RESUMEN

Sofonías y Hageo, a pesar de haber vivido con cien años de separación, fueron profetas de un tiempo muy importante en la historia de Israel, el “tiempo pos exílico” que incluye el regreso del pueblo a su tierra y la reconstrucción del templo.

Además del obvio contenido de historia bíblica tenemos aquí la exhortación de Dios a un pueblo dejado y desanimado. Esto es parte del mensaje de Sofonías y de Hageo para nosotros hoy cuando nos sentimos impotentes e incapaces para realizar las tareas que Dios nos ha puesto por delante.

Así comienza el libro del profeta Sofonías

1:1 Ésta es la palabra del Señor, que vino a Sofonías…

Su nombre significa “escondido o protegido de Dios”. Todo parece indicar que vivió en Jerusalén (1:4,10-11). Sabemos con bastante seguridad que Sofonías profetizó al final del S. VII, entre Isaías y Jeremías. Después de unos cincuenta años de silencio profético a este hombre se le encargó anunciar la Palabra de Dios. Su ministerio coincidió con el del reinado de Josías (639-609), probablemente hasta el tiempo antes de su reforma (622).

Era un tiempo difícil. Los asirios dominaban sobre Palestina. Peor aún, al buen gobierno de Ezequías había seguido su malvado e idólatra hijo Manasés, quizás el peor rey que tuvo Judá.

El libro presenta una fácil estructura. Primero, la parte más extensa del libro, se dedica a diversas manifestaciones de juicio contra Jerusalén y también contra las naciones vecinas. La segunda sección, más breve que la primera (3:9-20) y con la que el libro termina, es un anuncio de esperanza de restauración para el “remanente” (3:7; cf con 1:4; 2:7,9).

Como otros de los profetas, su mensaje era doble: Juicio y restauración; ira y esperanza. El juicio inminente es anunciado por Sofonías (1:2-3:7) sobre las naciones vecinas de Judá (Filistea, Etiopía, Amón, Moab y Asiria; 2:4-15) así como para la propia Jerusalén (3:1-7). En este juicio se materializa el tema principal de este libro: La ira de Dios: “El día de Jehová.” Estas acciones de Dios representan no una vindicación de la nación sino del propio Dios (1:18; 2:4-15). La nota de esperanza, como siempre, está presente (3:8-20). El remanente es nuevamente mencionado (2:7; 3:12-17).

1:1-18 Día de la ira de Dios: Judá
2:1-15 Día de la ira de Dios: Naciones
3:1-8 Día de la ira de Dios: Jerusalén.
3:9-20 Día de restauración.

9 »Purificaré los labios de los pueblos
para que todos invoquen el nombre del Señor
y le sirvan de común acuerdo.
10 Desde más allá de los ríos de Cus
me traerán ofrendas
mis adoradores, mi pueblo disperso.

En este tiempo, los habitantes de Jerusalén serán sustituidos por un grupo pequeño (“remanente”) humilde y pobre pero que confiará en Jehová. Será un pueblo renovado en su ética (13), librado de enemigos (15) y al que se unirán los anteriormente “fastidiados” (18).

Ante todo, será un pueblo restaurado y curado por Dios (19 y 20) al que se le llama al gozo (14). Pero de todas las cosas, la mayor y la mejor lo es que “Jehová está en medio” de ellos… (17)