RESUMEN

 

  Malaquías escribe alrededor del año 460 AC. Para entonces muchas cosas buenas habían sucedido: el pueblo había regresado del exilio, el Templo había reconstruido y dedicado (516 AC) y se había reinstalado el culto (1:10,13; 3:1,10). Pero ni el retorno ni la reconstrucción trajeron las reformas religiosas esperadas.

 

Su nombre significa “mi mensajero” (1:1;3:1). Pero nada más sabemos de Malaquías. Él es considerado como el último de los profetas y la tradición judía habla de que, después de su ministerio, el Espíritu de Dios se apartó de Israel.

 

Lo más probable es que el ministerio profético de Malaquías antecedió tanto a Esdras como a Nehemías y que su mensaje sirvió para preparar el camino para estos.

 

 Como ya dije, Malaquías escribe alrededor del año 460 AC. Para entonces muchas cosas buenas habían sucedido: el pueblo había regresado del exilio, el Templo había reconstruido y dedicado (516 AC) y se había reinstalado el culto (1:10,13; 3:1,10). Pero ni el retorno ni la reconstrucción trajeron las reformas religiosas esperadas. 

 

A pesar de no ser éste un tiempo particularmente difícil en política internacional, Israel tampoco prosperó como nación de acuerdo a las expectativas. A las esperanzas fallidas siguieron la dejadez y el descuido espiritual.

 

 Su libro sigue una estructura está basada en un estilo dialéctico: preguntas y respuestas.

 

El asunto en cuestión es la valorización que hacemos de Dios; que nos aseguremos que tenemos la más alta estima por Dios en nuestro corazón. Pero, ¿cómo puedo yo evaluar algo tan “subjetivo?. La realidad es que no es “tan subjetivo”. 

 

De la misma manera que la calidad de las malas ofrendas ofrecidas por los sacerdotes a Dios en Israel en los tiempos de Malaquías puede ser evaluada, así mismo la expresión de nuestra devoción puede ser medida por lo que damos/dedicamos a Dios:

 

Tiempo (agenda)

 

Talentos (ministerio 

 

Tesoro (dinero; chequera)

 

 

 

Su mensaje: 

 

El pueblo ha vuelto, el Templo ha sido reconstruido pero… Los tiempos de gloria no han llegado. En su lugar, lo que hay son preguntas: ¿Les ama aún Dios? ¿Hará justicia? ¿Qué de Israel? 

 

Preguntas como éstas, y una profunda indiferencia de parte del pueblo de Israel, son el panorama que tiene que enfrentar el profeta Malaquías 

 

El pueblo continuaba lejos de Dios. Los pecados del pueblo, que incluían a la clase sacerdotal, son señalados por el profeta como ya vimos: menosprecio a Dios, adulterio, robo, etc. Los matrimonios mixtos, llevando, como siempre, a la idolatría han servido de colofón a la situación. 

 

1. Amor de Dios (1:2-3)

 

2. Menosprecio a Dios (1:6-2:9) – Contra los sacerdotes 

 

3. Adulterio (2:10-16)

 

4. Cansado a Dios (2:17-3:5) 

 

5. Robado a Dios (3:6-8) 

 

6. Hablan contra Dios (3:13-18)

 

Malaquías trata estos y otros problemas en un estilo de polémica o disputa. Se hace preguntas sobre lo que sucede y manifiesta la contestación de Dios. De esta manera el profeta alienta al pueblo a corregir todos estos males con la esperanza de que Dios intervenga y de que, al final, Dios envíe a su mensajero.

 

En las palabras finales de Malaquías, el profeta asegura que Dios intervendrá en juicio definitivo. Los justos serán librados del juicio y participarán de la rotunda victoria de Dios. Para los malos éste será el “Día de Jehová” (1), y para lo seguidores de Dios, el nacimiento del  “Sol de justicia” (2).

 

Antes de que este día llegue, Malaquías anuncia la llegada del “profeta Elías,” con una misión de restauración antes de que llegue el castigo. Y con la espera de ese “mensajero” de Dios, termina el libro y, con él, el Antiguo Testamento.

 

Transcurrirán unos 4 siglos antes de que el grito de Juan el Bautista sea escuchado: “El reino de los cielos se ha acercado…” Y, detrás de él, Dios hecho hombre, el “deseado de todas las gentes,” el “Sol de justicia,” el Hijo del Hombre, el Mesías: Jesús de Nazaret…