípulos como su “gloria”.

Llevar a una persona al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo y verle crecer en Él es uno de los gozos más grandes que podemos experimentar en nuestra vida cristiana. Es como cuando una mujer da a luz y se regocija en ver la nueva criaturita. Ver crecer a ese niño, en el caso de la madre, o al discípulo, en el caso nuestro, es otro placer y privilegio grande.

Quizás la responsabilidad de hacer discípulos nos puede parecer como una carga adicional en nuestra vida. Por supuesto que esto añade responsabilidad y algo de tiempo a nuestra ya repleta agenda. Pero debemos considerarlo no solo como un acto de obediencia sino también como la oportunidad de dejar un legado espiritual. Me explico.

Gobernadores Y jefes de Estado se preocupan por dejar un buen legado por el que se les recuerde. De la misma manera otros de nosotros que no ocupamos puertos puestos de importancia desearíamos dejar algo con lo que hemos logrado hacer mejor al mundo, aunque sea un poco.

Visto desde otro punto de vista esto es exactamente lo que el discipulado significa. Aun cuando ya no estemos, una huella de nuestra vida en Cristo a sido marcada en la historia para siempre.

En mi experiencia de cristiano primero y luego como pastor he tenido la satisfacción y el privilegio de llevar personas a Cristo y ayudarles en su crecimiento espiritual a través de un proceso de discipulado. El fruto que ese trabajo ha dejado para la gloria de Dios es una de mis mayores satisfacciones.

Es cierto que este fruto puede tardar años en manifestarse plenamente. Es una de esas cosas en la vida, como en la agricultura, en la que tenemos que trabajar arduamente y luego esperar pacientemente el resultado.

En mi caso, aveces han pasado décadas cuando algún antiguo discípulo o discípula habla de lo importante que ha sido mi participación en el desarrollo de su vida cristiana. Y no es que necesitemos el halago o recompensa alguna, es la simple satisfacción de sabernos útiles en el reino de Dios.

Quisiera invitarte a que consideres seriamente lo que el mandato de Jesús representa en tu vida, El multiplicarte trayendo a otros a Cristo y luego guiándolos en el camino de Cristo. Estoy seguro que no te arrepentirás.

La manera
En el discipulado sucede lo mismo que en la evangelización. Todo el mundo tiene su librito.

De recién convertido se oía hablar del discipulado. Gente que yo admiraba hablaba de esto como una parte normal de la vida cristiana. En ese tiempo se le atribuía una aura casi mística al concepto de discipular. De una u otra manera comencé a considerar seriamente la idea y la puse en practica.

Cuando comencé una iglesia con Sonia decidí desde el principio que el discipulado iba a ser Central en nuestro ministerio. Tanto Sonia como yo dedicamos incontables horas a poner esto en practica. Aunque tuvimos el privilegio de ver con nuestros propios ojos el fruto de nuestro trabajo, el fruto que con el tiempo apareció, cuando esos discípulos hicieron otros discípulos, ha llenado nuestro corazón de satisfacción.

Volviendo al cómo se discipula. No hay una estrategia ni un método o una forma exclusiva de hacerlo. Por supuesto tenemos el ejemplo de Jesús y en nuestros Grupos Con Propósito estamos estudiando un clásico de la literatura cristiana donde se nos presentan principios que el Maestro usó. Sin lugar a dudas estos principios resultan ser algo así como un modelo para nuestro propio ministerio.

Pero lo que yo quiero compartir aquí es lo que considero esencial. Personalmente creo que si estos elementos no se dan en alguna forma no estamos llevando acabo el proceso de discipulado.

Lo primero, que es lo primero también cuando compartimos a Cristo, es un genuino interés por la otra persona. No se trata de un proselitismo interesado sino de un amor convencido de que tenemos lo mejor para compartir. Este interés genuino por la persona a la que servimos no sólo es importante para nosotros, regulando y dirigiendo nuestras motivaciones, sino que lo es también para la persona discipulada. Porque el amor y el interés genuino se percibe, se siente y ayuda a establecer una relación algo más estrecha y profunda que las relaciones ordinarias y esto también es indispensable para un buen discipulado.

Por supuesto, el segundo elemento es el compartir de la palabra de Dios. En algunas etapas tempranas del proceso es muy probable que esta enseñanza tome la forma de estudios bíblicos más o menos tradicionales. Pero según avanza el discipulado y se profundiza la relación, la enseñanza de la Biblia tomará otro matiz. Según pasa el tiempo y según crece nuestro discípulo su propia lectura de la Biblia generará dudas e inquietudes. A nosotros nos corresponde aclararlas.

No tengas miedo a esto. Nadie lo sabe todo. Ningún hermano o hermana bajo nuestro cuidado se ofenderá porque no sepamos la contestación a una pregunta y tengamos que pedir algo de tiempo para estudiarla. Al contrario, esto demuestra el interés genuino Y a la misma vez le modela el crecimiento constante del cristiano y que tu, aun cuando haya pasado muchos años con Jesús, no lo sabes todo y continúas creciendo.

Cuando el discípulo comparte con nosotros las preguntas que han resultado de su propio estudio o algunas que nosotros mismo les presentamos con el fin de ahondar en su conocimiento de la palabra de Dios, nuestra enseñanza puede cambiar de método. Si has establecido una relación significativa con esa otra persona esto surgirá naturalmente.

En esos ratos, que pueden ser completamente espontáneos y no planificados, les enseñaremos a cómo se estudia la Biblia y les transmitiremos nuestro propio amor por las Escrituras. Es muy probable que estos diálogos de los que hablo ahora sean informales y eso es bueno. No habrá una agenda que cumplir sino un tiempo para compartir. Es en estos momentos cuando las verdades bíblicas se presentan no sólo como el contenido de una doctrina cristiana sino también como tu propia vivencia y práctica.

El tercer elemento es importante, aunque puede asustar a algunos. Consiste en nuestro ejemplo. Querrámoslo o no somos modelo a los nuevos creyentes en cuanto a cómo se vive la vida cristiana. En varios lugares el apóstol Pablo invita a los hermanos a mirarle como ejemplo y no sólo a él sino a aquellos que han estado con él.

Nuestro temor ante esto nace de la equivocada idea de que sólo pueden ser ejemplo los que son perfectos. Y esto es un error que es casi un horror. Si esperáramos a ser perfectos para ser ejemplo, nunca llegaríamos a serlo. Y si nuestro ejemplo es el de una lucha fatigosa por llegar a la perfección, sepamos de antemano que ninguno de nuestros discípulos la alcanzará.

Pablo no era perfecto, pero servía de ejemplo a aquellos a los que enseñaba.

I Cor. 11:1 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

I Cor. 4:16 Por tanto, les ruego que sigan mi ejemplo. 17 Con este propósito les envié a Timoteo, mi amado y fiel hijo en el Señor. Él les recordará mi manera de comportarme en Cristo Jesús, como enseño por todas partes y en todas las iglesias.

Fil. 4:17 Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado.

Fil. 4:8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. 9 Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes.

En el discipulado la relación transparente de amor es una en la que permitimos, con cuidado y discreción, que nuestro hermano conozca nuestras debilidades y defectos. Aun cuando han pasado muchos años recuerdo la primera vez que compartí mis primeras luchas con un amigo que se había convertido antes que yo. No tienen idea el alivio que sentí cuando él me explicó que atravesaba por luchas semejantes y que mi debilidad no me excluía de ser un hijo de Dios.

Más adelante comentaremos cómo es importante enseñarles que solamente la fe en el sacrificio de Cristo se nos garantiza la salvación, y que esta no depende de un sentimiento espiritual ni de una vida de pretendida perfección.

El cuarto elemento no debería sorprendernos. Es la oración en junto con nuestro hermano discipulado. Orar los unos por los otros y presentar las peticiones mutuamente no solamente ayudan al nuevo creyente a aprender a pasar tiempo con Dios en oración. También le permitirá ver el poder de Dios contestando la oración.

A algunos de nosotros podría parecernos todo esto como un proceso complicado, pero no lo es. Se trata simplemente de vivir la vida cristiana en compañía de otra persona y, en alguna medida, dar de nuestra vida cristiana a la suya, o como el Pablo el apóstol Pablo escribió en Gálatas “formar a Cristo en ellos”, lo que es el propósito de Dios

Rom. 8:29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

No permitas que tus temores o inseguridades te alejen del privilegio de participar en el discipulado de nuevos creyentes. Te aseguro que no volverás hacer el mismo.

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