RESUMEN

XI. Comienza el ministerio de Jesús: Milagros y algo más   Caps. 8-9

Previo al Sermón del Monte ya Mateo nos había presentado una serie de milagros (de sanidad y de exorcismo). Ahora, terminada la enseñanza en el monte, Mateo agrupa una serie de milagros (10) antes de la selección oficial y final de los doce. 

 

Podemos notar algunas peculiaridades en estos milagros…

 

Aunque en estos próximos versos se trata hechos milagrosos, existe entre ellos un elemento común que ayuda a recalcar la naturaleza de la misión de Jesús. Hablamos de la impureza religiosa. 

 

Tanto el leproso, como el centurión gentil, la afiebrada suegra de Pedro y, por supuesto, los endemoniados eran considerados ritualmente impuros. 

 

Por esto debemos evitar restringirnos al elemento dramático de lo visible y sobrenatural de estas obras de Jesús para entender que hay algo más profundo que está ocurriendo. En estos milagros la persona entera viene a ser restaurada por Jesús; su elemento físico, emocional, social y espiritual. La vida toda es objeto del interés de Dios. El ser humano íntegro puede encontrar en Jesús la clase de vida para la que fuimos creados. 

 

El primer milagro de esta lista es muestra de lo dicho.

 

El leproso (8:1-4)

…una de las escenas más enternecedoras de los Evangelios 

En esta dramática historia podemos identificar algunos elementos algo extraños (raros) para nosotros.

    1. El leproso se acerca.
    2. Jesús le toca.
    3. Jesús lo manda al sacerdote.
    4. Una nueva esperanza – oye hablar de Jesús y va a él
    5. Una correcta actitud

Jesús

1. Misericordia – un acto de bondad a uno que no lo merece.

2. Extiende su mano y le toca y, al hacerlo, quebranta la ley.

3. Resultado – Al instante

Siervo del Centurión (8:5-13) 

Al entrar Jesús en Capernaún, ciudad que pasa a ser por un tiempo la “base de operaciones” del Maestro, se le acercó un centurión pidiendo ayuda. 

 

Lo extraño de la historia

a. Un gentil (centurión romano) acude a Jesús.

b. Un siervo que era bien considerado por su amo.

c. La disposición de Jesús a sanarlo (siendo gentil).

d. La humildad del centurión (“no soy digno”)

e. La fe del centurión (Jesús: “…ni aún en Israel…”).

 

Que Jesús se propusiera ir al hogar del oficial romano es tan inaudito como el acto de tocar al leproso. Pero este no es el único giro inesperado en esta poderosa historia.

 

Con su experiencia militar como base, el centurión contesta que la visita no era necesaria. 

 

Mucha fe…

 

Volvemos para ver el final de la escena de la sanidad del siervo del centurión. 

 

Tal y como había creído el oficial romano, su siervo fue sanado en el mismo instante (como podemos constatar en Lucas). El asombro de todos quizás fue mayor en este caso ya que los milagros a la distancia eran reconocidos como raros y especiales.

 

Llegamos ahora a los siguientes milagros.