RESUMEN

 Hoy en día la verdad es una proscrita y ha pasado de moda. El relativismo moral ha sido absorbido por las sociedades sin prestar atención a su pobre fundamento intelectual. Hoy es cuando únicamente en la historia (desde el famoso “yo solo sé que no sé nada” atribuido a Sócrates) declararse agnóstico se interpreta como parecer inteligente aunque se esté admitiendo ignorancia. La verdad es una especie en peligro de extinción y las consecuencias de su desaparición están siendo fatales para la humanidad. Tenemos que hacer algo al respecto.

Al relativismo moderno establecido de manera sólida en la cultura académica y general del siglo XX se le añadió el discurso posmoderno. 

Este último cambió las reglas del juego en lo que a argumentación y metodología filosófica e histórica se refiere. En el pensamiento posmoderno se afirma que el saber humano no es sino una construcción basada en impresiones subjetivas que pueden o no guardar relación con la realidad. Dicho de otra manera, las verdades postuladas son artificiales, sin la correlación necesaria con una realidad absoluta. La supremacía del razonamiento, característica de la Modernidad, se deja atrás y se da por obsoleta e insuficiente. El resultado ha sido que la verdad es considerada, como mucho, relativa.

De la realidad a la relatividad 

¿Cómo llegamos a esto? El concepto de una “verdad relativa” no es nuevo. Ya Protágoras, filósofo griego del siglo V a. C., había afirmado que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Pero fue con el Renacimiento y la Ilustración que comenzaron los pasos definitivos en dirección contraria al concepto de una verdad absoluta. Para esa época, Dios había dejado de ser el centro y la base de la sociedad. El re-descubrimiento de los clásicos griegos y el humanismo que resultó, llevaron al razonamiento humano a tomar el lugar de Dios como “medida de todas las cosas”.

Más tarde, con la Modernidad, llegó la exaltación de la razón, la ciencia y el progreso. La atención pasó de lo sobrenatural a lo natural. Y según parecían resolverse los misterios de la vida y ampliábamos de manera significativa nuestra comprensión del orden del cosmos, se eliminaba la necesidad de Dios. Por lo menos así han pensado algunos. Se exaltó el progreso y se creyó devotamente que nada estaba fuera del alcance de la humanidad, la ciencia y la tecnología. Los objetos de culto cambiaron; de las catedrales a los laboratorios. Así pues, en la búsqueda de una guía para la vida, el hombre consiguió su autonomía para conocer la verdad sin estar sujeto, como antes, a la autoridad de la Iglesia o de Dios. 

Posmodernidad

Pero este proceso no se detuvo ahí. Las últimas décadas escenificaron el desarrollo de un nuevo acercamiento que ya hemos mencionado, la Posmodernidad. Con este y con el relativismo con el que se le asocia, se niega la existencia de algo que funcione como norma y criterio absoluto para la verdad. Sobre este proceso intrigante, el afamado escritor estadounidense Allan Bloom comentó: “Apertura solía ser la virtud que nos permitía buscar el bien usando la razón. Ahora significa aceptar todo y negar el poder de la razón”. 

Lo que debió ser apertura al estudio de las ideas se cambió a una aceptación no crítica de todas las ideas. Curiosamente, a la misma vez, la Universidad pasó de ser el lugar donde el universo de ideas es apreciado, a un recinto donde la aceptación indiscriminada de algunas ideas llevó al rechazo injustificado de otras. Cuando los linderos de la verdad se difuminan, perdemos el juicio crítico para distinguir la verdad de la falsedad y terminamos aceptando la segunda y negando la primera.

Bajo esta forma de pensar en el relativismo moral, toda “verdad” es en realidad una construcción de nuestra razón. La objetividad de una realidad fuera de nosotros (como en la Modernidad) da paso a una interpretación particular e individualista de la realidad. Para lograr esto se hace necesario el deconstruccionismo: la re-interpretación de la historia, la ciencia, la cultura y la moral a la luz de estas ideas.

Consecuencias

El conocido apologeta de origen indio Ravi Zacharias, explica las consecuencias de este importante cambio en el acercamiento intelectual a la verdad. Tomaré solo tres a modo de ejemplo.

Confusión moral.

Confusión filosófica. 

Confusión religiosa.