¿Todo obra para bien?

Los cristianos solemos ver en Romanos 8:28 el equivalente bíblico de la popular frase “no hay mal que por bien no venga.” Estamos acostumbrados, me parece, a leer la Biblia para encontrar la “promesas” que Dios tiene para nosotros. Parece que se no olvida que, en la vida del Evangelio, el Señor es e centro, ¡no nosotros!

Romanos 8:28 Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.

Sin embargo, la perspectiva de este verso bíblico es significativamente diferente a la idea generalmente aceptada de que, al final, las cosas que nos sucedan nos proporcionarán algún tipo de beneficio personal.

El beneficio “garantizado” mencionado en este pasaje es el crecimiento a la imagen de Jesucristo. De modo que no se trata de que cada situación de dificultad y dolor tenga como resultado para nosotros otra cosa que no sea una oportunidad para nuestro crecimiento espiritual y la extensión del Reino de Dios.

Adicionalmente tenemos que preguntarnos (hablando de promesas de Dios): ¿es esta promesa para toda persona? ¿Para todo creyente? ¿Para mí?

El pasaje nos contesta pues establece dos condiciones para que así sea. Esta promesa es para “los llamados” y a los que “aman a Dios”.

 

“Todo obra para bien”. ¡Cierto! Pero sólo cuando:

1. Somos de Dios.

2. Amamos a Dios.

 

1. Somos de Dios.

a. Conoció

b. Predestinó

c. Llamó

d. Justificó

e. Glorificó

Independientemente de cuál sea nuestra posición en cuanto a la doctrina calvinista de la “elección incondicional”, es maravillosamente cierto que nuestro Dios nos conoce y elige desde antes de la fundación del mundo. Adicional a esto somos gente que ha respondido a su llamado. Hemos sido justificados y, en un sentido escatológico (futuro) también glorificados.

 

2. Amamos a Dios

Es muy raro encontrar a una persona que diga que NO ama a Dios.

Si confundidos estamos sobre la figura de la divinidad también estamos confundidos sobre lo que significa amar a Dios. Trasladamos a Dios nuestro concepto superficial del amor como un sentimiento y nos equivocamos. Algunos versos bíblicos nos pueden ayudar a ver la extensión del significado de amar a Dios.

Mat 10:37-38 – “El que ama a padre o a madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

Juan 14.21 – El que tiene mis mandamientos y los guarda, él es quien me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.

Efe. 6:24 – La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.

El ejemplo de Pablo, años después en la cárcel romana escribiéndole a los filipenses, es una perfecta ilustración de este principio. Los comentarios del Apóstol tiene que ver con gente en Roma, donde Pablo está preso.

Fil. 1:14 Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. 15 Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. 16 Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; 

Personalmente, Pablo no resultó beneficiado en manera alguna por la actitud pecaminosa de los predicadores anónimos en Roma. Antes al contrario. La conducta de ellos había sido pensada para agraviar al Apóstol y podemos pensar que en alguna medida logró su objetivo.

Sin embargo Pablo ve lo positivo en su triste situación (tanto su encarcelamiento como la conducta de sus adversarios) no en beneficios para él sino en la extensión del Reino y en la proclamación del Evangelio.

Él habla de esta manera sobre su precaria situación: “han redundado más bien para el progreso del evangelio” (12); “mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio” (13); los hermanos “se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor” (14) y “Cristo es anunciado…” (18).

 

“Todo obra para bien”. ¡Cierto! Pero sólo cuando:

El “todo obra para bien”, no necesariamente se refiere a nuestro bien. Mas bien se refiere a la obra de Dios, a la extensión de Su Reino.

 

Cierto que nuestro Amado Señor puede sacar bendiciones de la más triste de nuestras experiencias. Pero estas bendiciones suelen ser en nuestro crecimiento espiritual. Por eso el verso que sigue inmediatamente al 8:28, habla de cuál es el objetivo divino con nosotros:

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Ro. 8:29) 

A Dios le interesa más nuestra santidad que nuestra comodidad. Como escribió el Dr. ML Jones: “A Dios le interesa más nuestra santidad que nuestra felicidad.”

 

 

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