RESUMEN

 

Tenemos que decirlo de entrada: el libro del profeta Zacarías es un libro especial o, mejor aun, raro. Por un lado su importancia se aprecia en que es citado o aludido unas 71 veces en el Nuevo Testamento. Por el otro el contenido de su segunda parte hizo que Jerónimo, el traductor de la Biblia al latín del siglo IV (la Vulgata) lo llamara “el más oscuro de los libros”.

Zacarías es el penúltimo de los Profetas Menores. Profetizó junto al profeta Hageo en la difícil etapa inicial del regreso del exilio en Babilonia y de la reconstrucción de Jerusalén.

Pero su libro es muy diferente al de Hageo, y seguramente a cualquiera otro libro de los Profetas Menores. Alguien podría decir que, al menos su segunda parte, es un libro muy raro. Tanto así que Jerónimo, el escritor de la Biblia al latín del siglo IV (la Vulgata) lo llamó “el más oscuro de los libros”.

A pesar de esto es obvia su influencia sobre los escritores del Nuevo Testamento ya que lo citan o aluden unas 71 veces! (la tercera parte en los Evangelios y el resto en Apocalipsis).

Zacarías, cuyo nombre significa: “Aquel a quien Jehová recuerda”, fue contemporáneo de Hageo y, por lo tanto, otro de los profetas del post-exilio. Compartió con Hageo su preocupación por la reconstrucción del Templo, teniendo su ministerio una gran influencia en este trabajo como podemos leer en Esdras (Esd. 5:1; 6:14). 

Zacarías seguramente nació en los últimos años del cautiverio babilonio. Su ministerio comenzó alrededor del año 520 AC. Desde el regreso de los primeros exilados en el año 538 AC, los esfuerzos por reconstruir el Templo habían sido infructuosos. Sólo se había logrado poner el fundamento (Esd 3:8-10; Zac. 1:16).  Tampoco había sacerdotes que ministraran en el recién reconstruido altar (Esd. 3:2,3; Zac. 3:3).

Para cuando Zacarías (y Hageo) aparece en escena, el tiempo no parecía ser el propicio para reconstruir. La pobreza abundaba así como las sequías y las pobres cosechas. Los pobres (la mayoría) estaban desanimados y los ricos (pocos) no tenían interés.

Zacarías continuó lo que Hageo comenzó. Y tuvieron éxito. Para el año 516 el Templo estaba reconstruido (Esd. 6:14,15).

El libro está dividido en dos partes con estilos y temas muy diferentes. La primera (Caps. 1-8), escrita en prosa, contiene profecías fechadas y su contenido es más bien histórico. El tema central es la restauración de Jerusalén aunque a veces no se distingue si habla de su tiempo o del futuro escatológico. La restauración es obrada por el Espíritu de Dios.  

En la segunda (Caps. 9-14), escrita parcialmente en poesía,  las profecías carecen de identificación en el tiempo y su carácter es más escatológico. Esta parte se compone de dos oráculos (9:1 y 12:1) y como podremos apreciar al examinar el texto bíblico, podría definirse como dentro del género apocalíptico. Esta sección es difícil de entender.

Reconstruir el Templo de Dios es una prioridad. El proceso de reconstrucción trasciende los intereses puramente políticos, sociales o nacionales para entrar en el campo de la vida espiritual. Por lo mismo es una tarea que sólo se podrá llevar a cabo con la capacitación del Espíritu de Dios.

El texto bíblico 

1:1-6  Llamado al arrepentimiento: “Volveos a mí.”

1:7 – 6:8 Primera parte: 8 Visiones de ánimo

1:7-17 Caballos.

2 Plomada

3 Ropas de Josué. La restauración continúa y ahora 

corresponde a la vida espiritual del pueblo. Josué, el sacerdote seguramente representando la condición espiritual del pueblo, aparece como un tizón a medio quemar (medio consumido) y con ropas sucias y viles. Éstas le son quitadas por orden de Dios y la oportunidad de una nueva etapa se abre para Judá. La escena es tan misteriosa como poderosa.

4 Candelabro. Reconstrucción por el Espíritu de Dios.

5:1-4 Rollo volador y Mujer dentro de un envase (efa).

6:1-8 Caballos y carros.

6:9-15 Coronación de Josué

Los Capítulos 7 y 8 nos dan un vistazo-resumen a algunos de los temas tratados por Zacarías en sus proclamas públicas.

7: 1-7 Se plantea la pregunta: “¿Seguimos ayunando?”  

7:8-14 En ella se hace referencia a la dureza de corazón (“como diamante”) ante la palabra de Dios anunciada por los profetas de antaño.

8: 1-23  Promesas de restauración.

Este capítulo, con el que finaliza la primera parte del libro, es hermoso y, sin duda, lleno de esperanza para Israel.

Restauración de Jerusalén (1-8). 

Restauración de la tierra (9-12).

Restauración de la bendición (13-23).

9-11 Segunda parte: Oráculos. Primer Oráculo

Comienza la segunda parte del libro y con ella algo de confusión. Como ya había adelantado, esta sección contiene elementos claramente apocalípticos que no siempre son fáciles de interpretar. 

9: 1-8 Destrucción de los enemigos de Israel.

10: 1-12  Ovejas y Pastor.

11:1-14 Rechazo al Buen pastor.

12-14 Segundo oráculo… “En aquel día…”

Lo que ya hemos identificado como uno nota apocalíptica en Zacarías, resurge con fuerza en los capítulos finales. Las figuras parecen indicar una rebelión final contra Dios en la que, al menos por un tiempo, incluso el pueblo de Judá participa. A esta guerra centrada en Jerusalén le sigue una restauración.

12:1-14 Liberación de Jerusalén.

La liberación de Judá será completa, así como la destrucción de las naciones enemigas. Pero en lugar de alegría hay lamento por la herida de alguien (herido en batalla?, ajusticiado?) que ha sido traspasado y por quien se lamentará todo el pueblo.

13:1-9 Restauración espiritual. 

La restauración que comenzó en el capítulo anterior (“derramaré… espíritu de gracia de oración…”, 12:10) continúa su proceso. Los males históricos del pueblo (idolatría y falsos profetas) son quitados, sea por ajusticiamiento o voluntariamente.

Sorpresivamente, reaparece la figura del Pastor. Esta vez está herido (¿era él el de 12:10?) en las manos (13:6) y sus ovejas han sido dispersadas. Nuevamente tenemos a Jesús, su arresto y sus heridas.

14:1-21 Otra batalla (¿nueva?) es descrita.

Pero hay algo de determinante en ella. Elementos que nos indican que esta es la batalla. Es una guerra contra Jerusalén.

Elementos apocalípticos “finales” nos indican que lo que se describe aquí muy bien podría ser lo que llamamos “el fin,”  o, al menos, el establecimiento del reino terrenal de Dios en Cristo. Por ejemplo:

Viene Jehová “con sus santos” (5)

Señales cósmicas (6-7)

“Rey sobre toda la tierra… Uno su nombre…” (9)

“No habrá más maldición…” (11)

De manera que, igual que el libro de Apocalipsis, luego de imágenes, símbolos y guerras, a través de el profeta Zacarías nos llega  el recordatorio de que, al final, el Reino de Dios será establecido. El pecado, la enfermedad y la muerte desaparecerán para siempre. ¡Aleluya!