Mateo #11: Bienaventuranzas 3, 4, 5

#3 Mansos; hambre y sed

La palabra manso representa una relación de confianza absoluta en Dios, en Su justicia y en Su Soberanía que nos hace dóciles (como Jesús; como una oveja) en nuestra relación con Él, con los semejantes y con nosotros mismos.

“Heredarán la tierra”
Esta última parte del plan futuro de Dios, o sea los cielos nuevos y la tierra nueva, son mencionados varias en otras partes de la Biblia. Y éstos vendrán cuando todos los demás eventos aún futuros para nosotros ya hayan concluido. Y esa nueva tierra, nos dice Jesús, será heredada por los mansos.Bienaventurados los que tienen hambre sed.

 

#4 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia

6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

L&N
25.17 διψάωb; πεινάωb:to have a strong desire to attain some goal, with the implication of an existing lack—‘to desire strongly.’ In Mt 5:6 the two terms διψάω and πεινάω mutually reinforce the meaning of great desire.

Little Kittel
The primary reference is to those who sadly lack the necessities of life and turn to God in their extremity. They are not beggars but believers who seek help from Jesus. Matthew sees in the turning to God a hungering after righteousness, i.e., a readiness that God’s will should be done.

Es muy probable que el peor enemigo de nuestra vida espiritual sea el conformismo. Una vez alcanzamos un nivel mínimo aceptable de confort espiritual pareciera como si nuestro camino hubiera terminado. Esto aplica tanto a creyentes como a no creyentes.

En el caso del no creyente, es la situación de una persona que vive feliz. Quizás es de esas a quienes Dios ha bendecido, aunque no lo merezcan ni reconozcan, a través de circunstancias en su vida que le han permitido alcanzar cierto nivel de comodidad y de satisfacción personal. No es raro escuchar a personas como estas decir: “yo no necesito a Dios”. Demás está decir lo peligroso de esta situación. Es semejante a la situación de quien tiene una enfermedad grave y mortal pero aún no lo reconoce porque se siente bien.

En el caso de los creyentes es un poco más compleja la situación. Se trata de alcanzar un nivel dado de madurez espiritual. Cuando comparamos nuestro nivel personal de piedad, no es muy difícil encontrar hermanos y hermanas que están, al menos en nuestra opinión, peor que nosotros.

Pero aún sin compararnos con otras personas, ¿cómo saber que estoy al nivel espiritual donde Dios desea que yo esté? Para el cristiano o la cristiana que se mantiene ni cerca ni suficientemente lejos de los contactos espirituales con Dios (oración, lectura de la biblia, congregación, etc.) puede convertirse resistente al redargüir del Espíritu Santo. La ausencia de incomodidad espiritual es entonces interpretaba como indicio de una vida espiritual más o menos aceptable.

Es por eso que esta bienaventuranza es tan importante.

Para que podamos ver esto, primero hay que aclarar una confusión sobre esta bienaventuranza, la del significado de la palabra justicia.

En muchas de las exposiciones en nuestras iglesias, sea en la enseñanza (incluyendo la de los panfletos de la escuela dominical) o en la predicación, hablamos de justicia como el “principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece” (RAE). En otras palabras se dice que el hambre y sed de justicia de las que habla Jesús se refiere a la lucha por aquellos desventajados u oprimidos por el sistema social, económico o político. Por supuesto que esta lucha puedes ser considerada parte de nuestra responsabilidad delante de Dios para con nuestro prójimo, pero para eso tenemos otros versos bíblicos, no esta bienaventuranza.

La confusión nace de que en nuestro idioma el uso común y corriente de la palabra justicia es el que he mencionado antes y que repito: “principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece” RAE).

Según esta definición se es injusto con el obrero que no recibe su salario digno; se es injusto cuando el inocente termina en la cárcel o cuando el corrupto se libra de acusaciones y condenas gracias al dinero o a las influencias que tiene. Estos son actos de injusticia según la definición que hemos dado. Pero no es de lo que trata la bienaventuranza.

Para comprenderla mejor tenemos que ir a la Biblia para examinar lo que los términos justo y justicia significan, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, como explicamos en un estudio anterior. (Pero, tranquilos, que en este caso será mucho más fácil la investigación.)

El concepto de justicia en la Biblia principalmente se refiere a la calidad moral-religiosa de una persona frente a Dios. Por supuesto que ese significado existe en nuestra lengua española también: “Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene” RAE).

En nuestro caso justicia se refiere a la conducta y al rasgo del carácter de una persona que vive honestamente deseando cumplir los mandamientos de Dios expresados en lo que conocemos como la ley de Moisés.

Pero aquí podríamos encontrar el primer escollo. Recordaremos que tanto en el Antiguo Testamento (Salmos 14:1-3) como en el Nuevo Testamento (Rom. 3:10) se establece claramente que “no hay justo ni aun uno”. Sin embargo, y a pesar de esto, vemos que hay personas que son llamadas justas en la Biblia. Incluso hay personas a las que Dios mismo llama justos, como por ejemplo, Noé:

Génesis 7:1 Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.

De modo que aunque es absolutamente imposible cumplir la ley de Dios cabalmente como la misma Biblia lo enseña, las personas que viven sinceramente guiados por ella con el propósito de agradar a Dios a veces son llamados justos en el Antiguo Testamento. Por esto es que la vida correcta, de acuerdo a (guiada por) la ley de Dios se le llama una vida justa y a las personas que así viven se les llama justos. Y esto también en el Nuevo Testamento, por ejemplo José el esposo de María (Mateo 1:19), Zacarías y Elizabeth y Simeón (Lucas 1:17; 2:25) . Aun el propio Pablo, hablando de su condición antes de ser cristiano afirmó que él era intachable “en cuanto a la justicia que la ley exige.” (Fil. 3:6b).

Todo esto para que podamos ver que justicia como se menciona en este verso (“bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”) se refiere a las personas que, aunque por supuesto no perfectas, viven anhelando intensa y sinceramente actuar de acuerdo a lo establecido por Dios en su ley, no como una forma de alcanzar perdón o salvación, sino como una forma de expresar su deseo de agradar al Dios que les ha salvado.

Es lo mismo que sucede en el Nuevo Testamento, aunque quizás no lo hemos visto así. Los cristianos tenemos que cumplir la ley de Moisés porque es la ley de Dios. Como seres humanos nosotros, por nuestras propias fuerzas, no podemos cumplirla a cabalidad como bien nos enseña tanto Gálatas como Romanos. Sin embargo, el Nuevo Pacto anunciado en Jeremías y en Ezequiel no hablan de que la ley sería eliminada, sino de la capacidad sobrenatural de cumplirla gracias al nuevo corazón que Dios pondría en nosotros, lo que en el Nuevo Testamento se le llama Nuevo nacimiento.

Antes de continuar, y deseando evitar malentendidos, resumo lo dicho anteriormente. La palabra justicia en Mateo 5:6 se refiere a la conducta correcta esperada por Dios en su pacto con los israelitas en el Antiguo Testamento y deseada por toda persona que quiere vivir en comunión con Dios, no como una forma de ser salvos, sino como resultado de haber sido salvados.

El contexto del resto del Sermón del Monte, especialmente de las bienaventuranzas, apoya esta interpretación. Hasta aquí hemos visto que cuando la Biblia dice bienaventurados los pobres, bienaventurados los mansos y bienaventurados los que lloran, se describe el carácter de la persona que genuinamente está buscando a Dios, que quiere participar del Reino de Dios y que se sabe sin la capacidad natural de hacerlo y, por lo tanto, descansa en la intervención y acción divinas.

De manera que lo que enseña esta bienaventuranza es que la bendición de Dios, y la felicidad que de ella resulta, será dada a aquellos que saben que la justicia divina (buena conducta de acuerdo a la ley de Dios) no puede ser conseguida sin la ayuda de Dios y que, por lo tanto, expresan con intensidad su anhelo de agradar a Dios como si de hambre o sed intensas se tratara.

Que tiene esto que ver con nosotros? Lo mismo que las otras bienaventuranzas. Quizás que, en nuestra explicación del Evangelio a aquellos que no creen, hablamos como si la conversión a Cristo fuese un trámite superficial. Y lo mismo con aquellos que ya están dentro de una congregación cristiana, y que parecen actuar como si la vida cristiana (y la justicia en conducta que ella conlleva) fuera un compartimento en nuestra vida que podemos practicar en domingos y no el resto de la semana.

Cuando una persona viene a Cristo se supone que lo hace porque ha comprendido que su condición como pecador o pecadora es desesperante y que para tener una correcta relación con Dios le es necesario admitir esta impotencia y lanzarse por la fe en confianza a los brazos del Dios que ha prometido darnos su salvación gratuitamente a través de su Hijo.

Tenemos que reconocer que, como dice Hebreos, esta es una “salvación tan grande”, y que, por lo tanto, es el mayor y más precioso de los regalos y, adicionalmente, que, teniéndolo, deseamos con toda las fuerzas de nuestro corazón vivir honrándolo a través de una conducta intachable de acuerdo a los criterios divinos.

Por supuesto, esto no significa que lleguemos a ser perfectos en esta vida. Pero Dios, que conoce nuestros corazones, sabe si de verdad y genuinamente tenemos en nuestro corazón “hambre y sed” de vivir Como Dios quiere. La ausencia de esta intención, es decir del deseo real y sincero de agradar a Dios, es un indicio de que no se está viviendo la vida cristiana o, sencillamente, de que la tal persona no se ha convertido a Cristo.

¿Significa todo lo dicho anteriormente que al cristiano no le importa la injusticia que se observe en la sociedad? Por supuesto que no, Esto no es lo que quiere decir la Escritura. Para la persona que vive una vida justa como está descrita en la Biblia, la injusticia del hombre contra el hombre le resquebraja el corazón y le mueve a la acción. Aunque este no es el significado principal de esta bienaventuranza, sin lugar a dudas incluye la inconformidad cristiana con el status quo y su disposición a luchar (con el carácter y conducta caracterizado por las bienaventuranzas) contra toda clase de injusticia.

A la misma vez, como cristianos, reconocemos que es imposible solucionar los verdaderos problemas que llevan a la injusticia sea esta social o económica, sin que el corazón de los hombres y mujeres que lideran y gobiernan compartan con Dios los principios de justicia.

No habrá cambio en la sociedad sin cambios en el interior del ser humano; no habrá cambios en el interior del ser humano sin existir cambios en la relación con Dios y no habrá cambios en la relación con Dios, sin hambre y sed de justicia en el corazón.

Pero este tipo de manifestación de justicia lo encontramos en otros pasajes, no en esta bienaventuranza.

Finalizo con algunas citas que más que definir nos ilustran de lo que estamos hablando: la intensidad (hambre y sed) en nuestra búsqueda de una correcta relación con Dios y la buena conducta delante de los hombres que resulta de ella.

Salmos 42:1-2
1 Cual ciervo jadeante en busca del agua,
así te busca, oh Dios, todo mi ser.
2 Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.
¿Cuándo podré presentarme ante Dios?

Salmos 63:1
1 Oh Dios, tú eres mi Dios;
yo te busco intensamente.
Mi alma tiene sed de ti;
todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta.

Salmos 143:6
6 Hacia ti extiendo las manos;
me haces falta, como el agua a la tierra seca.

Isaías 26
7 El camino del justo es rectitud; tú, que eres recto, pesas el camino del justo. 8También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma. 9Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte;

 

#5 Bienaventurados los misericordiosos

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. RV

Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. NVI

La palabra (gr. “eleos”) significa compasión a uno en necesidad o en deuda y sin posibilidad de trato favorable. Podríamos decir que esta es la primera bienaventuranza que trata más sobre la acción del discípulo de Jesús. Aquí se pasa de lo que es puramente un rasgo del carácter, a la acción que debe conllevar el tener dicho rasgo como parte de nuestro carácter.

La palabra misericordia puede confundirse con la palabra gracia pues en ambas se incluye un gesto/acción a quien no lo merece. Pero no son iguales. La distinción entre misericordia y gracia consiste en que la gracia apunta más al perdón del pecado mientras que la misericordia atiende las consecuencias de éste. Así lo expresan un comentarista: “el nombre misericordia siempre se refiere aquello que observamos de dolor, miseria y apuro, estos resultados del pecado. Gracia, por el contrario, siempre trata del pecado y de la culpa mismos. Una extiende alivio, la otra perdón; una sana y ayuda; la otra limpia Y restituye.”

La importancia de la práctica de la misericordia para Dios queda reflejada en las siguiente cita de Oseas, a las que luego hace referencia el mismo Jesús dos veces en el Evangelio de Mateo en otro lugar contexto diferente al de Las Bienaventuranzas.

Oseas 6:6
Lo que pido de ustedes es amor [misericordia] y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos.

Mateo 9:11-13
Cuando los fariseos vieron esto, les preguntaron a sus discípulos:
—¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con pecadores?
12 Al oír esto, Jesús les contestó:
—No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. 13 Pero vayan y aprendan qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios.”j Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores.

Mateo 12:7
Si ustedes supieran qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”,u no condenarían a los que no son culpables.

En esta situación los fariseos, escandalizados porque los discípulos de Jesús tomaron espigas de trigo, les acusan de pecado.

Sin lugar a dudas captamos mejor el significado de la palabra misericordia considerando los siguientes versos.

Bartimeo (Mr. 10:4—7) pide misericordia:
¡Jesús, Hijo de David, ten compasión [misericordia] de mí!

El Buen Samaritano de la parábola (Luc. 10:25-37) practicó la misericordia con su prójimo.

En Judas 21-23 – Se refiere a los hermanos extraviados totalmente, en pecado o herejía, que necesitan de nuestra misericordia.
22 Tengan compasión [misericordia] de los que dudan; 23 a otros, sálvenlos arrebatándolos del fuego. Compadézcanse [tengan misericordia] de los demás

En la parábola de los dos deudores (Mat. 18:21-35) podemos observar mejor la misericordia, o en este caso, la ausencia de ella.
La parábola trata de cómo una inmensa deuda es perdonada totalmente a un hombre, y éste, a su vez, no perdona la deuda a alguien que le debe una cantidad ínfima de dinero. Habiendo recibido la misericordia del rey de la parábola se esperaba que a su vez la practicara con otros.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. RV

¿Será que se puede ganar la misericordia de Dios practicando nosotros la misericordia? ¿Podemos ganar el favor de Dios siendo buenos con nuestros semejantes?

Por supuesto que no. Eso no es lo que enseña la bienaventuranza. Igual que con el perdón, la misericordia es practicada por aquellos que se saben receptores de la misericordia divina. Eso sí, igual que en la parábola de los dos deudores, la ausencia de misericordia o perdón practicado hacia otra persona, es evidencia de no haberlos recibido anteriormente.

 

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20 junio al 4 julio 2016

2 Comments

  1. Cami says:

    Que sempuede practicar de las bienaventuranzas

    • José R. Martínez says:

      Saludos. Como explicamos en la serie, las bienaventuranzas reflejan la ética del Reino de Dios, por lo que aquellos que nos llamamos cristianos debemos vivir de acuerdo a aquellos principios. Esta forma de vivir resulta por un lado de la obra del Espíritu Santo en nosotros y, por otro, de nuestro deseo de vivir obedeciendo a nuestro Señor.

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