RESUMEN

El significado de la “vuelta” a casa (21:1-17)

Llegados al capítulo 21 entramos en la última semana de vida de Jesús.

La mayoría de las personas que conocen algo de la historia bíblica piensan en este domingo, el Domingo de Ramos como se le llama, como uno feliz. La imagen de una multitud que vitorea, palmas en mano, al Cristo entrando en un pollino de asna está grabada en la mente de la mayoría de los creyentes como un evento alegre.

 

Pero no lo fue. Al menos no para Jesús. Ayudados por los otros tres Evangelios podemos reconstruir el todo evento.

 

Jesús había salido de Jericó, donde sanó a los dos ciegos, y llegado hasta Betania, donde María le ungió (Juan 12). Después de eso, emprendió con sus discípulos el camino a Jerusalén, donde celebrarían la Pascua.

 

Al acercarse a Jerusalén tenemos una de las escenas más emotivas de los Evangelios.

 

En la zona del Monte de los Olivos Jesús encomienda a los discípulos la búsqueda de un burrito sobre el que sentará y así entrará a la ciudad de Jerusalén en claro cumplimento de la profecía de Zacarías.

 

Aunque le llamamos la Entrada Triunfal, no se da al estilo de las procesiones de un ejército victorioso sino la de un rey pacífico.

 

La algarabía era enorme. 

 

Comenzaba la Pascua, época en que las expectativas de la llegada del Mesías eran altas. El uso de ramas era común en estas fiestas judías y también indica la práctica aplicada a la realeza y gobernantes. Las palabras que lo acompañaba, incrementaron aún más la euforia del grupo que recibió a Jesús.

 

El uso en este momento claramente indicaba que la recepción que recibía Jesús, era propia de un Rey, el Hijo de David, quien se convierte en objeto de alabanza.

 

La escena que hemos comentado es un poderoso eco del Salmo 118, con claros visos mesiánicos, donde es a Dios a quien se le ofrece el clamor.

 

Se añaden al drama de Jesús cumpliendo la profecía de Zacarías los milagros hechos por Jesús y que la gente conocía, especialmente la resurrección de Lázaro como comenta Juan, provocando preocupación en el liderazgo religioso.

Para completar la intensidad del drama, Jesús se dirige directamente al templo donde, por segunda vez protagoniza una escena escandalosa, sacando a vendedores y cambistas.

Acabado este intenso día, Jesús regresó con los suyos a Betania.

 

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En el programa anterior vimos la impresionante llegada de Jesús a Jerusalén y dos aspectos de su recibimiento: unos que pareciendo reconocer el significado mesiánico del momento gritan “hosanna” y otros que no entendiendo la limpieza del templo cuestionan la autoridad de Jesús. Lo que podría haber sido el momento definitorio para Israel se convierte en un gigantesco anti-clímax.

 

Con este día tan especial abre la última semana en la vida de Jesús.

 

Desde el punto de vista emocional ese día fue para Jesús una verdadera montaña rusa. Su día comenzó en la tranquilidad de la compañía de amigos en el hogar de Marta, María y Lázaro. Llegando a Jerusalén lloró por la ciudad, según nos relata Lucas. A esto les siguieron la increíble emoción de la entrada a Jerusalén con la efusiva recepción del pueblo y luego la vorágine de indignación al limpiar el templo. Finalmente sanidad de enfermos, el grito de alabanza de los niños seguido de los cuestionamientos de los fariseos y, finalmente, la vuelta a Betania, a pasar la noche con sus amigos.

 

Mirar conjuntamente la narración de la entrada de Jesús a Jerusalén en los cuatro evangelios destaca que Jesús estaba muy consciente de su inminente muerte. Los discípulos, a pesar de ocasionales avisos, no acaban de registrarlo en sus mentes.

Los discípulos no sabían lo que se aproximaba, pero Jesús sí.

 

Ya habíamos visto algo de esto en Mateo 16, luego de la confesión de Pedro sobre la identidad de Jesús:

  

Y en nuestro pasaje, justo antes de entrar a Jerusalén.

 

El dramatismo del momento se acentúa aún más cuando incluimos elementos de la narración en Juan, quien narra cómo, al parecer, la llegada de unos griegos preguntando por Jesús (Juan 12:20) pareciera ser la señal definitiva del desenlace, lo que da lugar a una declaración de Jesús llena de significado.

 

Higuera sin higos; Israel sin buenos hijos (Mateo 21:18- 22:14)

 

Este pasaje debe considerarse como un todo.

 

El rechazo de Israel, al menos de los líderes religiosos y algunos de los presentes en las festividades de la Pascua, era claro. El final de el capítulo 21y el comienzo del 22 confirman la triste realidad del rechazo al Mesías a través de un milagro simbólico y de varias impactantes parábolas de Jesús. Comencemos por la higuera.

 

De la enseñanza sobre la fe ya hemos comentado en otros programas. Pero el incidente de la higuera, ¿tiene algún significado especial? Veamos.

 

A pesar del incidente en el templo del día anterior Jesús se dedica a enseñar en el mismo lugar donde antes había expulsado a los mercaderes. La pregunta inevitable surge de inmediato:

 

Jesús reconoce la motivación mala de los fariseos y en lugar de contestar directamente les plantea a ellos una pregunta.

 

La contestación de Jesús, condicionando su respuesta a lo que dijeran los fariseos, era una manera clara de mostrarles a ellos y a todos los que estuvieran cerca su incredulidad a los propósitos divinos y la hipocresía de sus cuestionamientos.

 

Con esto el escenario está preparado para la presentación de tres poderosas parábolas en las que, repetidamente, se explican las consecuencias para el pueblo judío de no haber recibido al Mesías como debieron.

 

En las tres historias Israel es presentado respectivamente como un hijo obediente solo en palabras (promete y no cumple), como hombres malvados que asesinan al hijo del dueño de una hacienda para adueñársela, y como los que, habiendo sido invitados a una boda, deshonran a quien les invita rehusando ir y presentando excusas vanas.

 

Antes de entrar en las parábolas hay que dejar claro varias cosas.

    1. El ambiente general en el liderato judío es de incredulidad hacia Jesús.
    2. Las tres historias presentan, en esencia, el mismo mensaje que luego resumirá Jesús en Mat. 21:43

»Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino. 

    1. Dios había hecho varios intentos a lo largo de la historia para traer a Israel al arrepentimiento, sin éxito.
    2. El rechazo, y la muerte del Hijo conllevarán un duro castigo.

 

Parábola de los dos hijos

Los labradores malvados

Parábola de la fiesta de bodas

Más adelante el Apóstol Pablo hablaría de cómo el menosprecio de los judíos por su Mesías resultaría en nuestra bendición. Pues el rechazo de Dios a los que le menospreciaron “dio como resultado la reconciliación entre Dios y el mundo” (Rom. 11:15). También dice que “los israelitas son enemigos de Dios para bien de ustedes” ”  (Rom. 11:15), para que los gentiles fuéramos “objeto de su misericordia (Rom. 11:30)