RESUMEN

Un final que no es final

La crucifixión (27:33-44)

32 …hombre de Cirene que se llamaba Simó

33 Llegaron a un lugar llamado Gólgota (que significa «Lugar de la Calavera»). 

34 Allí le dieron a Jesús vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, se negó a beberlo. 

35 Lo crucificaron y repartieron su ropa echando suertes. 37 Encima de su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: «Éste es Jesús, el Rey de los judíos.» 

38 Con él crucificaron a dos bandidos,

41 De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes, junto con los maestros de la ley y los ancianos. 

42 —Salvó a otros—decían—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo! ¡Y es el Rey de Israel! Que baje ahora de la cruz, y así creeremos en él. 43 Él confía en Dios; pues que lo libre Dios ahora, si de veras lo quiere. ¿Acaso no dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”? 

44 Así también lo insultaban los bandidos que estaban crucificados con él. 

 

La escena es muy conocida y creo que no hay nada que aclarar, excepto quizás hacer un acercamiento a la escena desde otra perspectiva, como testigos oculares de la tragedia.

 

Yo estuve allí  (Mateo 27:32-56)

Yo estuve allí…

Miraba asustado a mi alrededor. Los gritos de la gente y las carcajadas de los soldados retumbaban en mis sienes. La hostilidad flotaba como manto amenazante, envolviéndome. El cielo azabache, sin luminosidad. La tierra, temblorosa, como en grito de angustia, de protesta. El viento, callado, esperando la reacción divina.

 

Y allí estabas tú. Levantado. Manos y pies atrapados por los clavos. Frente coronada de espinas y rostro decorado con finos hilos de grana. Ojos compasivos apagándose. Nariz que aleteaba furiosa, procurando respirar. Boca con mueca de dolor y sonrisa de perdón. Costados en líneas de carne rota, de sangre y de polvo. 

Cruz: Madera y sangre. Mucha sangre. Sangre inocente que brota y cae: Un río rojo que mana del cuerpo en la cruz, invitando al perdón. Río de paradojas. Crueldad e intenso amor. Injusticia que abre el camino a la vida. Sufrimiento que lleva al gozo. ¡La muerte invitando a la vida!

 

¡Y yo estaba allí! El río rojo me alcanzó. Me envolvió y me cubrió. Oleadas de perdón se llevaban pesadas cargas de angustia y de culpa. En su lugar, paz y gozo: ¡Perdón! 

Salí corriendo deseoso de que otros vinieran hasta el árbol de la vida, para que vieran y vivieran lo que yo. Familia, amigos, conocidos, desconocidos, cercanos y lejanos, gente toda en necesidad de Él. 

¡Yo estuve allí! Cómo evidencia llevo conmigo un corazón perdonado, un alma en paz y una nueva canción.

¡Yo estuve allí! ¿Y tú?

 

 

Y el significado de lo que sucede desde el principio de la historia, desde Abraham.

 

Dios en el altar 

El día más importante en la vida de Abraham fue también su día más oscuro. Fue el día cuando fue capaz de entregarle a Dios lo que más quería. Cuando el patriarca se desprendió de aquello de lo que dependía su futuro, se convirtió en “El Padre de la Fe”. 

Cuando Abraham hizo lo impensable, confirmó que lo más importante para él era la obediencia. Aprendió que los altares de Dios siempre traen sorpresas; que en ellos lo sacrificado adquiere vida y significado; que lo que sube en el humo del sacrificio no es una pérdida sino la escalera a un conocimiento más pleno de Dios.

La verdadera relación con Dios es así. Es una entrega absoluta de todo y de todos. Es un entregar al Señor nuestros sueños, familia, dinero, propiedades, esperanzas, vacaciones, tiempo, dinero y comodidad, para que Él sea nuestro Todo. 

El camino a la vida profunda con Dios pasa por el Moriah y por el altar del sacrificio. Quien se rehúsa a experimentar el fuego del holocausto, tampoco tendrá el fuego de la unción. El que no rinde todo, se quedará con nada. El que no se somete por entero, nunca disfrutará plenitud, porque sólo cuando nuestras manos están completamente vacías, Dios puede llenarlas…

 

¿Exagerado? ¿Fanático? ¿Injusto? ¿Un Dios cruel? 

 

…El Padre llevó de la mano a su Hijo hasta otro Monte.  El monte del sacrificio. En su cima, las manos y los pies de Aquel a quien quería tanto fueron fijados al madero con clavos. El fuego de la ira humana se levantó contra el Justo y consumió su vida. Mientras, el Padre miraba con dolor. El Hijo murió. El cielo ennegreció y la tierra se abrió en cólera. 

El Padre lloró.

La próxima vez que pienses que Dios te pide demasiado… Recuerda el Calvario.

 

Muerte de Jesús (27:45-56)

45 Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. 46 Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: 

—Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”). 

50 Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. 

51 En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. 52 Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. 53 Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 

54 Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron: 

—¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios! 

55 Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. 56 Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. 

 

 

Al final, ocurrió. Jesús expiró.

 

La profecía de Isaías se cumplió cuando quien no tenía ni donde recostar su cabeza, fue enterrado en el sepulcro de un rico. Y, sin haberlo querido sus enemigos, se preparó el escenario para que el milagro más maravilloso de la historia pudiera creerse y defenderse a lo largo de los siglos.

 

Sepultura de Jesús (27:57-61)

57 Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. 58 Se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús, y Pilato ordenó que se lo dieran. 59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo puso en un sepulcro nuevo de su propiedad que había cavado en la roca. Luego hizo rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, y se fue. 61 Allí estaban, sentadas frente al sepulcro, María Magdalena y la otra María. 

 

La guardia ante el sepulcro (27:62-66)

62 Al día siguiente, después del día de la preparación, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron ante Pilato. 

63 —Señor—le dijeron—, nosotros recordamos que mientras ese engañador aún vivía, dijo: “A los tres días resucitaré.” 64 Por eso, ordene usted que se selle el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, se roben el cuerpo y le digan al pueblo que ha resucitado. Ese último engaño sería peor que el primero. 

65 —Llévense una guardia de soldados—les ordenó Pilato—, y vayan a asegurar el sepulcro lo mejor que puedan. 

66 Así que ellos fueron, cerraron el sepulcro con una piedra, y lo sellaron; y dejaron puesta la guardia. 

 

Una tumba asegurada con una enorme roca, sellada con la autoridad del Imperio Romano y defendida por 12 o diez y seis  soldados romanos que en grupos de cuatro y en turnos de cuatro horas defenderían con sus vidas la tumba sellada.

 

Lo que sucede de aquí en adelante, sobrenatural como es, puede examinarse históricamente y proveer como mejor explicación de lo sucedido lo más imposible de creer: ¡Jesús resucitó de los muertos!

 

 

La resurrección (28:1-15)

Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. 

2 Sucedió que hubo un terremoto violento, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. 4 Los guardias tuvieron tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos. 

5 El ángel dijo a las mujeres: 

—No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. 7 Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: “Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán.” Ahora ya lo saben. 

8 Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 En eso Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. 

10 —No tengan miedo—les dijo Jesús—. Vayan a decirles a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y allí me verán. 

El informe de los guardias

 

La singularidad de este milagroso evento se constata por:

1. La tumba cerrada con una roca enorme, sellada por el Imperio y defendida por sus soldados proveerán la evidencia de que, cuando más tarde el domingo todos se percatan de que el cadáver de Jesús ya no está en el sepulcro, los discípulos no pudieron robar el cuero.

 

1. Este era el temor de los líderes judíos y la razón para asegurar la tumba.

2. Sería totalmente increíble que los once hombres que a penas unas horas antes huyeron despavoridos cuando Jesús aun estaba vivo y que, de paso, estaban encerrados por miedo, ahora se arriesgarían a la furia de la justicia y de la guardia romana por un Jesús muerto.

3. Si las sospechas eran reales, por qué no hubo arrestos

 

La veracidad del relato se constata por:

1. Mujeres son los primeros testigos.

2. Nadie cree el testimonio de las mujeres.

3. Dos discípulos corren para comprobarlo.

4. Jesús se presenta a 10 de sus discípulos llenos de miedo.

5. Uno de los discípulos (Tomás) rehusa creer a pesar de que sus amigos

 

11 Mientras las mujeres iban de camino, algunos de los guardias entraron en la ciudad e informaron a los jefes de los sacerdotes de todo lo que había sucedido. 12 Después de reunirse estos jefes con los ancianos y de trazar un plan, les dieron a los soldados una fuerte suma de dinero 13 y les encargaron: «Digan que los discípulos de Jesús vinieron por la noche y que, mientras ustedes dormían, se robaron el cuerpo. 14 Y si el gobernador llega a enterarse de esto, nosotros responderemos por ustedes y les evitaremos cualquier problema.» 

15 Así que los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Esta es la versión de los sucesos que hasta el día de hoy ha circulado entre los judíos. 

 

El evento de la Resurrección de Jesús es sin duda un ancla para la fe en medio de la Historia. Sujeta a la duda y al examen.

 

Tal y como el mismo Jesús lo había dicho, resucitó al tercer día, demostrando para siempre la realidad de su identidad como el Hijo de Dios y Mesías, y estableciendo la solidez de la base de la fe evangélica, como escribió Pablo unos años después, “si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe…”

 

Después de hablar de la Resurrección de Jesús, todo tema puede parecer anti-climático. Sin embargo, lo que sigue, representa el último deseo y voluntad del Cristo resucitado y ascendido. Lo conocemos como “La Gran Comisión”.

 

La Gran Comisión (28:16-20)

16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado. 17 Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban. 18 Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: 

—Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. 

 

La Gran Tarea: ¿Por qué?

Introducción: 

Le llaman “La Gran Comisión”. Otros “La Gran Omisión”. Se dice que es “Su última orden y nuestra principal tarea”. Mateo 24:14 la relaciona con el final de los tiempos y Apocalipsis lo confirma.

 

 Fue dada hace dos mil años y aun está incompleta. De hecho, más o menos una tercera parte de la población del mundo no ha oido aun el nombre de Jesús. Vivimos en la generación que cuenta con los recursos humanos, tecnológicos y financieros para al fin cumplirla… Entonces, ¿Por qué no lo hacemos?

 

Explicaciones hay muchas. Hoy hablaremos de nuestra motivación. La motivación debe ser lo suficientemente fuerte como para que estemos dispuestos a:

1. Orar incansablemente.

2. Ofrendar sacrificialmente.

3. Ir… ¡Inmediatamente! (Y morir?)

 

Por El; por mí; por ellos…

I. Por El

A. Mandato – Mt. 28:16-20

B. Responsabilidad – Ezequiel 33:1-9  (Hch. 20:26)

 

II. Por mí

A. Por amor

1. Jesús – Mt. 9:36; 23:37

2. Pablo – Romanos 9:1-3

B. Porque es un privilegio – Romanos 10:15

C. Porque es una necesidad – I Cor. 9:16-17

D. Por convicción – Romanos 1:16

 

III. Por ellos

A. Necesidad de salvación eterna – II Tes. 1:6-9

B. Necesidad de salvación aquí – Mr. 6:34; Hch. 16:6-10

C. Por los resultados producidos – II Cor. 5:17

D. Porque pronto puede ser muy tarde – Heb. 9:27

ILL. Titanic

E. Porque son muchos los perdidos – Mat. 7:13

F. Porque están confundidos – II Cor. 4:4

G. Porque somos su esperanza – Mat. 5:13-14